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Alberto San Juan, capitalista

Desde luego que la sociedad en la que vivimos es injusta, pero no lo es por los 'capitalistas' a los que satiriza el artista español.

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Leí lo siguiente en un folleto sobre el estreno de Autorretrato de un joven capitalista español, monólogo escrito y dirigido por Alberto San Juan:

Soy capitalista. Tengo cuenta en un banco que especula con alimentos. Tengo un seguro médico privado. Tengo la luz contratada con una empresa que roba a sus clientes porque su objetivo es el máximo beneficio. Cuando trabajo cobro el sueldo más alto que pueda conseguir, sin preocuparme de cuál es el sueldo y el resto de las condiciones laborales de mis compañeros. Puedo ayudar económicamente a un amigo, pero nunca a costa de rebajar mi nivel de vida. Quiero preservar mi fama, mi cotización comercial, mis propiedades. La sociedad en la que vivo es injusta hasta la crueldad. Me gustaría que cambiase, pero no estoy dispuesto a perder en el intento aquello que he logrado acumular. Estoy hablando muy en serio.

La especulación con alimentos no sólo no tiene nada de malo sino que es muy buena, porque modera las fluctuaciones de los precios y permite a millones de modestos agricultores vender sus cosechas con anticipación. Es asombroso que don Alberto esté en contra, y aún más asombroso es que le parezca mal el seguro médico privado, cuyos suscriptores son benefactores de la sanidad pública, a la que financian con sus impuestos pero sin utilizar siempre todos sus servicios.

El máximo beneficio capitalista –es decir, en el mercado y sin intervención política– no se consigue robando sino brindando bienes y servicios de buena calidad a buen precio. Por eso el beneficio empresarial no sólo no está en contra de los ciudadanos sino que es lo que más los favorece. Y si la empresa de la luz de don Alberto le roba, sólo puede hacerlo si el Estado se lo permite, porque si hay competencia capitalista eso es imposible. Será bonito contar con don Alberto entre los defensores del libre mercado en la energía, un sector vastamente intervenido por las autoridades y, por eso mismo, poco capitalista.

No se entiende por qué al señor San Juan le parece mal cobrar lo más que uno pueda: lo hace todo el mundo y no tiene nada de malo, salvo que se demuestre que si yo cobro más eso empeora la situación de algún otro, lo que tiene poco sentido: si fuera cierto, entonces el éxito profesional de don Alberto se basaría en que perjudica a sus compañeros en sus ingresos y condiciones laborales, lo que es un desatino.

Tampoco es condenable ayudar al prójimo sin perjudicarnos a nosotros mismos. Y menos aún lo es querer preservar nuestro buen nombre y nuestros bienes. ¿Qué hay de malo en ello? ¿Es que don Alberto aplaudiría si él mismo pierde fama y propiedades?

Desde luego que la sociedad en la que vivimos es injusta, pero no lo es por los capitalistas a los que satiriza el artista español. La mayoría de los capitalistas que operan lo hacen sin dañar la justicia, y mucho menos dañándola sin consecuencias. Caso distinto son la opresión política, los impuestos, las prohibiciones y las multas establecidas por el poder, y los espurios beneficios empresariales acumulados a través de su intervención. Eso sí que es injusto hasta la crueldad, y es bueno criticarlo y cambiarlo, pero no tiene nada que ver con el capitalismo. Curiosamente, tiene que ver con el socialismo, ese sistema que muy rara vez condena el llamado mundo de la cultura.

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