5
Déficit

Sobre la suspensión de pagos de EEUU

Juan Ramón Rallo

&quote&quoteObama y Bernanke están jugando con fuego. A la muy zapaterina manera, no se están tomando en serio los riesgos a los que se enfrenta la mayor economía del planeta. Uno gasta y gasta porque el otro imprime e imprime.

La tienda de LD

Comenzamos la semana con la intolerable insubordinación de esa agencia de rating llamada S&P al advertir sobre la posibilidad de arrebatarle la triple A al Gobierno estadounidense: ya saben, una parte del oligopolio privado de las agencias de calificación amenazando a quien ha creado y sustenta ese oligopolio privado. Enternecedor.

Con todo, más allá de este apaño para guardar las apariencias, EEUU debería haber perdido la máxima calificación crediticia hace mucho. No ya porque su deuda pública supere el 80% del PIB, no ya porque su déficit público ronde el 10% del PIB, sino porque de momento no hay ningún plan creíble para reducir el abultadísimo déficit público futuro derivado de su "gasto social" (sí, en los turboliberales EEUU hay tanto de eso como para abocarlos al impago). Bill Gross, el mayor gestor de renta fija del mundo, ya se ha puesto corto en la deuda pública estadounidense, señal de que pintan bastos a menos que la Reserva Federal lo evite.

Y es que, de hecho, ahí se encuentra la madre del cordero. A punto de concluir el Quantitative Easing 2 –el programa por el que la Fed ha adquirido prácticamente toda la deuda pública emitida en los últimos meses–, ¿qué hará Bernanke? ¿Continuará monetizando más deuda pública para que Obama siga despilfarrando a placer en lugar de ajustar sus cuentas o, en cambio, cerrará el grifo permitiendo que los tipos de interés se disparen?

Técnicamente, el Gobierno de Estados Unidos, siempre que tenga detrás a la Reserva Federal, no puede suspender pagos. Si se les acaba el dinero, basta con que lo pinten. Disponen de un monopolio monetario controlado por el Gobierno (¡vaya si es un monopolio!) que les concede autonomía monetaria, es decir, autonomía para destruir la moneda.

Pero no se confundan. Recurrir a la inflación para no impagar la deuda es impagar la deuda, pues se devuelve una moneda de menor valor que aquella que se prestó (al acreedor le da igual que le devuelvan un 30% menos de dólares que el 100% de unos dólares con un 30% menos de valor). Se dice que Estados Unidos nunca ha suspendido pagos, pero obviamente sí lo hizo: cuando Nixon abandonó Bretton-Woods, los bancos centrales extranjeros se quedaron sin el oro al que daban derecho los dólares que tenían en sus saldos de tesorería. Es una lección muy sencilla de la que los argentinos son unos maestros: redefine la unidad monetaria hasta que puedas devolver el importe nominal al que te comprometiste.

Claro que los riesgos de esta política deshonrosa (si no puedes pagar, admítelo, pero no te cargues la divisa) son bastante elevados. Las dinámicas inflacionistas a tan alto nivel, una vez desatadas, son muy difíciles de controlar. Nada tienen que ver con la inflación de tipo crediticio que hemos vivido en los últimos 50 años: no son una inflación que nace de crear demasiado crédito sino una inflación que estalla por diluir la moneda para destruir demasiado crédito.

De momento, el mercado sólo está penalizando ligeramente al dólar porque piensa que la deuda pública monetizada por Bernanke terminará pagándose a través de los ingresos tributarios del Gobierno estadounidense. Todo cambia, sin embargo, si los operadores de mercado y los tenedores de dólares llegan a la convicción de que el Gobierno sólo amortizará la deuda pública de la Fed a través de los dólares que consiga monetizando nueva deuda pública.

Ése sería un punto hiperinflacionista de muy difícil retorno, porque significaría la descapitalización completa del banco central: los activos de deuda pública de la Fed estarían formalmente impagados en la medida en que sólo podrían atenderse a través de un mayor endeudamiento (de una mayor monetización de dólares) por parte de la misma Fed. Básicamente, el dólar se convertiría en un fraude piramidal como el de Madoff del que los inversores saldrían en desbandada.

Por eso Obama y Bernanke están jugando con fuego. A la muy zapaterina manera, no se están tomando en serio los riesgos a los que se enfrenta la mayor economía del planeta. Uno gasta y gasta porque el otro imprime e imprime. Que luego no nos vendan que eso también es culpa del libre mercado.

Juan Ramón Rallo es jefe de opinión de Libertad Digital, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y de ISEAD. Ha escrito, junto con Carlos Rodríguez Braun, el libro Una crisis y cinco errores, galardonado con el Premio Libre Empresa 2010. Puede seguirlo en Twitter o en su página web personal.

Comente este artículo

La Tienda de Libertad Digital La tienda de Libertad Digital Novedades Para ella Para él Vida y Hogar Salud Las tazas de esRadio Reloj espía sumergible Reloj espía de mesa Funda Cargadora para iPad

También en Libre Mercado

el temido efecto dominó

Goldman Sachs advierte: la caída de Atenas tumbará a la banca griega

Goldman analiza el impacto de la quiebra de Grecia, Irlanda y Portugal en la banca europea. Estima unas pérdidas totales de 76.000 millones.
COBRAN A LOS DESPEDIDOS

CCOO y UGT se enriquecen con cada trabajador despedido en un ERE

El Economista desvela hoy cómo las centrales sindicales se enriquecen en la crisis con los despidos. Hasta 300.000 euros en cada ERE.
Bloqueo de camioneros

China registra las primeras protestas graves en contra del aumento de precios

La subida de los precios de los carburantes y los bajos sueldos han llevado a centenares de camioneros chinos a manifestarse en la calle.

Lo más popular

Copyright Libertad Digital S.A.
C/ Juan Esplandiú, 13
28007 Madrid
Tel: 91 409 4766
Fax: 91 409 4899