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Cospedal baja un 3% el sueldo a los funcionarios

Final de la gratuidad de los libros para los escolares y de determinadas prestaciones como el transporte gratuito interurbano para jóvenes y mayores.

clochard dijo el día 5 de Diciembre de 2011 a las 14:26:

Arditi:

Vamos a ver si me explico más claramente todavía.

No entro a valorar si las externalizaciones son acorde a ley o no; de lo que no cabe duda es que existen trabajadores de éstas que, por la duración de su trabajo, están plenamente capacitados para evaluar el horario, métodos de trabajo y productividad de los funcionarios con los que colabora. Me figuro que esta afirmación le resultará indiscutible.

Tampoco he dicho en ningún momento que el funcionario esté en su casa; basta con que no esté en su puesto haciendo su trabajo durante el tiempo estipulado para que eso sea dejar de cumplir con sus obligaciones. ¿O no¿

Ahora bien, en mi caso concreto, puedo asegurarle que mi rendimiento era muy superior a la media del funcionariado con el que trabajaba, llegándome algunos a decirme "para un poco, que ése no es nuestro ritmo", y mi dedicación, excuso el decirle.

Por último, faltaría más que esas colaboraciones no fueran cobradas, en tiempo y forma, por quienes las realizan: los funcionarios no hacen, en ese sentido, más que lo mínimo que se les pueda exigir. Es decir, no venga ud. presumiendo de que cumplen con una de sus obligaciones: no cuela. Porque lamentablemente, no todas esas obligaciones se cumplen con puntualidad y eficacia, algo normalísimo en la empresa privada. Además, no todos los funcionarios se ocupan de que la gente cobre lo que les corresponde, entr ella, uds. mismos.
¿O no sería una sinvergonzonería que el funcionario cobrara puntualmente y yo no? Ya le he expuesto cuales son los motivos del diferente ritmo de trabajo y de rendimiento en la empresa privada y el del funcionariado. No me haga rfecordárselos.

No, si al final voy a tener que estar muy agradecido al funcionario que, cumpliendo con una de sus obligaciones, me pagó en su momento, el dinero que se me debía. ¡Aaaamos aaaandaaaa! que le contestaría un castizo. Es como si un automovilista presumiera de no haber atropellado a nadie: no creo que tardaran mucho tiempo en ponerle la camisa de fuerza.

Menos autocondecorarse sin motivo y más dar el callo, que para eso les pagamos.

Arditi dijo el día 4 de Diciembre de 2011 a las 22:27:

clochard
Como Vd., podrá deducir de mis comentarios de inocente en este tema tengo poco...creo que ya me entiende. Conozco perfectamente esas "colaboraciones" de empresas privadas en la Administración esas externalizaciones de servicios, esas asistencias técnicas, muchas de ellas de dudosa legalidad, la inmensa mayoría de ellas curiosamente no salen a concurso público siempre rozan la cantidad permitida para adjudicarlas por procedimientos que no requieren concurrencia...en fin que de esas colaboraciones habría mucho de que hablar y por mi que se las carguen todas, ahorrarían muchísimo dinero y el trabajo que hacen lo pueden realizar perfectamente los funcionarios que en la inmensa mayoría de los casos están muchísimo mejor preparados que los colaboradores externos.
En fin lo dicho si fuese cierto todo lo que Vds., dicen no se cobrarían las pensiones, ni las prestaciones por desempleo...y Vd., no hubiese cobrado por su colaboración, porque el funcionario encargado de tramitarle el expediente de gasto correspondiente estaría en su casa o tomando café...pero Vd., cobró ¿a qué sí?

clochard dijo el día 4 de Diciembre de 2011 a las 15:10:

Arditi:

No sea ud. inocente; hay muchas maneras de colaborar con la Administración del Estado sin necesidad de ser funcionario ni cobrar indebidamente de él.

Por ejemplo, podría ser el caso de un informático que durante un tiempo preste su colaboración para determinados trabajos. Estaría en continuo contacto con los funcionarios y le sería facilísimo llevar la cuenta de la entrada y salida de los mismos, su capacidad de trabajo, etc. Lo que digo sobre el informático puede aplicarse a cualquier otra actividad.

También, desde hace unos años (gobierno de Aznar) se puso en práctica el sistema de contratar a parados para ayudar en la Administración del Estado en sus diversas dependencias en momentos puntuales, siendo así que se contrataba, por un determinado tiempo (creo que no podría pasar de cinco meses por razones de legislación laboral) a diversos administrativos, traductores, especiaslistas en diversos campos, etc. Estas personas tenían igualmente la posibilidad, dada la convivencia con el funionario de oposición, de saber las costunbres de éste último en cuanto al horario (no se ficha en todas las dependencias del Estado), salidas a hacer la compra, tiempo invertido en el "cafelito", rendimiento en su puesto, celeridad a la hora de rssolver los asuntos, etc.

No le expongo más casos, todos ellos dentro de la legalidad más estricta, en los que un no funcionario puede llegar a conocer los intríngulis del sistema de trabajo en una determinada dependencia oficial, porque sería tedioso.

A la pregunta que no tengo por qué contestar ni voy a hacerlo, es a la referida a qué tipo de colaboración he prestado en mi caso; no veo qué interés puede tener para ud. el saberlo. Debería bastarle mi palabra, porque no tengo el menor interés en desacreditar a ese cuerpo, del que, por cierto, he recibido toda clase de ayuda y colaboración y que, en algunos casos, me ha honrado con su amistad.

Pero puedo asegurarle que en las dos ocasiones citadas en las que he colaborado con la Administración, el nivel de cumplimiento de gran parte del personal funciomario no habría sido admitido en el ámbito de la empresa privada. Habría supuesto su despido fulminante (o no se habrían atrevido a actuar como lo hacen ahora).

Y la cosa tiene una muy fácil explicación: en la empresa privada, si el cliente no queda satisfecho, se corre el riesgo de que no pague por el servicio prestado, algo que nunca ocurriría con un funcionario: todo lo más, podría ser objeto de la apertura de un expediente disciplinario y que éste fuera sobreseido sin perjuicio económico, ni para el funcionario ni para el Estado.
ara

Un saludo.

Arditi dijo el día 4 de Diciembre de 2011 a las 13:08:

Amigo CCOLV se puede decir más alto pero no más claro. Suscribo desde la primera hasta la última letra de su comentario, incluyendo por supuesto la posdata

Arditi dijo el día 4 de Diciembre de 2011 a las 12:38:

Clochard
Si ha leído mis comentarios verá que estoy de acuerdo con Vd., los funcionarios hacen su trabajo y punto, para eso se les paga. Yo a lo que me refiero es que si fuesen verdad todos esos comentarios sobre los funcionarios, ni los pensionistas cobrarían sus pensiones ni los parados su prestación por desempleo, ¡si son todos unos vagos que están tomando café todo el día!. Pero como todo el mundo desconoce como funciona la adminsitración pues se dice lo que se dice.
Por cierto es también muy curioso que muchos de Vds., han trabajado en la administración sin ser funcionarios ¿a qué se debe eso? ¿qué tipo de colaboración ha tenido Vd., que le permite controlar los horarios de entradas y salidas de los funcionarios? ¿ha percibido Vd., alguna retribución pública sin ser funcionario?

CCOLV dijo el día 4 de Diciembre de 2011 a las 12:36:

SUSCRIBO esta reflexión que me ha llegado por email:
Resulta que en la década prodigiosa del pelotazo, cuando media España se lo llevaba caliente a casa, cuando un encofrador sin estudios se embolsaba tres mil euros, cuando hasta el último garrulo montaba una constructora y en connivencia con un par de concejales se forraba sin cuento, cuando un gañán que no sabía levantar tres ladrillos a derechas se paseaba en Audi, los funcionarios aguantaban y penaban. Nadie se acordaba de ellos. Eran los parias, los que hacían números para cuadrar su hipoteca, hacer la compra en el Carrefour y llegar a fin de mes, porque un nutrido grupo de compatriotas se estaba haciendo de oro inflando el globo de la economía hasta llegar a lo que ahora hemos llegado.
Y ahora que el asunto explota y se viene abajo, la culpa del desmadre, es de los funcionarios. Los alcaldes, diputados y senadores
que gobiernan la cosa pública a cambio de una buena morterada no son responsables de nada y nos apuntan directamente a nosotros: somos demasiados, hay que ultracongelarnos, somos poco productivos. Los responsables bancarios que prestaron dinero a quienes sabían que no podrían devolverlo tampoco se dan por aludidos. Todos los intermediarios inmobiliarios, especuladores, amigos de alcalde y compañeros de partida de casino de diputado provincial no tenían noticia del asunto. Nosotros sí. Como diría José Mota: ¿Ellos? No.,¿Nosotros? Si. Siendo así que ellos? No. Por tanto, nosotros? Si.
La culpa, según estos preclaros adalides de la estupidez, es del juez, abogado del Estado, inspector de hacienda, administrador civil del Estado que, en lugar de dedicarse a la especulación inmobiliaria a toca teja, ha estado cinco o seis años recluido en su habitación, pálido como un vampiro, con menos vida social que una rata de laboratorio y tanto sexo como un chotacabras, para preparar unas oposiciones monstruosas y de resultado siempre incierto, precedidas, como no podía ser de otra forma, de otros cinco arduos años de carrera. Del profesor que ha sorteado destinos en pueblos que no aparecen en el mapa para meter en vereda a benjamines que hacen lo que les sale de los genitales porque sus progenitores han abdicado de sus responsabilidades. Del auxiliar administrativo del Estado natural de Écija y destinado en Barcelona que con un sueldo de 1000 euros paga un alquiler mensual de 700 y soporta estoicamente que un taxista que gana 3000 le diga joder, que suerte, funcionario. 1/2

CCOLV dijo el día 4 de Diciembre de 2011 a las 12:26:

La culpa es nuestra. A poco que nos descuidemos nosotros los funcionarios seremos el chivo expiatorio de toda una caterva de inútiles, vividores, mangantes, políticos semianalfabetos, altos cargos
de nombramiento digital, truhanes, pícaros, periodistas ganapanes y
economistas de a verlas venir que sabían perfectamente que el asunto
tarde o temprano tenía que petar, pero que aprovecharon a fondo el momento al grito de mientras dure dura! y que ahora, con esa autoridad que da tener un rostro a prueba de bomba, se pasan al otro lado del río y no sólo tienen recetas para arreglar lo que ellos mismo ayudaron a estropear, sino que, además, han llegado a la conclusión de que los culpables son... tachan...los funcionarios.
Soy funcionario. Y además bastante recalcitrante: tengo cinco títulos
distintos. Ganados compitiendo en buena lid contra miles de candidatos.
¿Y saben qué? No me avergüenzo de nada. No debo nada a nadie (sólo a mi familia, maestros y profesores). No tengo que pedir perdón. No me tocó la lotería. No gané el premio gordo en una tómbola. No me expropiaron una finca. No me nombraron alto cargo, director provincial ni vocal asesor por agitar un carnet político que nunca he tenido. Aprobé frente a tribunales formados por ceñudos señores a los que no conocía de nada. En buena lid: sin concejal proclive, pariente político, mano protectora ni favor de amigo. Después de muchas noches de desvelos, angustias y desvaríos y con la sola e inestimable compañía de mis santos cojones. Como tantos y tantos compañeros anónimos repartidos por toda España a los que ahora algunos mendaces quieren convertir, por arte de birli-lirloque, en culpables de la crisis.
Amigos funcionarios, estamos rodeados de gente muy tonta y muy hija de puta.
PD. Si alguien, en cualquier contexto, os reprocha -como es frecuente- vuestra condición de funcionario os propongo el refinado
argumento que yo utilizo en estos casos, en memoria del gran Fernando Fernán-Gómez: "váyase Usted a la mierda, hombre, a la puta mierda." 2/2

CCOLV dijo el día 4 de Diciembre de 2011 a las 12:25:

SUSCRIBO esta reflexión que me ha llegado por email:
Resulta que en la década prodigiosa del pelotazo, cuando media España se lo llevaba caliente a casa, cuando un encofrador sin estudios se embolsaba tres mil euros, cuando hasta el último garrulo montaba una constructora y en connivencia con un par de concejales se forraba sin cuento, cuando un gañán que no sabía levantar tres ladrillos a derechas se paseaba en Audi, los funcionarios aguantaban y penaban. Nadie se acordaba de ellos. Eran los parias, los que hacían números para cuadrar su hipoteca, hacer la compra en el Carrefour y llegar a fin de mes, porque un nutrido grupo de compatriotas se estaba haciendo de oro inflando el globo de la economía hasta llegar a lo que ahora hemos llegado.
Y ahora que el asunto explota y se viene abajo, la culpa del desmadre, es de los funcionarios. Los alcaldes, diputados y senadores
que gobiernan la cosa pública a cambio de una buena morterada no son responsables de nada y nos apuntan directamente a nosotros: somos demasiados, hay que ultracongelarnos, somos poco productivos. Los responsables bancarios que prestaron dinero a quienes sabían que no podrían devolverlo tampoco se dan por aludidos. Todos los intermediarios inmobiliarios, especuladores, amigos de alcalde y compañeros de partida de casino de diputado provincial no tenían noticia del asunto. Nosotros sí. Como diría José Mota: ¿Ellos? No.,¿Nosotros? Si. Siendo así que ellos? No. Por tanto, nosotros? Si.
La culpa, según estos preclaros adalides de la estupidez, es del juez, abogado del Estado, inspector de hacienda, administrador civil del Estado que, en lugar de dedicarse a la especulación inmobiliaria a toca teja, ha estado cinco o seis años recluido en su habitación, pálido como un vampiro, con menos vida social que una rata de laboratorio y tanto sexo como un chotacabras, para preparar unas oposiciones monstruosas y de resultado siempre incierto, precedidas, como no podía ser de otra forma, de otros cinco arduos años de carrera. Del profesor que ha sorteado destinos en pueblos que no aparecen en el mapa para meter en vereda a benjamines que hacen lo que les sale de los genitales porque sus progenitores han abdicado de sus responsabilidades. Del auxiliar administrativo del Estado natural de Écija y destinado en Barcelona que con un sueldo de 1000 euros paga un alquiler mensual de 700 y soporta estoicamente que un taxista que gana 3000 le diga joder, que suerte, funcionario. 1/2

clochard dijo el día 4 de Diciembre de 2011 a las 00:34:

Arditi:

dice ud. entre otras muchas cosas que ".../... quienes hacen posible que los pensionistas cobren su dinero el día previsto son funcionarios, que el que hace posible que un parado cobre cuanto antes su prestación por desempleo es un funcionario, que el médico de cabezera es un funcionario etc etc etc"

Muy bien, pero tampoco olvide que quienes pagan su salario son los todos los ciudadanos (entre ellos, ustedes mismos al iguaque todos los demás, con sus impuestos), que los funcionarios no hacen nada que no se les pueda exigir en la empresa privada: es decir, trabajar y dar cumplido servicio al cliente.

Y por favor, sin menoscabo de la fama del funcionario cumplidor: he colaborado en dos ocasiones en la Administración general del Estado y puedo asegurar que el nivel de cumplimiento de los horarios, de rendimeinto en el trabajo de muchísimos de los funcionarios no tendrían otra respuesta en el mundo de la empresa privado más que el despido, y MUY procedente.

Arditi dijo el día 3 de Diciembre de 2011 a las 20:40:

SELLAV
Pues si los conoce sabe, primero que los funcionarios fichan y segundo que la inmensa mayoría trabajan. Ovejas negras hay en todos lados.
KERGOVA
Vd., podía comprobar que estaban todos los temas....ya me dirá Vd., cómo lo hizo el tribunal ¿con bolas calientes y frías? venga ya hombre!!. En todo caso y suponiendo que tuviese Vd., razón que una oposición esté amañada ni desacredita el sistema de función pública profesionalizada ni convierte a todos los funcionarios en unos vagos indolentes. Vale ya de tanta majadería...y por cierto no me ha respondido a mi pregunta si Vd., no es funcionario ni personal laboral ¿por qué trabaja en el sector público?