
Si los bancarios que hay en nuestra sucursal son verdaderos profesionales que miran no sólo por el beneficio de su entidad sino también por el de sus clientes, basta con preguntarles a ellos: "¿Este producto rentable que me ofrece, es un depósito a plazo fijo garantizado por el Fondo de Garantía de Depósitos?".
Si la respuesta es afirmativa, lo segundo que deberíamos hacer es leer la letra pequeña del contrato con atención y asegurarnos de que en la descripción del producto se mencionan las palabras "depósitos a plazo" o "imposición a plazo fijo".
Sin embargo, nadie discute a estas alturas que no siempre el personal comercial de las oficinas hace bien su trabajo en materia de asesoramiento. El cliente ha depositado su confianza en empleados que no cobran por recomendar lo mejor para el cliente, sino por vender lo que su banco les dice. Por eso, a las oficinas hay que acudir con la idea de que vamos a comprar productos financieros, no a que nos informen de lo mejor para nuestras necesidades.
Si tenemos en mente contratar un plazo fijo, producto que entendemos y sabemos más seguro, es porque no estamos dispuestos a asumir pérdidas en nuestro dinero ahorrado. Por eso, tenemos que tener claras sus características y saber diferenciarlo de otros similares pero mucho más complejos o arriesgados.
Un depósito o imposición a plazo fijo es un producto financiero que consiste en paralizar nuestro dinero durante un tiempo determinado (días, meses o años) pactado en el momento de su contratación; a cambio de este compromiso, el banco nos ofrece un interés conocido, que puede ser abonado de forma periódica o al vencimiento, junto al capital. Si en algún momento anterior al vencimiento queremos recuperar el dinero, podremos hacerlo pagando una comisión por cancelación anticipada, que nunca podrá superar los intereses devengados (por tanto, no perderemos capital en ningún momento).
Plazo determinado, intereses conocidos, ausencia de riesgo en el capital invertido y la protección del Fondo de Garantía de Depósitos: estos son los puntos clave de cualquier imposición a plazo fijo. Asumimos cobrar unos intereses menores que los de otros vehículos de inversión a cambio de no asumir riesgos.
Si tenemos claro estos puntos, de nada servirán los esfuerzos del comercial bancario para intentar colocarnos un producto "similar" a un depósito pero "más rentable". Entre los productos financieros que nos pueden intentar vender como depósitos sin serlo, podemos citar:
No debemos firmar nunca ningún contrato sin haber leído antes la letra pequeña y, en caso de dudas, habernos informado con profesionales y fuentes independientes. Cuesta mucho ahorrar para después perderlo por un exceso de confianza en el banco de turno.
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