Trabajar más y quejarse menos

La mujer más rica del mundo: "No hay un monopolio para convertirse en millonario"

La empresaria australiana Gina Rinehart tiene una fortuna de 29.170 millones de dólares.

Georgina Rinehart |Efe
LM/AGENCIAS

La empresaria australiana Gina Rinehart, considerada por la revista local Business Review Weekly como la mujer más rica del mundo -aunque según Forbes ocuparía el cuarto puesto-, ha desatado la polémica en Australia al afirmar que aquéllos que se quejan de su situación y envidian a los ricos deberían trabajar duro y pasar menos tiempo en los bares. Esta supermillonaria, desconocida para muchos, paradójicamente heredó su fortuna. Es la presidenta y propietaria de la empresa minera Hancock Prospecting y su fortuna asciende a unos 29.170 millones de dólares (24.000 millones de euros).

Rinehart critica en un artículo publicado en la revista Australian Resources and Investments las políticas "socialistas" de su Gobierno de elevados impuestos, que, a su juicio, no contribuyen a generar empleos y espantan a los inversores hacia otros destinos. Otra de sus recomendaciones para crear empleo es "bajar los salarios mínimos" de los australianos.

"Si quieren ayudar a los pobres y a las siguientes generaciones, den la bienvenida a las inversiones. Como prueba, miren la alternativa. Se llama Grecia", defiende la magnate australiana. "Los millonarios y multimillonarios que deciden invertir en Australia son en realidad los que más ayudan a los pobres y a nuestros jóvenes", añade Rinehart, quien considera que "no hay un monopolio para convertirse en millonario". Y añade: "Si tienen envidia de aquéllos que tienen más dinero, no se sienten a lamentarse, hagan algo para ganar más dinero por sí mismos, pasen menos tiempo bebiendo, fumando y pasándolo bien y más trabajando duro", apostilla.

El ministro de Finanzas australiano, Wayne Swan, no ha tardado en responder y criticar las palabras Rinehart. "Estos comentarios son un insulto para los millones de trabajadores australianos que trabajan y sudan sangre para alimentar a sus hijos y pagar las facturas", respondió.

Esta australiana ha hecho avances importantes sobre la fortuna que le dejaron. Heredó de su padre, Langley Hancock, un canon anual tras su negocio con la multinacional Rio Tinto y que asciende a 250 millones de dólares; la mina de hierro Hope Downs, que aporta unos beneficios anuales de 1.500 millones, y la venta de yacimientos, que en los últimos meses le ha supuesto unos ingresos extra de más de 2.700 millones.

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