
No sé si habrán tenido ocasión ustedes de ver El imaginario del Dr. Parnassus, una película de corte fantástico protagonizada por el malogrado Heath Ledger. Para aquéllos que no hayan tenido ocasión de verla les resumo de forma sucinta el argumento: el Dr. Parnassus es un jugador empedernido que, siglos atrás, gana la inmortalidad en una apuesta contra el Demonio. Siglos más tarde, al conocer a su amor verdadero, comercia de nuevo su inmortalidad por su juventud, con la condición de que al alcanzar su hija los 16 años sería propiedad de Belcebú.
Llegando el tiempo de cumplir el trato, de nuevo el Dr. Parnassus renegocia el acuerdo. Se quedará con su hija Valentina el que consiga antes seducir a cinco almas. En su viaje contra el tiempo, recluta a una serie de personajes con los que acuerda entregar la mano de su hija a aquél que le ayude a cumplir el objetivo. Todo este conjunto forma parte de un show itinerante muy especial, donde los espectadores pueden elegir entre la luz y la alegría o la oscuridad y la tristeza, guiados por la capacidad del Dr. Parnassus para conducir los sueños de los demás.
Pues bien, al margen del comentario cinematográfico, éste viene a colación de las similitudes de esta historia con la que está protagonizando nuestro presidente, metido en una carrera contra el tiempo, sabiendo que al final del camino se encuentra el riesgo de la quiebra de España, mientras va ganando tiempo y renegociando con todos los demonios que lo acosan (UE, FMI, prensa, agentes sociales, empresas, ciudadanos...).
Como el Dr. Parnassus, su principal arma ha sido y será su capacidad para el regate en corto y la puesta en valor del puro humo, si bien en esta ocasión la actuación del show itinerante en China no ha sido de gusto del público. Si a esto unimos los desafortunados símiles navales, debemos de concluir que no es de extrañar que España vaya a toda máquina en medio de la niebla, camino de su encuentro con un iceberg, puesto que el Gran Timonel y la tripulación ya no saben ni dónde tienen la mano izquierda.
Del espectáculo circense protagonizado en China, se extraen inquietantes conclusiones:
1. Si el interés por parte de China era real, y no un conjunto de declaraciones propias de la diplomacia de este tipo de actos, con esta salida en tromba se ha perdido toda posibilidad.
2. La entrada de capital chino en el sistema financiero español, así como en la cartera industrial y las infraestructuras, debería de ser objeto de análisis con lupa. Son muchos años de intentos por parte de China para obtener una puerta trasera con la que acceder a Occidente, intentos que hasta ahora han sido frenados por todos los países. No olvidemos que China es una dictadura comunista que pisotea los derechos humanos y no se caracteriza, precisamente, por su transparencia ni por su respeto de la legislación sobre patentes.
3. El Dr. Zapatero debería de saber, o sus asesores deberían de enseñárselo, que los acuerdos bilaterales con contrapartida industrial se negocian en silencio, a veces durante años, y que se hacen públicos el día de la firma. Meter a la opinión pública de por medio es el mejor camino para activar los benchmark de los competidores, convertir la negociación en un circo y provocar la salida pies en polvorosa de la otra parte.
4. En cuarto lugar, pero no por ello menos importante, queda la posibilidad de que Moncloa esté tan desesperada por comunicar algo que sea positivo que se echaron al monte filtrando una pura declaración de buenas intenciones, dañando de paso las relaciones futuras con otro país que ya de por sí es complicado de tratar.
Aprovechando esta Semana Santa, y dado que al Dr. Zapatero es poco probable que lo veamos por las procesiones, o como penitente, le invito al recogimiento y la reflexión, en especial de los siguientes aspectos:
Dicho esto, sólo me queda desearle a nuestro director de circo una Semana Santa de reflexión, que le viene bien para centrarse, porque da la impresión de que no es muy consciente de lo que nos estamos jugando en estas semanas y meses por venir.
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