El balance

Entre mentiras y grandes mentiras

Algo fuera de lo común ha acontecido este lunes. Mariano Rajoy, que no es muy dado a las comparecencias públicas, y aún menos a las preguntas de los periodistas, trató de lanzar a los inversores un nuevo mensaje de credibilidad y confianza sobre la solvencia del estado y las finanzas españolas. Como ya es habitual en él, el presidente del Gobierno se afanó en resaltar los fuertes cimientos de la economía española y los denodados esfuerzos de su Ejecutivo por encauzar la difícil situación que atraviesa el país. Sus principales mensajes fueron los siguientes: austeridad para cumplir con el objetivo de déficit del 5,3% del PIB en 2012 y del 3% en 2013; continuar con la política de reformas para potenciar el crecimiento; incidir en la fortaleza de la banca española; y, por todo ello, negar que España precise de rescate internacional alguno.

¿Resultado de sus palabras? Prima de riesgo en máximos históricos desde la entrada en el euro; récord de la rentabilidad de la deuda española a 10 años, que ya cotiza en niveles próximos al 6,5%; seguros de impago (CDS) sobre la de deuda soberana en nuevos máximos, otorgando a España una probabilidad de quiebra cercana al 40%; y el Ibex cayendo más de un 2%, por encima del resto de plazas europeas. En resumen, ignorancia supina de los inversores hacia las palabras de calma difundidas por Rajoy o, lo que es aún peor, credibilidad nula por parte del mercado.

No es de extrañar. Y es que Rajoy se ha debatido este lunes entre contar mentiras y grandes mentiras. Así, por ejemplo, han resultado del todo absurdas sus afirmaciones acerca de que la subida de la prima de riesgo nada tenga que ver con el rescate público de Bankia; que en España no hay ni habrá ninguna institución quebrada, en referencia a las CCAA y, en especial, a Cataluña; que el Estado recuperará hasta el último euro inyectado a las cajas y que, además, no tendrá impacto alguno en el déficit; o el hecho de que ni el Estado ni la banca española precisen ayuda internacional.

En resumen, todo un festival de engaños, recubierto de buenas intenciones y un optimismo que ni siquiera el propio Rajoy se cree de puertas para adentro. El Gobierno tiene miedo y, de hecho, se ha rendido, ésa es la cruda realidad. El PP insiste en que ha hecho todo lo que estaba en su mano y, por tanto, ahora es el turno de que Bruselas, y más concretamente el BCE, mueva ficha a favor de España y en apoyo de Rajoy. El presidente intenta camuflar la gravedad de la situación tratando de insuflar un optimismo que recuerda, y mucho, al buenismo aplicado por Zapatero desde el estallido de la crisis. Y mientras se sucede este bochornoso espectáculo, en el que Rajoy incluso se ha atrevido a afirmar que lo entregado a Bankia "son préstamos a un interés muy caro", los inversores huyen, dándole la espalda a su gestión.

¿Quién lleva la razón en esta particular disputa? ¿El bueno de Rajoy o el malvado mercado? En realidad, lo que refleja la prima de riesgo no es otra cosa que un suspenso a las reformas aplicadas hasta ahora. El Gobierno ha hecho reformas y ajustes, sin duda, pero el problema es que son insuficientes. La austeridad sigue brillando por su ausencia, pues Hacienda trata de reducir el déficit subiendo en masa unos impuestos que lastrarán aún más la recuperación; Economía acaba de aprobar el mayor rescate financiero de la historia del país, en un momento en el que las cuentas públicas hacen aguas; y si bien algunas de las reformas estructurales están bien encaminadas –como la laboral– se quedan a medio camino para poder liberalizar de forma sustancial una economía anquilosada por el sector público.

Lo trágico es que Rajoy parece ahora depositar todas sus esperanzas en que el BCE abra nuevamente sus compuertas a la compra de más deuda pública española, ya que eso significa la adopción de un discurso puramente derrotista. Por supuesto que España puede salir de ésta, incluso sin ayuda del exterior, pero para eso de nada sirven los mensajes de tranquilidad y esperanza que transmite el Gobierno. Lo que se necesita son decisiones, acciones drásticas, valientes y firmes, tales como reducir el déficit exclusivamente por el lado del gasto; reformar de arriba abajo el Estado del Bienestar –vía copago sanitario, cheque escolar o capitalización de pensiones–; recapitalizar la banca forzando la conversión de su deuda privada en acciones; aplicar reformas para situar a España en el top ten de los países con mayor libertad económica del planeta; o meter mano a un sistema autonómico insostenible, modificando por completo su nefasta financiación. Ni uno solo de estos puntos ha sido tocado este lunes por Rajoy y, como resultado, la desconfianza de los que prestan el dinero sigue intacta.

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