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"El indigenismo empieza a ser para América lo que el nacionalismo para Europa"

Guillermo Hirschfeld, coordinador de programas para América Latina de la Fundación FAES, desentraña las claves políticas de esta compleja región.

DIEGO SÁNCHEZ DE LA CRUZ
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Guillermo Hirschfeld, coordinador de programas para América Latina de la Fundación FAES.

A comienzos de 2007, la Fundación FAES publicó América Latina, una Agenda de Libertad. Aquel documento estratégico originó un gran debate a ambos lados del Atlántico. Ahora, cinco años después, el think tank actualiza la publicación con una nueva edición totalmente nueva. Hemos hablado en exclusiva con Guillermo Hirschfeld, coordinador de programas para América Latina de la Fundación FAES, para conocer las novedades de este interesante estudio.

Pregunta (P): Tal y como subraya la Agenda de Libertad para América Latina, la región atraviesa un momento muy positivo. Sin embargo, en Europa y Estados Unidos no faltan personajes dispuestos a despreciar estos avances y aplaudir, en su lugar, a la tiranía cubana. No deja de ser curioso... y un tanto hiriente.

Respuesta (R): Hay muchos intelectuales o artistas que desde el esnobismo más absoluto han apoyado para otros lo que jamás aceptarían para sí mismos, lo que revela una arquitectura mental despreciable e inmoral. Entre estos personajes está muy extendida la convicción de que es posible traer el paraíso a la tierra, aunque la historia nos ha demostrado una y otra vez que intentar planificar esos cielos acaban creando infiernos.

Los grandes experimentos de ingeniería social que fueron el nacional-socialismo y el comunismo, que por supuesto fueron aliados en diferentes momentos, segaron la vida de millones de personas. Y, sin embargo, el idealismo parece vencer la realidad en el pensamiento de estos personajes, que siempre buscan alguna excusa para intentar decirnos que "esta vez sí" o que "aquella vez no se hizo exactamente como se debía".

El ciclo se repite: volvemos a ver intelectuales que aplauden a quienes crean miseria y mantienen regímenes opresivos. Ahí está, por ejemplo, el actor de Hollywood Sean Penn, que pidió encarcelar a quienes llamen dictador a Chávez. Pervive ese fetichismo por el caudillo redentor latinoamericano, y es ese fetichismo el que ha hecho mitos con Eva Perón, el Che Guevara, Fidel Castro y ahora también Hugo Chávez.

Carlos Rangel lo describió a la perfección en Del buen salvaje al buen revolucionario. Jean-François Revel también denunció esta problemática con mucha lucidez. También el Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano, de Álvaro Vargas Llosa, Plinio García Apuleyo y Carlos Alberto Montaner, analiza el tema con acierto. Leer estos libros sirve para desintoxicarse de esa intelectualidad tan tóxica que encontró en Eduardo Galeano, y su libro Las venas abiertas de América Latina, su texto favorito.

P: La retórica indigenista también ha calado hondo entre el progresismo internacional...

R: Desde la caída del Muro de Berlín y el colapso del socialismo marxista, la izquierda ha encontrado diferentes máscaras con las que seguir defendiendo lo mismo de antes. Una de esas máscaras ha sido el indigenismo que, como decimos en esta segunda Agenda de Libertad para América Latina, empieza a ser para Latinoamérica lo que el nacionalismo para Europa...

Desde estas posiciones se justifican modelos excluyentes, se socava la normalidad democrática, se fomenta la desigualdad jurídica, se atacan los procesos del mercado, etc. El indigenismo no está solo: se acompaña de otras corrientes con las que comparte su rechazo a los valores de la democracia y la libertad característicos de Occidente. Por supuesto, siempre hará falta una causa aparentemente altruista para vender el mensaje. Lo mismo ocurre con el feminismo o el ecologismo.

Un problema importante que plantea el indigenismo es su legitimación de la desigualdad jurídica. Es curioso que quienes más se arrogan la defensa de la "igualdad" hagan la vista gorda ante este problema. Un ejemplo lo vemos en la Constitución de Bolivia, máxima expresión de la franca desigualdad jurídica que introduce el indigenismo en los marcos regulatorios. Así, esta corriente integrada en el "socialismo del siglo XXI" abre la puerta a la discriminación con ánimo de articular un relato político basado en la demagogia, el populismo y el enfrentamiento social.

P: En la primera edición de la Agenda de Libertad para América Latina, FAES plantea el dilema entre civilización y barbarie para referirse al reto que suponía el ascenso del "socialismo del siglo XXI". Cinco años después, ese auge se ha convertido en decadencia.

R: Una de las razones por las que se ha frenado el crecimiento del "socialismo del siglo XXI" ha sido el advenimiento de una izquierda sensata. Estos líderes aceptan la ortodoxia económica, las instituciones democráticas... Y, por lo tanto, renuncian al radicalismo y adoptan un discurso civilizado y moderno. Álvaro Vargas Llosa y Julio María Sanguinetti han hablado de esta izquierda como la "izquierda vegetariana". 

De lo que supone esta novedad tenemos buenos ejemplos en los presidentes de Uruguay o Brasil, que en otros momentos de su vida formaron parte de movimientos peligrosos, pero hoy han aceptado la democracia, el pluralismo... Se ha ganado así la más importante batalla, que es la batalla de las ideas, porque se ha atraído a estos personajes hacia los valores occidentales de la libertad. En Perú vemos que Ollanta Humala también parece acercarse más hacia esa idea de la "izquierda vegetariana" que al "socialismo del siglo XXI" que antes defendía. Lo mismo podría decirse de Mauricio Funes en El Salvador.

Estas son buenas noticias, ya que esta izquierda no quiere monopolizar el poder, al contrario de lo demostrado por Hugo Chávez, Rafael Correa o Evo Morales. Esta nueva izquierda celebra incluso los tratados de libre comercio, desarrolla una política económica razonablemente abierta y seria, renuncia al discurso populista y demagógico... Es una izquierda civilizada.

A esto le unimos, además, que hay un centro-derecha en Latinoamérica en el que ya están Santos o Piñera. Hablo de presidentes que han conseguido articular un proyecto político basado en la unión de sectores afines y la articulación de programas basados en la modernidad y los principios de la democracia liberal.

Así se ha quedado en fuera de juego el "socialismo del siglo XXI", que en el fondo no es más que el del siglo XX, pero más aburrido porque ya conocemos el final. Eso sí: la socavación de la democracia y las instituciones en dichos países hace que la salida de estos modelos aún sea complicada.

P: Lo vemos a diario en Venezuela, donde han hecho falta muchos años para conseguir una candidatura unitaria frente a Chávez...

R: Conseguir la unión de los afines nunca es fácil, pero en Venezuela es una obligación. Evidentemente, los sectores que plantarán cara a Chávez en las próximas elecciones han tenido que renunciar a muchas cosas para articular un programa en común. Hay mucho en juego y la situación es muy compleja, por eso es necesario conseguir estos avances.

P: ¿Qué me dice de los demás países de la región? ¿Es deseable una mayor integración entre los proyectos políticos de centro-derecha que se desarrollan en toda América Latina?

R: El gran desafío es conseguir esa unidad de los afines. Los sectores democristianos, conservadores y liberales de América Latina deben hacer un trabajo de encuentro que permita canalizar mejor sus propuestas. Este proceso debe ser generoso y responsable, no puede permanecer la mentalidad del chiringuito. Para hacer un proyecto ganador en América Latina, la coalición entre las diferentes familias del centro-derecha es fundamental.

También es importante conseguir que esos vínculos se traduzcan en alianzas continentales. Por eso es importante el esfuerzo de un documento como nuestra Agenda de Libertad para América Latina, porque su elaboración ha reunido a más de 1.400 personas. Queremos que documentos y trabajos como el nuestro sean un banderín de enganche para integrar a las fuerzas políticas y sociales que defienden las ideas de la libertad en la región.

El auge de la "izquierda vegetariana" puede contribuir mucho a este propósito, ya que su éxito ayuda a desplazar el discurso político hacia postulados naturales del centro-derecha, alejando el debate de las posturas de la izquierda más radical. Ahora es cuestión de tener altura de miras y seguir apostando por la convergencia, por la unión de los afines.

En Perú se vivió un caso muy clarificador de lo que ocurre cuando no se consigue esa unión. La división de los votos repartidos entre Alejandro Toledo, Pedro Pablo Kuczynski y Jorge Castañeda contribuyó decisivamente a que fuesen Keiko Fujimori y Ollanta Humala quienes se disputasen la presidencia.

P: En Perú precisamente podemos ver que la estabilidad presupuestaria, la apertura comercial y la liberalización económica están ayudando a generar prosperidad y reducir la pobreza. Lo mismo ocurre en otros países de la región. ¿Está triunfando el liberalismo sin liberales?

R: La etiqueta del proyecto político que triunfa es diferente en cada país, pero el denominador común es el movimiento hacia posturas más liberales.

P: Se ha insistido mucho en hablar de los años 90 como una década marcada por el auge del liberalismo económico en América Latina. Según ese relato, la región habría adoptado con entusiasmo un decálogo de reformas conocido como el Consenso de Washington. Sin embargo, este mito no guarda mucha relación con los hechos reales...

R: Mucho se ha escrito sobre esa supuesta ola de liberalizaciones que habría supuesto la adopción de ese vademécum capitalista que vendría siendo el Consenso de Washington, pero si nos olvidamos de la retórica podemos ver que lo que ocurrió en la década de los 90 no tuvo nada que ver con este mito.

Por aquel entonces, muchos países latinoamericanos atravesaban un momento muy complicado. Hablamos de hiperinflación, desabastecimiento, pobreza... Ante esa situación de urgencia, y no precisamente por la convicción liberal de muchos de los líderes de entonces, algunos gobernantes aplicaron de forma inconclusa y deficiente ciertas medidas encaminadas a frenar esos escenarios de gravedad extrema.

Mirando este periodo con frialdad, podemos ver que el gasto público aumentó, que los marcos institucionales se deterioraron, que las privatizaciones no fueron transparentes ni liberalizaron sectores cautivos... Sin embargo, hoy sí vemos la adopción de políticas económicas más ortodoxas. Hay preocupación por abrir la economía, por firmar acuerdos comerciales, por liberalizar sectores, por contener el gasto, por controlar las tasas de inflación, etc.

Esa estabilidad macroeconómica, esa apertura al mundo globalizado, contrastan con los nostálgicos de las fracasadas políticas del desarrollismo, que se basaban en el proteccionismo comercial, el dirigismo estatal de la economía... Asistimos al triunfo y la consolidación de la ortodoxia económica en muchos países de la región.

El resto de la entrevista estará disponible mañana domingo, 6 de mayo, en el blog de Diego Sánchez de la Cruz en Libre Mercado.

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