Reforma laboral

ZP se dispone ahora a gobernar

Tras anunciar la patronal y los sindicatos que dan por rotas sus conversaciones para reformar los convenios colectivos, podría decir que "una cosa es la prudencia y otra la irresolución. El Gobierno tiene la obligación de gobernar, y no puede abdicar de sus responsabilidades por el hecho de que los agentes sociales no lleguen a un acuerdo o éste sea claramente insuficiente". El problema es que este comentario no sería muy original por mi parte, pues no deja de ser copia literal de lo que ya decía este periódico en junio del año 2008, en una editorial que, ya entonces, llevaba por título La afonía del diálogo social.

Ahora, después de una legislatura perdida con el cacareado diálogo social, Zapatero nos quiere hacer creer que la reforma se llevará a cabo el próximo día 10 de junio, con o sin acuerdo de los agentes sociales. A buenas horas mangas verdes. Pero, ¿qué reforma cabe esperar ya de este gobernante en funciones que no quiere ni puede hacer ya nada que no sea una farsa con la que justificar su oposición a dejar el cargo? Si de verdad Zapatero pretendiese acabar con ese lastre que suponen los convenios colectivos para la contratación y la competitividad de nuestras empresas, ya habría incluido su erradicación en ese simulacro con el que hace un año nos quiso convencer –a nosotros y, sobre todo, a nuestros indignados socios europeos– de que ya había hecho la reforma que, desde hace años, pide a gritos nuestro mercado laboral.

A estas alturas, sin embargo, la única determinación que cabe esperar de Zapatero es la de esos muertos vivientes que se resisten a irse a la tumba: si el diálogo social ha sido su excusa para no tener que gobernar, su tardía e increíble determinación post mortem no es más que la excusa para no tener que dejar el Gobierno. Convocar elecciones anticipadas sería la única auténtica asunción de responsabilidades que cabe exigir ya a este Ejecutivo, pero que Zapatero no asumirá como no asumió las que le correspondían en los tiempos en los que aun podía gobernar.