Crédito y banca

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La semana pasada, el Banco Central Europeo decidió modificar su política de liquidez. Lo que más destacaron los analistas y periódicos al día siguiente fue que por vez primera iba a haber subastas de liquidez a tres años. Sin embargo, hay algo aún más importante. A partir de ahora el Banco Central Europeo, a través de los bancos centrales nacionales, aceptará una mucho más amplia gama de activos para descontar a cambio de liquidez. La definición de qué activos serán aceptados no quedó perfectamente clara ya que serán los bancos centrales los que determinen la idoneidad de los activos para ser descontados. En mi opinión, lo más relevante de lo anunciado es que se abrió la barra libre de liquidez por la que muchas entidades clamaban sin antes haber puesto solución a los problemas que nos han llevado a donde estamos.

Con estas medidas se ha logrado un objetivo claro: que ningún banco en Europa caiga por falta de liquidez. Por lo general, los bancos caen por falta de liquidez no por problemas de solvencia, con lo que las probabilidades de que veamos una nueva quiebra bancaria son mucho más escasas de lo que eran hasta ahora. El riesgo de refinanciación de los bancos, pues, se ha disminuido significativamente. Hasta tal punto esto es así que no pocos bancos han comentado en privado que en las dos subastas a tres años previstas esperan pedir suficiente liquidez como para hacer frente a los vencimientos de los próximos dos años, si no más. Esta es la parte positiva del cambio.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. A nuestra clase política, con independencia del bando en el que milite, no se le cae de la boca –ni del programa– que hay que lograr que el crédito fluya a los sectores productivos de la economía y a las familias. Sin embargo, ¿cree usted que esta barra libre de liquidez se va a traducir en una mayor inversión crediticia? Déjeme que le ahorre la respuesta. No. Los bancos no tienen incentivo para incrementar sus riesgos sino todo lo contrario. El incentivo de estas subastas es conducir a las entidades financieras a hacer el llamado carry trade. No tengo nada en contra de que los bancos hagan carry trade, más allá de que es una manera ficticia y peligrosa de construir su cuenta de resultados.

Al principio decía que antes de dar liquidez ilimitada había que dar solución a los problemas subyacentes. Por dos razones. Primero, obviamente si los bancos en parte tienen problemas porque tienen mucha exposición al sector público y se les da liquidez, con la que comprarán más deuda pública, no estamos haciendo ningún bien a la economía. Hay que romper ese círculo de banco financia a estado-banco cae-estado rescata-banco financia... Sin embargo, a ese problema se le pone solución arreglando al estado. Igualmente, el mayor incentivo que tiene el banco para dar crédito es que disminuya el riesgo país y, por lo tanto, el coste al que se financia. En consecuencia, al final la solución del crédito pasa por llevar a cabo las reformas estructurales –principalmente mercado de trabajo, estructura del sistema financiero y política fiscal– que logren contener la prima de riesgo. Así los bancos se mostrarán más proclives a asumir riesgos y los individuos y empresarios encontrarán préstamos a costes razonables para embarcarse en nuevas aventuras. La duda es, en mi opinión, si realmente queremos que los bancos vuelvan a dar crédito a cascoporro o preferimos reducir la dimensión de nuestra economía, de nuestra dependencia del exterior –léase balanza de pagos– y, en general, poner en orden los cimientos de nuestra casa en lugar de intentar añadirle un nuevo piso. Eso ya va en gustos.

José Berdugo es analista financiero.

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