DEFIENDE LAS QUIEBRAS BANCARIAS

El analista jefe del Deutsche Bank: "Soy Austríaco en economía"

Thomas Mayer, uno de los analistas financieros más prestigioso del mundo, abraza la Escuela Austríaca de Economía y reniega del keynesianismo.

Ángel Martín / José Abad

La peor crisis económica y financiera de la Gran Depresión ha generado mucha discusión entre los economistas teóricos y analistas financieros. ¿Cómo ha podido suceder? ¿Acaso no estaban las autoridades y gestores equipados con el mejor armamento técnico-teórico para evitar una crisis como ésta? La respuesta parece ser que no.

El viernes, el economista jefe del Grupo Deutsche Bank Thomas Mayer, uno de los más reputados economistas del sector financiero a nivel mundial, ha sorprendido con una nota en la que declara ser "un Austríaco en economía". Así se adhiere -aunque con matices- a la explicación que los teóricos de la Escuela Austríaca, como Jesús Huerta de Soto, ofrecen a los ciclos recurrentes de expansión y depresión en general, y a la Gran Recesión en particular.

Frente a la muy extendida tesis que culpa al libre mercado de los acontecimientos de los últimos años y exige una regulación más severa, Mayer opina justo lo contrario: "Tanto el análisis en el que esta visión se mantiene como las recomendaciones de política son erróneos". Sentencia que "la crisis ha sido causada por una confianza excesiva en la efectividad de la planificación económica y financiera", y va más allá diciendo que debemos reconocer "la superioridad de un orden económico liberal de mercado, donde los estados, las empresas y los individuos se hagan responsables de sus decisiones financieras".

Sus críticas a la macroeconomía moderna convencional, la que se enseña en las universidades -pequeñas y grandes, europeas y americanas-, no dejan títere con cabeza: tanto keynesianos como monetaristas salen mal parados. Su crítica básica consiste en que ambas corrientes de pensamiento han exhibido una excesiva confianza en la capacidad de las autoridades y agentes económicos en prever el futuro -que es radicalmente incierto- y en la "ilusión del control", es decir, de que los riesgos a los que se enfrentaban eran conocidos y estaban controlados. Ésta también es una crítica compartida por el autor Nassim Nicholas Taleb en su libro "El Cisne Negro".

Los culpables de la Gran Recesión

Según Mayer, esta creencia general y su manifestación en la excesiva confianza de economistas y agentes económicos en el poder de los bancos centrales para manejar a su antojo la economía ha sido un factor crucial que ha permitido la Gran Recesión, al pervertir las prácticas de prudencia financiera de gestión del riesgo y la deuda.

Teorías basadas en estas ideas generaron productos altamente peligrosos y una nefasta gestión de las entidades financieras que las llevó a asumir niveles de apalancamiento del todo insostenibles. Sin embargo, esta "ilusión de control" de autoridades y bancos acabó explotándoles en sus propias manos, cual bomba de relojería. Así, sostiene Mayer que las teorías se han manifestado peligrosas e inadecuadas para el mundo real.

En el artículo, Mayer reclama cambios fundamentales en la regulación financiera, abogando por incrementar la capitalización estructural y el nivel de reservas y liquidez de las entidades financieras, reducir la capacidad de endeudamiento de las mismas y minimizar el "riesgo moral" mediante el diseño (e implementación) de mecanismos de resolución que permitan la quiebra ordenada de las mismas sin necesidad de acudir al sufrido contribuyente.

Aboga por las quiebras bancarias

El mensaje no deja lugar a dudas. Thomas Mayer, quien es, dentro del sector privado, uno de los economistas más influyentes del mundo, le está diciendo al paradigma académico dominante: "Señores, no se empeñen, sus trabajos no nos ayudan a entender la realidad; es más, dado el impacto que sus ideas han llegado a tener sobre el diseño institucional de la política económica -muy especialmente en lo que a política monetaria respecta- sus teorías son también dañinas."

El artículo es extremadamente revelador no sólo por su contenido sino, sobre todo, por quién lo escribe. Mayer no es un académico criticando la teoría de un académico competidor en defensa de la suya propia, sino que es un consumidor insatisfecho de la teoría dominante, y ésta es su hoja de reclamaciones.

Y es que son muchos los casos de economistas que, cansados de la incapacidad de la teoría macroeconómica moderna para dar respuesta a la realidad cambiante, han abandonado posiciones en departamentos de Economía en universidades de reconocido prestigio para dedicarse a la práctica profesional. Al final, la práctica profesional es la única salida que le queda a todos aquellos que discrepan del paradigma neoclásico dominante; un paradigma que, a modo de "pensamiento único", ha copado los principales departamentos de economía y publicaciones científicas del mundo.

Con todo lo que ha caído encima, sin embargo, la profesión económica parece no haber aprendido de los errores, critica Mayer. Cosa que, por otra parte, no es en absoluto nueva. Tal y como analiza en la nota, las lecciones que se aprendieron en la Gran Depresión y en la estanflación de los años 70 no fueron en la dirección correcta. En el primer caso, tras los años 30 la corriente mayoritaria pasó a confiar en los gobiernos como forma de solucionar las crisis económicas, vía el gasto público (keynesianismo).

Cuando este paradigma entró en declive, debido al periodo de estanflación, la irracional y desencaminada confianza para manipular la economía se trasladó de los gobiernos y la política fiscal a los bancos centrales y la política monetaria (monetarismo). Mismo perro con distinto collar, viene a decir el economista jefe de Deutsche Bank.

La "gran ilusión" y el riesgo de crisis monetaria

Fue Alan Greenspan al mando de la Reserva Federal americana quien lideró este nuevo enfoque, tras sustituir al restrictivo Paul Volcker en 1987. Este mismo año, en el que tuvo lugar un importante crash bursátil, Greenspan aplicó por primera vez su receta mágica para deshacerse de las recesiones: bajar los tipos de interés cuando las cosas se ponían feas. Más tarde, tanto en la crisis de 1990-91 de los bancos de ahorro y préstamos (savings and loans), como tras la caída de Long Term Capital Management (LTCM), como en la crisis de las puntocom de 2000-2001, Greenspan volvió a actuar de la misma manera. Todo este periodo, desde final de la crisis de la estanflación a la Gran Recesión, fue conocido como la Gran Moderación, por la ausencia de crisis severas.

Sin embargo, afirma Mayer que lo sucedido después de 2007 puso de manifiesto que la Gran Moderación fue una "gran ilusión". En realidad este período engendró masivos desequilibrios que desembocaron en la Gran Recesión.

Las recetas aplicadas hasta ahora -basadas en el paradigma teórico convencional- no han funcionado en absoluto en la presente crisis, según Mayer. Tan sólo han transferido la insoportable montaña de deuda de "hombros débiles" a "hombros más fuertes", es decir, la crisis ha mutado desde el sector de hipotecas subprime a los mercados monetarios, el sector bancario y más recientemente al sector público. "Los viejos trucos parecen haber perdido su magia, y la crisis generada por un masivo desapalancamiento parece estar descontrolándose".

Mayer teme que lo próximo pueda ser una crisis monetaria, como avanzó Libre Mercado. Ello pondría a las claras el fracaso de la actual configuración del sistema monetario, basado en dinero fiduciario sin ningún anclaje real (patrón monetario). "El intento desesperado por evitar una crisis económica causada por el necesario desapalancamiento podría llevar en última instancia a una crisis del mismo sistema de dinero fiduciario. Cuando éste caiga puede muy bien ser reemplazado por dinero respaldado por activos reales que no puedan ser aumentados con tanta facilidad por los bancos centrales".

Por último, el analista líder del Deutsche Bank concluye que debería prestarse mucha más atención a las teorías de la Escuela Austríaca para la mejor gestión financiera -tanto por parte de las entidades privadas como de los gobiernos-, condición necesaria para evitar episodios de este tipo en el futuro.

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