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Baluartes temblorosos

Ahí va don Ulrich desbarrando como desbarra el pensamiento único desde hace décadas, y sostiene que para proteger el capitalismo hay que... socializarlo. Y su receta consiste en (vamos ¿no lo adivina?)... subir los impuestos.

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Ulrich Beck, profesor de la Universidad de Munich y de la London School of Economics, y darling del pensamiento único, se puso así de estupendo en El País: "La consecuencia no deseada de la utopía neoliberal es una brasilización de Occidente: la temporalidad y la fragilidad laborales, la discontinuidad y la informalidad están alcanzando a sociedades occidentales hasta ahora baluartes del pleno empleo y el Estado de bienestar".

Ante todo: ¿qué es eso de la "utopía neoliberal"? ¿Dónde está? Si tiene algún sentido, debe referirse a un mundo donde la coacción política y legislativa ha desaparecido. El profesor Beck no puede no saber que eso no ha sucedido en ninguna parte del planeta.

Es indudable que los trabajadores en muchos países de Occidente sufren privaciones múltiples empezando por el desempleo, pero lo que no puede afirmarse es que ese desempleo deriva de un liberalismo que ni existe ni ha existido. Precisamente como no existe ni ha existido, decir que las sociedades occidentales han sido "baluartes del pleno empleo" es distorsionar la realidad, y en el caso de España es sencillamente delirante. En cuanto al Estado del Bienestar, el profesor Beck no puede no saber que ha entrado en crisis por su propia dinámica de crecimiento insostenible, y no en los últimos tiempos, porque los países nórdicos la afrontaron hace años ya. Ni una palabra dedica, por cierto, a los costes de esa supuesta maravilla solidaria.

Entonces, al tiempo que muchos brasileños prosperan relativamente, don Ulrich se alarma porque hay paro en Occidente, pero no se alarma ante las causas del paro: lo atribuye al liberalismo y se queda tan ancho y tan progre.

Cuando uno cree eso, entonces ya puede creer cualquier cosa. Por ejemplo, el doctor Beck vuelve con la consigna de que el capitalismo sólo sobrevive si el Estado recorta los derechos y libertades de los ciudadanos; expresa así este viejo camelo, común a izquierdas y derechas: "el adversario más poderoso del capitalismo es precisamente un capitalismo que solo busque la rentabilidad". No hay nada que haya justificado semejante bobada nunca: es un puro invento de los defensores, precisamente, del mayor adversario del capitalismo: la coacción política y legislativa, y el consiguiente quebrantamiento de los derechos individuales, la propiedad privada y los contratos voluntarios.

Pues nada, ahí va don Ulrich desbarrando como desbarra el pensamiento único desde hace décadas, y sostiene que para proteger el capitalismo hay que... socializarlo.

Y entonces, va y suelta una gran propuesta para que todo vaya divinamente. Su receta consiste en (vamos ¿no lo adivina?)... subir los impuestos.

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