Los gobernadores de bancos centrales tienen un lenguaje propio. Como los cronistas taurinos, pero sin el asomo de la belleza de su lenguaje. Mario Draghi ha cuidado especialmente sus palabras para que los periodistas especializados las descodifiquen y se las sirvan a los lectores con titulares más comprensibles. El titular que me merece la rueda de prensa del italiano ya lo han leído: Mariano Rajoy ya puede decir adiós a su torpe pretensión de querer salir de la crisis sin poner boca abajo el sistema político y económico español. El mercado no se cree la poda cosmética del Estado. El presunto control de las autonomías empieza a hacer aguas. España se ha convertido en una gran amenaza para el mantenimiento del euro. Y "el euro es irreversible". Nos lo ha dicho el propio Draghi.

Mariano Rajoy ha alcanzado en Europa las cotas de prestigio y credibilidad de Silvio Berlusconi. José Luis Rodríguez Zapatero acabó comprobando que negar la crisis y hablar de confianza no podía cambiar la realidad; una realidad que él aseguró con sus decisiones. Mariano Rajoy está empezando a darse cuenta de que repetir mil veces que controlará el desfase fiscal español tampoco es suficiente. Todos se han dado cuenta de que Rajoy es un cobarde y que no se atreve a reformar de verdad el Estado.

Por eso Christine Lagarde ha dicho que España ya no tiene que hacer nada más. Porque no puede hacer ya nada más que convenza a los mercados, o al menos Rajoy no está dispuesto. Y por eso Mario Draghi condiciona la compra de bonos, el maná que esperaba nuestro Presidente para mantener el régimen español, a que nuestro gobierno entregue formalmente su soberanía a Europa.

Fuera ya nos ven como un país intervenido. Aquí deberíamos asumirlo cuanto antes.

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