Obama obedece a Krugman y anuncia un nuevo 'sablazo fiscal'

Insiste en la necesidad de "subir los impuestos a los ricos" para atajar los problemas económicos y fiscales del país.

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Barack Obama acaba de presentar su propuesta para "equilibrar el presupuesto y hacer más justo el sistema tributario", según el máximo mandatario estadounidense. Lamentablemente, cualquier análisis serio del plan presentado por la Casa Blanca revela que el presupuesto de la Administración demócrata ni siquiera asume la necesidad de reducir el gasto público.

Concretamente, el plan de Obama aumenta el gasto y el déficit público de forma considerable. Los propios números presentados por el Gobierno hablan de aumentar los presupuestos en 247.000 millones de dólares. Aunque Obama ha anunciado que financiará este aumento del gasto con nuevas subidas de impuestos, dichos aumentos no serán suficientes para evitar un descuadre de 157.000 millones. El propio documento admite que el déficit público volverá a crecer a partir de 2018.

Maquillaje para exagerar los recortes

La nota de prensa enviada por la Casa Blanca ha exagerado enormemente los recortes de gasto. Aunque se ha intentado vender un ajuste de 1,2 billones de dólares, los propios datos del Gobierno demuestran que los recortes reales son seis veces menores (unos 186.000 millones, como podemos ver en las páginas 187-190 del documento oficial).

¿Cómo es posible semejante discrepancia? Muy fácil: Obama suma su recorte al ajuste presupuestario automático que se produjo hace algunas semanas con el llamado "secuestro presupuestario". Ya entonces, los ajustes fueron testimoniales, pero la Casa Blanca los presentó con notable alarmismo. La siguiente tabla desmonta semejante pánico, comparando la evolución del gasto con o sin "secuestro":

Lo que ha hecho Obama, por tanto, es pretender que esos ajustes forman parte de su propuesta presupuestaria, lo que le sirve para inflar notablemente el alcance de una "austeridad pública" que brilla por su ausencia. Otro truco empleado por la Casa Blanca pasa por asumir que el pago de intereses por la deuda pública estadounidense irá a menos, lo que parece poco probable ante el sombrío panorama monetario y económico del país norteamericano.

Sablazo fiscal

En realidad, el plan de Obama se nutre ante todo de un sablazo fiscal en toda regla. La Casa Blanca quiere aumentar la recaudación del Gobierno federal en 1,14 billones de dólares, lo que se traduce en 1 dólar de ajuste presupuestario por cada 6 dólares de nuevos impuestos.

¿Qué figuras serán revisadas al alza? Por un lado, los "impuestos al pecado" volverán a subir, esta vez para financiar un programa conocido como "Educación Pre-escolar Para Todos". La medida costará 76.000 millones, pero Obama quiere recaudar esa cifra con este nuevo aumento de los tributos especiales. La última vez que Obama tocó esta figura fiscal, la recaudación conseguida fue menor a la anunciada en 2.200 millones, generando un agujero en la financiación pública de la Sanidad.

Por otro lado, la clase media sufrirá una mayor inflación de la mano de una nueva medida del IPC que aspira a rebajar el cálculo oficial del aumento de los precios. Como esto ensancharía las bases de cotización del Impuesto sobre la Renta, los impuestos subirían en 124.000 millones de dólares, de acuerdo con la Oficina Presupuestaria del Congreso. A esto se unen más subidas en el impuesto más injusto y opaco de todos: la inflación.

Por último, el Gobierno de Obama, que cerró 2012 con un déficit público del 7% del PIB, ha vuelto a insistir en la necesidad de "subir los impuestos a los ricos" para atajar los problemas económicos y fiscales del país. La medida combinaría retoques de todo tipo en el Impuesto sobre la Renta, encaminados a reducir el alcance de las deducciones para así aumentar notablemente la presión fiscal sobre los hogares más acaudalados.

Este tipo de medidas, propuestas por economistas como Paul Krugman, ignora algunos aspectos fundamentales para abordar una reforma seria de la fiscalidad en EEUU:

Además de todo lo anterior, es importante señalar que continuar aumentando la presión fiscal a los ricos y elevar la retórica dirigida contra las personas de este nivel de ingresos contribuye a alimentar un clima social poco propicio para la creación de riqueza. Esto puede traducirse en decadencia económica, fuga de talento y de capitales, etc.

La alternativa: flat tax o fair tax

Como ya avanzó Libre Mercado en respuesta a las sugerencias de Paul Krugman, la recaudación fiscal en Estados Unidos jamás ha superado el 21% del PIB desde la II Guerra Mundial. De hecho, la recaudación media durante este periodo fue de poco más del 18%. Tomando este dato como referencia, el país norteamericano debería asumir que la mejor forma de conseguir un sistema tributario más sencillo y menos ineficiente pasa por adoptar el modelo del flat tax.

Este sistema tributario se basa en eliminar buena parte de los impuestos secundarios y fijar un tipo plano y único aplicable al Impuesto sobre la Renta. La Fundación Heritage ha elaborado una propuesta en esta línea, determinando que EEUU podría unificar el Impuesto sobre la Renta y las cotizaciones sociales bajo un único gravamen del 23%.

Una alternativa, conocida como fair tax, sería también digna de explorar: según la propuesta, esta reforma eliminaría todo el código fiscal y simplemente introduciría un IVA nacional al 23%. En ambos casos, la recaudación no sufriría modificaciones, pero la economía recibiría el impacto beneficioso de un sistema tributario mejor.

En Libre Mercado

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