Unión monetaria

¿Cuánto va a durar el euro?

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¿Cuánto va a durar el euro? Esta pregunta hoy se vuelve nuevamente pertinente, no porque los mercados estén volviendo a apostar por la ruptura de la unión monetaria europea, sino porque pueden estar sentándose las bases de la desaparición de la moneda única a medio plazo, con tanta insistencia en que los alemanes sigan pagando las facturas de Europa.

El euro está desempeñando un papel muy importante en la actual crisis económica internacional, en tanto en cuanto es uno de los elementos que está impidiendo que los países miembros de la UE den a la misma una respuesta basada en el proteccionismo, el nacionalismo económico y las devaluaciones competitivas, como ocurrió durante la Gran Depresión, la cual viene explicada, fundamentalmente, por esta razón. ¿Alguien se puede imaginar cómo serían en estos momentos las cosas en Europa si a los esfuerzos de unos por ganar competitividad otros respondieran con devaluaciones de sus monedas o con restricciones al libre comercio? Mejor no pensarlo. Quiero decir con ello que el euro, con todos los defectos que tiene, lo mismo que la UE, al final está cumpliendo la misión para la que, en última instancia, fue creado. De hecho, y hasta la llegada de la crisis, todos menos los británicos, los daneses y los suecos querían estar dentro de él, y ahora, en plena crisis, quienes están fuera, como los islandeses, consideran seriamente la incorporación a la moneda única porque fuera de ella hace mucho frío. Desde esta perspectiva se podría decir que el euro goza de buena salud.

¿Qué es, entonces, lo que lo amenaza? Pues las actitudes de los políticos que no quieren hacer lo que tienen que hacer, ni siquiera por el bien de los ciudadanos. En Grecia no hay forma de que reduzcan el gasto público y lleven a cabo las privatizaciones necesarias para acabar con sus problemas financieros; Italia ahora vota en contra del saneamiento económico y el Gobierno español sigue de brazos cruzados, sin llevar a cabo los ajustes que necesita nuestra economía, a la espera de que los vientos internacionales soplen a nuestro favor. Pero lo peor de todo no es este rechazo a los ajustes, lo cual pone en peligro al euro, tal y como vemos estos días a través de la evolución de las primas de riesgo. Lo peor de todo es que detrás de estas actitudes subyace la idea de que los alemanes, por no se sabe qué razón, tienen que seguir pagando las facturas de Europa, sobre todo las del sur.

Y aquí es donde de verdad surge el problema. Ante estas actitudes, el nacionalismo económico es cada vez más fuerte en Alemania, y con él crece el rechazo a Europa en un país al que Helmut Kohl metió en el euro en contra de la opinión mayoritaria. En este contexto, la pregunta es cuánto tiempo tardará en surgir en Alemania un partido euroescéptico que pueda aglutinar un mínimo significativo de votos, suficiente para poder condicionar la política de los dos grandes partidos, la CDU y el SPD. Ese es el verdadero riesgo para el euro: que, de una u otra forma, los alemanes acaben hartándose de tanto cachondeo económico como hay por el sur de Europa y digan basta. Y en las circunstancias actuales es una posibilidad que ni mucho menos hay que desdeñar.

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