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España está a punto de cerrar su histórica brecha exterior

Desde julio, acumula un superávit exterior de 8.000 millones de euros. En 2013, podría registrar el primer saldo positivo de la era euro.

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Puerto de Algeciras | Archivo

La crisis española se explica por múltiples factores, pero un indicador resume, en gran medida, el intenso desajuste que sufrió la estructura productiva nacional durante los felices años de la burbuja inmobiliaria: el déficit exterior.

Entre 2002 y 2007, España fue acumulando un creciente déficit exterior, ya que cada vez vendía menos al extranjero (exportaciones) y compraba más (importaciones), con lo que su deuda externa fue en aumento. Este desequilibrio se refleja en un indicador muy concreto, el déficit por cuenta corriente, que en 2007 alcanzó un récord histórico próximo al 10% del PIB. Es decir, el conjunto del país precisó ese año una financiación exterior cercana a 100.000 millones de euros para sufragar su nivel de consumo e inversión.

Sin embargo, esta brecha se ha ido reduciendo, sobre todo en los últimos trimestres. De hecho, el pasado verano, la economía española vivió un punto de inflexión, ya que dejó de depender del crédito externo por primera vez en muchos años. Desde entonces, la balanza de pagos no ha dejado de mejorar. Según los últimos datos publicados por el Banco de España, el déficit por cuenta corriente se redujo hasta los 13.132,5 millones de euros en los once primeros meses de 2012, casi un 61% menos que en el mismo período de 2011, cuando esta brecha ascendía a 33.585,7 millones.

Pero lo más relevante radica en la evolución de los últimos meses. La balanza por cuenta corriente presentó saldo positivo en los meses de julio, agosto, octubre y noviembre (último dato publicado), lo cual significa que el conjunto de hogares, empresas y sector público gastó menos de lo que ingresó, de modo que España pudo amortizar parte de la elevada deuda externa acumulada durante la burbuja. En noviembre, precisamente, la economía española registró un superávit de 1.777,4 millones de euros, frente al déficit de 1.926,4 millones de un año antes, la mejor balanza por cuenta corriente desde 1990, cuando arranca la serie histórica.

El saldo agregado de las cuentas corriente y de capital, que mide la capacidad o necesidad de financiación de la economía española, registró un superávit de 2.655 millones de euros en noviembre. En apenas cinco meses, desde el pasado julio, España acumula un superávit exterior próximo a los 8.000 millones de euros. Y ello, a pesar de que el sector público sigue presentando unos abultados números rojos.

Como resultado, España tan sólo precisó un crédito externo de 7.328,3 millones durante los once primeros meses de 2012, un desplome del 74% con respecto al mismo período de 2011, cuando la necesidad de financiación ascendió a 28.263 millones de euros. De mantenerse esta tendencia, el país registrará superávit exterior en 2013, el primero de la era euro.

Menos deuda externa

El constante déficit exterior que fue sumando España durante los años de expansión crediticia acabó generando una creciente deuda externa, cuyo nivel máximo se alcanzó en el segundo trimestre de 2011, algo más de 982.000 millones de euros en términos netos, casi el 100% PIB. "Desde entonces, y a medida que se ha ido corrigiendo el déficit exterior y, por tanto, hemos pasado de necesitar financiación a tener capacidad de financiarnos, esta deuda neta con respecto al resto del mundo se ha ido reduciendo", tal y como señala Rafael Pampillón, miembro del Instituto de Empresa (IE).

En concreto, la deuda externa neta ha bajado en 26.400 millones de euros entre el segundo trimestre de 2011 y el tercero de 2012, y todo indica que seguirá cayendo en los próximos meses, a la vista de la buena evolución que experimenta el sector exterior.

Balanza comercial

Este buen resultado se debe, básicamente, a la clara mejoría de la balanza comercial y al intenso ajuste que han llevado a cabo familias y empresas. La creciente internacionalización de las compañías, la reducción del consumo interno (un 15% desde que estalló la crisis) y la contención de salarios y precios están permitiendo mejorar la competitividad y productividad de la economía nacional, a pesar de que el sector público sigue gastando mucho más de lo que ingresa.

Según el último informe del Ministerio de Economía, el déficit comercial se situó en 29.463,3 millones de euros hasta noviembre, un 29,5% menos que en el mismo período de 2011, gracias al aumento de las exportaciones (3,7% interanual) y la caída de las importaciones (-2,1%).

De este modo, la balanza comercial registró una tasa de cobertura del 87,4%, unos 5,5 puntos superior a los once primeros meses de 2011 (81,9%), y muy alejado ya del 66% propio del inicio de la crisis. Se trata del mejor dato registrado entre enero y noviembre desde 1988. La tasa de cobertura es el porcentaje de importaciones que pueden pagarse con las exportaciones, de modo que las ventas de España al exterior están cerca de cubrir el coste de sus compras. Si se tiene en cuenta sólo noviembre, esta tasa se situó en el 93,4%.

En este ámbito destacan, principalmente, dos factores. En primer lugar, la diversificación de las exportaciones españolas: las ventas a países de la UE no pertenecientes al euro (un 13,2% del total) crecen un 3,6% interanual; a destinos extracomunitarios (37,1% del total) aumentan un 14,4%; a América del Norte, un 14%; a América Latina, un 16,9%; a África, un 30,8%; a Asia, un 14,1%; y a Oriente Medio, un 10,8%. Por el contrario, dada la debilidad económica de Europa, las exportaciones a la UE (62,9% del total) bajan un 1,7% interanual, y a la zona euro (49,7% del total) un 3%.

En segundo lugar, la balanza de servicios registró un superávit de 36.991,9 millones hasta noviembre, un 14% más que en el mismo período de 2011, gracias al aumento del saldo positivo de turismo y viajes y, sobre todo, a las exportaciones de servicios no turísticos, que aumentaron un 11,6% interanual, tales como comunicaciones, informática, servicios ligados a la construcción, seguros o royalties.

Todo ello muestra, por un lado, el fuerte ajuste realizado por las familias y empresas para equilibrar su cuenta de ingresos y gastos y, por otro, el intenso esfuerzo de las empresas españolas por abrir nuevos mercados en el exterior ante la debilidad de la demanda interna.

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