El balance

"Karl Marx tenía razón"

Durante estos cuatro largos años de crisis internacional hemos denunciado de forma insistente la implementación de auténticas atrocidades económicas, tales como la reducción de los tipos de interés hasta mínimos históricos, el rescate masivo e indiscriminado de empresas y bancos, planes de estímulo (aumento del gasto público), subidas de impuestos o la monetización de deuda por parte de la banca central (Quantitative Easing), entre otras muchas medidas igualmente condenables.

Su resultado salta a la vista: el riesgo de recesión regresa con fuerza y la insolvencia de ciertos estados es ya más que patente. No es preciso ser un lince para percatarse del fracaso obtenido con este tipo de medidas, avaladas en su mayoría por los grandes gurús de la economía mundial. Sin embargo, políticos y académicos no cejan en su empeño e insisten, una vez más, en repetir los mismos errores.

Nouriel Roubini, profesor de Económicas en la Universidad de Nueva York, alcanzó fama y fortuna por avanzar el estallido de la crisis financiera de 2008. Desde entonces se dedica a impartir conferencias por medio mundo, previo pago, convirtiéndose en un referente mediático cuyas opiniones son tenidas muy en cuenta por los políticos. Pero pocos se acuerdan de que este particular profeta predijo 48 de las cuatro últimas recesiones, es decir, que sus previsiones han fallado más que una escopeta de feria.

Por si fuera poco, ha defendido a capa y espada la nacionalización de la banca y el tradicional recetario keynesiano aplicado durante estos años. Ahora, ante el riesgo de recaída, vuelve a recomendar lo mismo: "estímulos fiscales adicionales", "impuestos más progresivos", nuevas inyecciones monetarias, condonación de deuda a empresas y familias y una regulación financiera "más estricta".

En definitiva, más socialismo y menos libre mercado. De hecho, Roubini se quita la careta en su último artículo. Atención: "Karl Marx tenía parte de razón cuando decía que la globalización, la intermediación financiera sin control y la redistribución de la renta y riqueza desde el trabajo al capital podría conducir al capitalismo a su autodestrucción". Y sentencia: "Tenemos que restaurar un equilibrio entre los mercados y la provisión de bienes públicos". Éste es el admirado Roubini, un cuasi marxista confeso.

Su colega Paul Krugman, Nobel de Economía y asesor de Zapatero y Obama –entre otros gobiernos–, no se queda atrás. Su último artículo resume su esencia teórica: "más gasto gubernamental; reducir la deuda familiar mediante la condonación y la refinanciación de las hipotecas; y un esfuerzo por parte de la Reserva Federal [...] con el objetivo intencionado de generar más inflación a fin de aliviar los problemas de endeudamiento".

Krugman, el economista que recomendó a Greenspan crear una gran burbuja inmobiliaria en 2001 para superar la crisis puntocom. Krugman, el iluminado que junto a Mankiw (otro referente mundial a nivel académico) propuso generar una elevada inflación mediante la eliminación de dólares por sorteo. Krugman, el virtuoso que ahora defiende una invasión alienígena en EEUU –es decir, una tercera guerra mundial– para reactivar la economía... Éste es Krugman, el economista predilecto de los socialistas.

Y qué decir del reconocido Kenneth Rogoff, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) y profesor de Políticas Públicas en la prestigiosa Harvard. Un analista de diagnósticos más o menos certeros, pero de recetas igualmente nefastas. Y es que Rogoff tiene muy clara la solución a aplicar: una "inflación moderada" de hasta el 6% "durante varios años".

Aunque él mismo explica que, "por supuesto, la inflación es una transferencia injusta y arbitraria de ingresos desde los ahorradores a los deudores [...], al fin y al cabo, esta transferencia es el enfoque más directo para una recuperación más rápida [...] Estos son periodos en las que los bancos centrales necesitan gastar parte de la credibilidad que acumulan en tiempos normales", concluye sin rubor. Así pues, Rogoff defiende abiertamente el envilecimiento de la moneda, sin importarle lo más mínimo sus terribles consecuencias ni que paguen justos por pecadores.

Roubini, Krugman y Rogoff, tres claros ejemplos de cómo opera el mainstream académico y de por qué aún estamos como estamos. ¡Enhorabuena, sus eminencias! ¡Enhorabuena!

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