RAJOY no comparece

El Gobierno niega que sea un rescate: "Es un apoyo financiero"

El Gobierno niega el rescate. Tras la enorme presión, sacó pecho: la "ayuda" no afecta al Estado, solo a los bancos. Rajoy decidió no comparecer. 

Mariano Rajoy es consciente de que su palabra vale hoy menos. Pero ya lo advirtió: "Haré cualquier cosa aunque no me guste y aunque haya dicho que no lo voy a hacer" para sacar a España de la crisis. Y esto supone cambiar de opinión en apenas dos semanas en un asunto tan grave -tal vez el más delicado y trascendental de los próximos años- como es el rescate -ayuda, en el vocablo gubernamental- de las entidades financieras por parte de la Unión Europea. Hasta 100.000 millones de euros para sanear un sistema muy deteriorado; la herida por la que la economía patria se desangra a borbotones.

El Gobierno se vio sobrepasado por las circunstancias. Tanto es así que el jueves, cuando por fin parecía que el país estaba viviendo una semana tranquila con la prima de riesgo en descenso y la Bolsa en números verdes, el presidente aseguraba que el país no pondría una cifra sobre la recapitalización encima de la mesa sin estudiar previamente los informes del FMI y los dos evaluadores externos contratados. Pero la Unión Europea impuso sus normas y convocó de urgencia al Eurogrupo, vía teleconferencia, el sábado a las cuatro de la tarde. La presión fue brutal y las especulaciones acabaron por desesperar al gabinete presidencial. Se filtraban datos desde Berlín, desde Bruselas mientras Madrid callaba. El silencio era la más oficial de las respuestas.

"Rescate", la palabra prohibida

Una vez acabó la reunión, el Ejecutivo dio su versión de los hechos. No compareció el presidente, pese a que se sugirió a lo largo de toda la aciaga la jornada. La primera fotografía que ofrecerá, si nada cambia, es asistiendo junto a los Príncipes de Asturias al partido inaugural de la selección española en la Eurocopa. Quien dio la cara fue Luis de Guindos, su hombre económico y el interlocutor del Gobierno con la UE. Solo mentó la palabra rescate para negar tajante que España lo haya pedido o que Bruselas le haya obligado a aceptarlo.

"Se pide un apoyo financiero, que no tiene nada que ver con un rescate. En absoluto (...) No hay el más mínimo rescate. Es un préstamo en unas condiciones muy favorables", afirmó el ministro. De ahí nadie le movió. Un "mecanismo", según dijo, "extremadamente positivo" tanto para España como para el euro, y del que todavía quedan muchos flecos. Tantos que el Gobierno aún no ha dado cifra alguna, sino el Eurogrupo.

De Guindos lo explicó en una abarrotada comparecencia de prensa; Bruselas puso el tope -los 100.000 millones de euros- y ahora España -en colaboración con el Banco de España y tras tener los datos de las auditoras contratadas- dará la cifra final. Ésa de la que habló Rajoy esta misma semana. Según fuentes gubernamentales, "ni mucho menos" tendría que ser el máximo. De hecho, en Moncloa se asegura que, a tenor de que muchas entidades están "perfectamente saneadas", podría ser más cercana a los 40.000.

Mucho camino por delante, según De Guindos

El trámite, a grandes rasgos, sería el siguiente: el dinero se inyectará al FROB que, a su vez, lo remitirá a las entidades financieras enfermas y que necesiten recapitalizarse y/o tener un margen de seguridad. El Estado queda al margen de toda obligación, según se encargó de remachar. Traducido: no habrá nuevas peticiones de reformas en materia de austeridad, sino que los propios bancos tendrán que asumir estrictas obligaciones -pendientes de confirmación- para poder beneficiarse de la ayuda.

El Gobierno entonó el aquí ganamos todos para negar tensión con Bruselas. A pesar de las negociaciones, muy duras y muy intensas, que precedieron al parto. A pesar de que España saldría más que satisfecha, una vez el préstamo es a los bancos y no al Estado. "Hemos solicitado la recapitalización financiera, de acuerdo con la reunión del Eurogrupo", fueron las palabras del ministro.

A partir de ahora, el Gobierno ve esencial que la transparencia sea total. Y en ello está, abriendo las entrañas del sistema a organismos de fuera, confirmando así que el Banco de España no había cumplido su tarea. De Guindos puso el acento en que "no ha habido ningún otro sistema bancario en Europa que sea sometido a este nivel de transparencia y claridad".

El papel de Rajoy en la operación

Rajoy no convocó a los periodistas. A pesar de que en la víspera entonara el ya mítico "pregúntenme a mí, por favor" sobre todo lo relativo al sistema financiero. Algo que no quita que su involucración haya sido total y su papel "fundamental" para llegar a buen puerto, según De Guindos. El jefe del Ejecutivo estuvo reunido con miembros de su oficina económica. Fue el puntal de un triángulo de poder en el que las otras dos esquinas fueron el ministro del ramo y la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría.

Se diga lo que se diga, se intente vender una fotografía de tranquilidad, lo cierto es que en Moncloa se vivieron momentos complicados. Las filtraciones sobrepasaron a varios portavoces. Rajoy estuvo toda la semana con reuniones de despacho, descolgando el teléfono. Se estaba trabajando en el escenario vivido este sábado, pero la presión lo aceleró todo. El miedo a las elecciones griegas, una auténtica bomba de relojería, también fueron un elemento a tener en cuenta.

Precisamente, el Gobierno quiso instalar el mensaje de que España no es Grecia, pero tampoco Portugal o Irlanda; que la banca no necesita ni mucho menos tanto dinero. Que no hay "urgencia" en la operación, pese a ejecutarse en pleno fin de semana y cuando la Bolsa está cerrada. La buena noticia, según De Guindos, es que "este préstamo en condiciones muy favorables, mejores que las del mercado" no va a dejar "el más mínimo resquicio de duda" sobre el sistema. Aún más, que no afecta a la política económica del Ejecutivo, sino exclusivamente a los bancos. Y, para rematar, que el FMI -cuyo informe ha sido el único a tener en cuenta- elogia de forma encendida las reformas emprendidas en los últimos cinco meses. Y esto, en esencia, quitaba el sueño a un presidente que, dice su equipo, tiene argumentos para negar que España esté hoy rescatada.

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