Empresas públicas

¿El fin de la huida?

Con el anuncio del cierre de veinticuatro empresas públicas sin actividad, el Gobierno aprovecha para hacer limpieza y para hacer un poquito de propaganda. No estamos ante un hito en la historia de la administración pública, y tampoco es una cuestión que afecte al fondo de la regulación de estos organismos; pero no está mal, y algo es algo.

Lo que sucede es que no se trata del final de eso que se llamó la "huída del Derecho Administrativo"; un invento para crear organismos que eran administración para lo que querían y sociedades privadas para lo que les daba la gana. Con el cuento del recurso a "otras formas de personificación" –bonito palabro- nuestras queridas administraciones públicas de todo tipo, nivel, ámbito territorial y color político, fueron mutando con el muy simple objeto de eludir el control y descargarse de responsabilidad. Correos, sin ir más lejos: es una sociedad anónima a ratos, y administración a veces. Muchos de sus trabajadores siguen siendo funcionarios, y dependiendo de lo que se le reclame se escuda en lo privado o en lo público. Y quién dice Correos, dice otras muchas, porque esto ha sido, jurídicamente hablando, la casa de “tócame Roque”. Me refiero a que aquí también ha regido la moda; y es que después de las sociedades estatales, llegaron las agencias, que, por ejemplo, en Cataluña proliferaron como setas. La más famosa fue la Agencia Tributaria, que anunciaba una especie de independencia fiscal como paso previo a la otra independencia. Pero a la que acompañaron la de la Salud, la de Residuos o la del Agua, que ahora está al borde de la quiebra. Con el agua al cuello, si me permiten el chiste malísimo. Eso sí, nadie ha sido capaz de explicar qué podían hacer estas "agencias" que no pudiera hacer el ministerio o el departamento competente. En otro momento se pusieron de moda los consorcios, y luego los "institutos". Más tarde las fundaciones, y algo que seguro les habrá tocado sufrir a ustedes, como han sido las empresas municipales de agua.

Con independencia de la forma, todas ellas han sido el paraíso de la libre designación. No se huía del Derecho Administrativo, se huía del Derecho, en general. Y dentro de cada una regía la diversidad: gerentes, presidentes, directores, y es que no sólo hemos sido creativos en las formas, sino también en los cargos.

Por ello, cuando la brigada del aplauso se relaje, lo que hay que pedirle al Gobierno es que privatice lo que sea necesario, se quede con lo que convenga, recurra a viejas fórmulas para lo que crea oportuno –como la concesión-, pero que derogue y obligue a derogar las leyes que siguen permitiendo que esto se repita. Que yo sepa tiene todo el poder y no tiene excusa para no hacerlo.

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