Cumbre europea

España e Italia ganan su primera final

El azar ha querido que en la misma semana España e Italia se enfrenten a dos retos, uno económico y otro deportivo, de la mayor significación en sus respectivos ámbitos. La Cumbre Europea ha sido un éxito de Rajoy y Monti, que han hecho valer su tesis cortoplacista para salvar de la ruina inminente a sus respectivas administraciones. Al contrario que el próximo domingo, en que las selecciones de fútbol de ambos países tendrán que dirimir quién es el campeón de la Eurocopa, en los salones de Bruselas España e Italia han jugado en el mismo equipo, un torneo de dobles en el que se proclamaron victoriosas bajo la atenta mirada de Angela Merkel, la colegiada del partido que en esta ocasión se ha mostrado algo más generosa de lo habitual.

Rajoy ha prescindido en su batalla contra los prusianos de estériles debates sobre el falso nueve para atacar la defensa de Alemania con toda su artillería, sin dejarse nada en el vestuario. Venía anunciando desde hace semanas que la reunión del Eurogrupo era una final que España, con la ayuda de Italia, tenía que ganar para seguir viva en la competición como un país con posibilidades de sobrevivir a esta crisis y el resultado final le ha dado la razón.

Sólo cabe esperar que al Gobierno no le pase como a los malos equipos, que ganan una vez un torneo y se dedican a sestear viviendo de ese éxito ya caduco. España sigue en la cola de la clasificación general, y la única posibilidad para evitar el descenso a la liga de los países rescatados es hacer aquellas cosas que el sentido común exige y el sentido político impide por cálculo electoral. En la resolución favorable a los intereses comunes de esa dicotomía está la clave para saber si nuestro país puede seguir en liza con posibilidades de hacer un papel decoroso al final del campeonato.

Hay margen para mejorar nuestro desempeño en esta competición contra la crisis a la que le quedan todavía muchas, muchas jornadas. El comienzo ha sido bueno, pero la salvación aún no está garantizada. En manos de Rajoy está que no nos convirtamos en el Villareal de esta durísima liga en la que, encima, no podemos recurrir a ningún Villarato. 

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