Tres objetivos clave

La reforma financiera que defiende Goirigolzarri

El próximo presidente de Bankia apoya que las entidades se desnuden, afloren pérdidas y asignen el escaso crédito de forma más eficiente.

Libre mercado

José Ignacio Goirigolzarri vuelve a la banca española para sustituir a Rodrigo Rato al frente de BFA-Bankia, lo que supone el regreso de un experimentado del sector, que abandonó hace ahora tres años tras tres décadas en el BBVA.

Goirigolzarri, que fue consejero delegado del BBVA hasta 2009, vuelve a la primera línea en un momento marcado por una gran crisis económica y de profunda reestructuración del sector. Y lo hace para hacerse cargo de una de las principales entidades del país, después de que Rajoy forzara la marcha de Rato con el fin de culminar el saneamiento de Bankia que, según los últimos datos publicados, cuenta con una exposición al sector inmobiliario superior a los 37.500 millones de euros.

Ha sido el propio Rodrigo Rato el que ha propuesto el nombre de Goiri, como se le conoce en los ámbitos financieros, para sustituirle, por considerarle "la persona más adecuada para liderar este proyecto en estos momentos", según afirma en un comunicado. Economista de 58 años, Goirigolzarri se pone al frente de Bankia justo cuando el Gobierno y el Banco de España están estudiando un plan de saneamiento para la entidad que podría incluir una inyección de ayudas públicas.

Perfil profesional

Natural de Bilbao, se licenció en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Deusto y realizó estudios de Finanzas y Planificación Estratégica en la Universidad de Leeds (Reino Unido). Abandonó el banco en el que había trabajo durante 30 años a los 55 años, una salida que estuvo marcada por la polémica que suscito la cuantiosa pensión vitalicia por jubilación que iba a recibir, unos 3 millones de euros brutos anuales, y que coincidió con el inicio de la crisis.

Comenzó su andadura en el Banco de Bilbao en 1978 como analista de planificación estratégica, aunque años antes había ejercido como profesor de Planificación Estratégica en la Universidad de Deusto. Durante su trayectoria en el banco, Goirigolzarri formó parte de BBV-Holding, la sociedad que condujo la fusión del Banco de Bilbao con el Vizcaya y en 1990 fue nombrado director general adjunto del nuevo banco. Dos años más tarde, Goirigolzarri, que fue el responsable de campañas de éxito como el "Libretón", fue designado director general de BBV.

Tras el anuncio de fusión del BBV con Argentaria, que daría lugar al nacimiento de BBVA, Goirigolzarri fue nombrado miembro del Comité de Dirección y responsable de Latinoamérica, cargo desde el que pilotó buena parte de la expansión del grupo en la región. Ya en 2001, fue nombrado director general del Grupo BBVA con responsabilidad en banca minorista en España y América, así como banca privada y por internet. Ese mismo año, el 18 de diciembre de 2001, Goirigolzarri se convirtió en consejero delegado de la entidad, cargo que ocupó hasta septiembre de 2009.

En la actualidad, es consejero de la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD), cargo que desempeña desde 2004, Patrono de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE) y Vicepresidente de Deusto Business School.

Su visión de la reforma financiera

Goirigolzarri, como experimentado directivo financiero, tiene una visión muy clara acerca de los objetivos que debería perseguir la reforma bancaria en España.

Para empezar, a modo de diagnóstico, incide en que los problemas de España se deben a una fuerte crisis de "sobreendeudamiento", cuya resolución suele ser "larga y penosa. Y eso es así porque, para su salida, exige un fuerte proceso de desapalancamiento hasta encontrar un nuevo punto de equilibrio a partir del cual pueda empujarse de nuevo el crecimiento".

Por ello, partiendo de esta base, el nuevo presidente de Bankia advierte de que "una reforma del sistema Financiero en nuestro país no va a traer un crecimiento del crédito (por mucho que se proclame desde todas las instancias), sino que debemos ser más realistas y precisos en nuestros objetivos".

En este sentido, los objetivos que debe perseguir toda reforma financiera se resumen, básicamente, en tres:

1. Fortalecimiento de las entidades, desde un punto de vista financiero (haciendo aflorar posibles pérdidas y exigiendo aumentos de capital) y de gestión (propiciando la depuración de sobrecapacidad y asegurando la existencia de un governance y un equipo de gestión profesionalizado).

2. Una asignación más eficiente del crédito, porque un valor correcto de los activos y la consiguiente capitalización liberará fondos y capacidad de préstamo (anteriormente dedicados a financiar activos improductivos) que podrían ser destinados a empresas viables y con futuro.

Esto es muy importante también para las entidades financieras. Primero, porque si no se toman esas medidas se ven conducidas a una creciente selección adversa en sus carteras. Segundo, porque es requisito necesario para poder acompañar el crecimiento económico, cuando éste tenga lugar.

3. En tercer lugar, la mejora de la visibilidad de las entidades, redundará en una mayor credibilidad del país, con la consiguiente reducción del funding, que debe ser un objetivo prioritario en el corto plazo.

Una reforma que alcance tales objetivos sería "un éxito, aunque el volumen total de crédito en los próximos meses disminuya", según el directivo.

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