El balance

De austeridad, nada

El brutal déficit que sigue registrando el Estado en la primera mitad del año es una nueva prueba inequívoca de que la pretendida austeridad del sector público es del todo inexistente en España y, por tanto, una broma de muy mal gusto por parte de los irresponsables políticos del PP.

El Gobierno central acumuló un desvío presupuestario del 4,04% del PIB hasta el pasado junio, lo cual equivale a 43.078 millones de euros en términos de Contabilidad Nacional, ni más ni menos que un 53,7% más que en el mismo período de 2011, superando ya de lejos el objetivo del 3,5% del PIB que tiene fijada la Administración Central para todo 2012.

En concreto, el Estado gastó el doble de lo que ingresó por vía fiscal durante los seis primeros meses del año, algo a todas luces insostenible para cualquier familia o empresa que quiera evitar la suspensión de pagos. El gasto no financiero -excluyendo los intereses de la deuda- alcanzó los 87.957 millones de euros, un aumento interanual del 17,6%, mientras que los ingresos se situaron en 44.879 millones, un descenso del 4,1%. Es decir, el Gobierno está gastando más e ingresando menos que el pasado año, lo cual no sólo es inexcusable sino que, además, pone de manifiesto que la estrategia de Montoro para reducir el déficit, consistente en subir impuestos como nunca nadie lo había hecho antes en España, está fracasando de forma estrepitosa.

Hacienda asegura que, pese a todo, cumplirá con el déficit del 3,5% del PIB a finales de año, ya que el actual descuadre responde a las transferencias adelantadas a las comunidades autónomas y a la Seguridad Social, que prevé compensar en los próximos meses. Esta corrección es del todo improbable si se tiene en cuenta que muchas autonomías son insolventes -no son meros problemas de liquidez- y, de hecho, el Ejecutivo intentará acudir a su rescate con otros 25.000 millones de euros, al tiempo que la destrucción de empleo no permitirá reducir los números rojos de la Seguridad Social.

España tiene que reducir su déficit público desde el 8,9% del PIB en 2011 hasta el 6,3% este ejercicio, tras la nueva relajación del ajuste fiscal concedida por Bruselas. Aunque Rajoy vendió esta suavización como un auténtico logro, en realidad, se trata de un fracaso histórico y de un nuevo engaño a sus electores. Así, cabe recordar que, tras llegar al poder, se comprometió a reducir el déficit hasta el 4,4% del PIB, tal y como inicialmente exigía la UE. Retrasar este objetivo no sólo ha disparado la desconfianza entre los inversores sino que, una vez constatado que el déficit no está cayendo durante su mandato, ha tumbado por completo la gran promesa electoral del PP: austeridad por encima de todo. Pues bien, de austeridad, nada de nada. El Gobierno sigue instalado en la enfermedad del despilfarro y, por tanto, el PSOE se equivoca de plano al decir que los recortes están agravando la crisis. Todo lo contrario. En 2011, el sector público gastó casi un 15% más que en 2007, en pleno auge económico, mientras la recaudación se desplomó un 13%. Nada augura que el PP vaya a corregir esta tendencia suicida, cuya última parada será o bien el rescate total o bien la salida del euro.

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