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Gallardón, héroe contra el paro

El martes pasado el periodista David Gistau le mentó en Onda Cero a Alberto Ruiz-Gallardón tres palabras prohibidas para el político del PP pero que están en la mente y la voz de muchos madrileños: “mala gestión económica”.

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En tono cariñoso pero admonitorio, y como si Gistau hubiese cometido la enorme torpeza de pasar por alto la evidencia más clamorosa o de recurrir al razonamiento más pueril, el primer edil desarrolló con solemnidad la siguiente argumentación económica. Se apoyó en un dato incuestionable: el diferencial de paro de Madrid con respecto al resto de España sitúa a la ciudad y a la comunidad (no distinguió entre ambas, supongo que para no extender méritos hacia Sol) en una situación comparativamente más ventajosa después de la crisis que antes. Y a continuación coló la más burda de las reivindicaciones y afirmó seriamente que la mejor posición relativa de Madrid se debe... ¡a él!

Mientras aleccionaba a Gistau sobre la cantidad de personas que podrían haber mantenido su empleo si en toda España la tasa de paro se identificara con la madrileña, insistió en que la clave habían sido las erogaciones municipales: "se hizo una política de inversiones, porque no nos endeudamos para aumentar el gasto sino para hacer infraestructuras". Por lo tanto, concluyó triunfal, si vemos los resultados en términos de diferenciales de paro, y pensamos en que si toda España fuese como Madrid hoy tendríamos 1,2 millones de parados menos, "no creo que eso se pueda calificar como una mala gestión económica".

Las cifras de paro en Madrid derivan de varios factores, y no es en absoluto evidente que su ventaja relativa se deba a los dispendios de Gallardón, porque las inversiones públicas no se realizan con ahorro voluntario de los ciudadanos, sino que las autoridades los fuerzan a pagar. Esas inversiones podrán tener un resultado económico positivo si se realizan en infraestructuras que sean finalmente rentables en comparación con sus costes, pero no si no lo son, o si el alcalde gasta fortunas en cambiar de despacho. E incluso si resultan rentables hay que considerar que se han hecho con dinero extraído mediante la coacción, y ponderar siempre sus alternativas y su coste de oportunidad.

Esto no fue considerado por Ruiz-Gallardón, que no mencionó un aspecto sobresaliente de su gestión económica: la subida de los impuestos, una subida que se mantendrá en el tiempo, o incluso aumentará, debido al endeudamiento que deja en herencia. Si está tan convencido de que su mayor gasto público fue beneficioso para el empleo, necesariamente concluirá que el menor gasto privado que sus impuestos y su deuda impusieron e impondrán sobre los madrileños fue dañino.

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