Emigrantes de éxito

"Me marché al Caribe para prosperar y ahora llego muy bien a fin de mes"

La crisis económica hizo que Joaquín, dentista de profesión, buscara suerte en el Caribe. Ahora la crisis es un triste recuerdo.

La isla de Saint Martin es conocida por cómo los aviones casi aterrizan en la playa | Joaquín España

Joaquín España-Heredia Jimena es un joven malagueño de 26 años licenciado en Odontología que ejercía su profesión en Madrid. Los primeros años de dentista, casi aprendiz, tras terminar la carrera fueron buenos. Consiguió trabajo en algunas franquicias de dentistas. Vitaldent y en Caredent, aunque el impacto de la crisis fue terrible para la profesión.

Dentistas como él vieron cómo sus ingresos se reducían a menos de la mitad. Y pasó de ser prácticamente becario dosmileurista a profesional a duras penas mileurista. La pérdida de poder adquisitivo de los españoles ha golpeado a todos los sectores y Joaquín describe con dureza el que ha sufrido el suyo. "Las perspectivas de futuro en España eran mantenerme como un mileurista", explica, y añade que "como único horizonte tenía el hacer algún master –de 30.000 o 40.000 euros- para tratar de acceder a algún empleo algo mejor remunerado".

El caso es que antes del estallido de la crisis, dice Joaquín, las estadísticas hablaban por sí mismas, Odontología era la carrera con "mejor salida y mejor remuneración. Encontrabas trabajo el primer mes tras licenciarte y ganabas entre 3.000 y 4.000 euros al mes". Ahora eso forma parte de la historia.

Así, Joaquín que hace un año trabajaba en dos clínicas franquicias al mismo tiempo para facturar 1.000 euros mensuales, decidió poner cartas en el asunto. "Viendo que no tenía perspectivas de mejorar mi nivel profesional ni económico, que no tenía acceso a créditos y que peligraba mi sueño de tener algún día mi propia clínica, entré en Internet y comencé a buscar ofertas de trabajo dentro de la Unión Europea."

(Joaquín trabaja en la Clínica Cabinet des caraibes cabinet dentaire en Saint Martin | Joaquín España)

En cualquier caso, Joaquín España-Heredia recuerda que siempre ha querido "volar solo". Su padre tiene una clínica en Málaga, pero ha preferido escribir su propia historia profesional, al margen de "las faldas de papá". "Mi situación, en cualquier caso, es de casi un privilegiado. Reconozco que el hecho de que mi padre posea una clínica me proporciona un colchón de seguridad con el que otros colegas de profesión no cuentan, pero creo que cualquiera que quiera, si le pone interés, puede conseguirlo."

Tras decidirse, entró en internet –"porque en internet está todo"- y buscó ofertas de trabajo dentro de la Unión Europea. "Miré en Alemania, Francia e Inglaterra. Yo hablo un poco de francés y algo de inglés. Lo bueno de Francia es que me pagaba los cursos de francés y me interesé más por Francia".

En esto que, entre oferta y oferta, encontró una en una pequeña isla situada en el mar Caribe, Saint Martín. Algo más pequeña que Lanzarote, Saint Martín está dividida en dos, la mitad norte es la colectividad de ultramar francesa de Saint Martín, formada en 2007. Fue después de que el departamento de ultramar de Guadalupe lograra la secesión. La parte sur pertenece a Holanda. Hasta octubre de 2010 formaba parte de las Antillas Neerlandesas.

Al ser territorio Francés, su DNI español le sirve para trabajar en suelo de la Unión Europea, aunque éste se sitúe en el Caribe, a algo más de 200 kilómetros de Puerto Rico. Las condiciones laborales, el clima y las playas sedujeron a Joaquín. Pero lo que más le sedujo fue el sueldo. Pasaría a cobrar prácticamente el cuádruple de lo que ganaba en Madrid.

"Vi la oferta, contacté con la clínica, rellené todos los documentos necesarios y en tres meses ya estaba aquí trabajando". Las condiciones laborales eran definitivamente más agradables, "se trabajan menos horas, aunque hay mucho mucho trabajo, con lo que puedes ajustarte los horarios a medida. Yo puedo abrir y cerrar mi agenda cuando quiera. Además, hay pacientes de habla hispana e inglesa también. Es muy divertido, un día atiendes a un hindú o a un chino, un australiano, un jordano o un libanés. Hay gente de todas las partes del mundo, es una isla muy divertida".

Lo que peor llevó Joaquín al llegar a Saint Martín, reconoce, que fueron los mosquitos –"el primer mes te matan y luego te adaptas"-. En cambio, al clima caribeño (26-29 grados) y las playas paradisíacas la adaptación fue casi instantánea.

Joaquín destaca de su aventura Caribeña que no deja de ser una "experiencia y una motivación" que le hará perfeccionar un idioma y poder hacer unos ahorros para, quién sabe, dentro de un tiempo poder montar una clínica. ¿Dónde montarla? Querría en España, pero no se cierra ninguna puerta. 

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