Krugman recomienda a Obama elevar el IRPF al 91% en EEUU

El Nobel recomienda que las rentas altas en EEUU paguen impuestos "como en los años 50".

En una de sus últimas columnas en The New York Times, el Premio Nobel de Economía Paul Krugman ha defendido que las rentas altas vuelvan a pagar impuestos "como en los años 50". En su artículo, titulad The Twinkie Manifesto, Krugman dice que, "al contrario de lo que afirma la ortodoxia de la derecha, se puede tener prosperidad sin depauperar a los trabajadores y sin hacerle mimos a los ricos".

Krugman rememora con nostalgia los años en los que las rentas más altas "pagaban un 91%" y las empresas "tributan el doble que hoy". El economista aplaude que en los años 60 se hubiese mantenido parte de estas recetas, subrayando que "en 1960, el 0,01% más rico pagaba un impuesto efectivo sobre la renta de más del 70%".

Citando ejemplares antiguos de la revista Fortune, Krugman explica que los estadounidenses más ricos se vieron obligados durante estos años a llevar una vida más modesta. A continuación, añade que "hoy han vuelto con más fuerza que nunca las mansiones, los ejércitos de sirvientes y los yates [...] Y cualquier propuesta encaminada a frenar este estilo de vida plutocrático es recibida con gritos de ¡socialismo!".

Krugman concluye su alegato con la siguiente afirmación: "Sigue habiendo mucha gente que añora los días en que los gays se quedaban en el armario y las minorías y las mujeres se quedaban en su sitio [...] pero muchos estamos contentos de que esos días hayan acabado. Eso sí: hemos olvidado que la justicia económica y el crecimiento económico no son incompatibles".

Los resultados de sus recomendaciones

Numerosos economistas han explicado que el incremento de los tipos impositivos no siempre conlleva un aumento de la recaudación fiscal. La curva de Laffer nos indica que existe un punto de resistencia a partir del cual las subidas tributarias dejan de generar más ingresos al Fisco. Aunque Krugman lo desconozca, Estados Unidos es un buen ejemplo de esto. La siguiente gráfica muestra que los elevados tributos aplicados a las rentas más altas durante los años 50 y 60 generaban la misma recaudación que el actual gravamen del 35%.

Es importante señalar, eso sí, que aplicar una fiscalidad confiscatoria como la que propone Krugman tiene importantes efectos secundarios. En primer lugar, semejantes subidas tributarias generan incentivos contrarios al emprendimiento y al trabajo. En segundo lugar, este tipo de estallidos fiscales anima la fuga de talento y de capitales. Por ambos motivos, cabe entender que la propuesta de Krugman no tendrá efectos recaudatorios, pero sí se traducirá en una progresiva sangría económica.

Krugman también sugiere que doblar el Impuesto de Sociedades podría ser otra buena forma de conseguir la "justicia económica" de la que habla en su artículo. No obstante, semejante receta tendría consecuencias muy similares a las que hemos descrito para el Impuesto sobre la Renta. Entre 1985 y 2010, los países de la OCDE pasaron de fijar el tipo máximo del Impuesto de Sociedades del 45% al 25%. Durante este mismo periodo, la recaudación tributaria, medida en porcentaje del PIB, se mantuvo entre el 2,5% y el 3%, niveles similares e incluso superiores a los registrados entre 1965 y 1985.

Lo que no cuenta Krugman

Curiosamente, Krugman omite en su comentario algunos datos realmente preocupantes del sistema tributario estadounidense. Por ejemplo, el Premio Nobel cuenta a sus lectores que el porcentaje de estadounidenses que están exentos de pagar el Impuesto sobre la Renta ha pasado del 25% registrado en 1955 al 49,5% de 2009. Tampoco dice que el 10% más rico contribuye hoy siete de cada diez dólares recaudados por el Impuesto sobre la Renta.

Tampoco menciona que la fiscalidad soportada por las empresas estadounidenses es claramente superior a la del resto de países de la OCDE. El 39,26% de EEUU contrasta con el 25,45% del resto de países desarrollados. Esto sugiere que el país norteamericano puede estar alimentando su propia deslocalización y desindustrialización manteniendo una fiscalidad empresarial tan poco competitiva.

Otro dato que no menciona Krugman es que en 1950 la recaudación tributaria del Gobierno federal cayó al 14,4%, por debajo del 15,1% registrado en 2010. En este sentido, los datos vuelven a demostrar que el modelo que añora el columnista de The New York Times ni siquiera es eficiente desde el punto de vista recaudatorio.

¿Un flat tax para Estados Unidos?

Sin importar los tipos tributarios fijados, la recaudación fiscal en Estados Unidos desde la II Guerra Mundial jamás ha superado el 21%. De hecho, la recaudación media durante este periodo fue de poco más del 18%. Tomando este dato como referencia, el país norteamericano podría imitar el modelo del flat tax. Este sistema tributario se basa en eliminar buena parte de los impuestos secundarios y fijar dos o tres gravámenes generales (normalmente Impuesto sobre la Renta, Impuesto de Sociedades e IVA) con un tipo bajo y único, aplicable a la mayoría de los contribuyentes.

A finales de 2011, el aspirante republicano a la Presidencia Herman Cain propuso el Plan 9-9-9. La propuesta consistía en abolir todos los impuestos actuales y fijar únicamente tres (Renta, Sociedades e IVA) al 9%. Otra propuesta similar, el fair tax, sería aún más simple: eliminaría todo el código fiscal y, simplemente, introduciría un IVA al 23%. En ambos casos, la recaudación no sufriría grandes modificaciones, pero la economía recibiría el impacto beneficioso de un sistema tributario sencillo y menos obstruccionista.

Para saber más sobre este y otros asuntos de actualidad económica, consulte el blog de Diego Sánchez de la Cruz en Libre Mercado, únase a su página de Facebook o siga su cuenta en Twitter.

El Nobel de Economía, Paul Krugman | Archivo

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