Estado de la Nación

Lo nuclear

Me da la impresión de que, si no olvidado, quedó cuando menos ensombrecido. Tengo que manifestar que el discurso del presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados, sobre el estado de la Nación, me gustó. Es decir, lo encontré correcto en su estructura, bien en la forma parlamentaria y hasta aceptable en el fondo. Hubo de todo un poco, en la dosis correcta.

Una escueta pincelada a lo recibido, mucho peor de lo dicho y de lo esperado, un halo de gloria a lo hecho, sin cargar demasiado la mano, y una serie de medidas que se propone poner en marcha en el año 2014, sin justificar por qué razón hay que dejar pasar diez meses para su implantación.

Alguna medida, reconozco que me ha fascinado. Es el caso de la que pretende aumentar la iniciativa empresarial, incluyendo disciplinas de este carácter en los estudios. Ello, cuando el país está plagado, por fortuna, de empresarios –sólo llamo así a los que ejercen en un mercado libre y competitivo– que simplemente completaron sus estudios de graduado escolar o, como máximo, de bachillerato, los cuales han sido creadores de grandes y fructíferas empresas, modelos para los que se refugian en su educación superior.

Los estudios son útiles, para la formación en el conocimiento, para la formación humana y social, y proporcionan las herramientas para manejar las funciones de la actividad empresarial: control financiero, promoción comercial, gestión de recursos humanos, incorporación de tecnología, etc.

Pero el empresario es mucho más que eso: empresario es el que ve lo que otros no ven, viviendo en el mismo mundo; es el que detecta la oportunidad y se afana para aprovecharla; el que descubre un resquicio para el negocio, que pasa inadvertido a la gente común y asume el riesgo para llevarlo a término. Eso, tristemente, no se estudia, se vive. Es cierto que ahora llamamos emprendedores a los que siempre fueron empresarios; si nos avergonzamos del nombre, difícil se presenta el camino.

Ahora bien, creo que el discurso del presidente omite la que para mí es la cuestión nuclear en el momento presente. Se trata del tamaño del gasto público, cuya contracción no sólo es necesaria sino urgente. Subir impuestos puede ser necesario a plazo inmediato, cuando las arcas están vacías y hay que cumplir con las obligaciones de pago, como fue el caso en el inicio del Gobierno del Partido Popular. Pero no es la solución al problema.

El propio señor Draghi instaba a nuestro Gobierno este lunes pasado a recortar el gasto, no a subir los impuestos. Es consciente de que subir los impuestos empeora la relación esfuerzo/renta, desincentivando aquel y frenando la expansión económica.

Comprendo que desde la izquierda pregonen aumentos de gasto y de impuestos, pese a la experiencia más reciente del Gobierno Zapatero, pero el Partido Popular debería tener otros objetivos, en bien de todos; también de la izquierda.

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