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El Ministerio de Cultura estudia liberalizar el sector taurino

Pretende eliminar trabas burocráticas y reducir impuestos para que la tauromaquia desarrolle todo su potencial.

DIEGO SÁNCHEZ DE LA CRUZ
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El torero Jose Maríaa Manzanares | Archivo

Después de año y medio de trabajo, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha publicado un documento marco con el que aspira a liberalizar aspectos significativos del sector taurino. El proyecto se ha desarrollado en paralelo con la aprobación de la Ley 18/2013, que regula la tauromaquia como Patrimonio Cultural y aspira a blindar al sector de los ataques prohibicionistas. Dicha norma fue tramitada a raíz de una Iniciativa Legislativa Popular que recogió más de 600.000 firmas.

Según el departamento que encabeza José Ignacio Wert, las Administraciones deberán "impulsar normas y actuaciones que fomenten la unidad de mercado y la libertad de empresa en el ámbito de la tauromaquia, en consideración a los beneficios económicos, sociales y medioambientales que genera esta actividad". Como señala el documento, "la regulación de los festejos taurinos ha adolecido de un exceso de intervención, lo que dificulta la posibilidad de que los empresarios organicen carteles potencialmente más atractivos".

El impacto de la economía del toro en España se pone en valor cuando el Ministerio habla de "la generación de riqueza y empleo" que supone el arte de Cúchares. Al respecto, el documento subraya la "incidencia tangible" de la Fiesta Brava en ámbitos como la recaudación fiscal. Así las cosas, el Ministerio entiende que la tauromaquia "constituye una importante fuente de ingresos para las Administraciones Públicas, en concepto de ingresos fiscales, de percepción de tasas, cotizaciones a la Seguridad Social".

Los obstáculos que enfrenta el sector

Según el informe, que fue elaborado en colaboración con más de cuatro decenas de profesionales del sector, "existe una multiplicidad de competencias administrativas que se superponen a nivel vertical y horizontal. Esta proliferación lleva al reto de encontrar parámetros comunes y de colaboración". El Ministerio admite que "la regulación de los toros, al contrario que con otros espectáculos, no solamente se ocupa de los aspectos cotidianos de la organización de eventos, sino que también fija obligaciones artísticas". Dichos requisitos no siempre son compatibles "con la iniciativa empresarial y la libertad de creación", por lo que se llama a conseguir un marco más liberalizado.

En cuanto a los costes fiscales, el informe subraya que "existe toda una serie de factores que encarece la organización de los festejos, encareciendo el coste de asistencia, limitando las posibilidades empresariales y creativas, disminuyendo la rentabilidad…". El propio Ministerio habla de una normativa "rígida, intervencionista y controladora" que debe ser suprimida en favor de "prácticas y cláusulas en la elaboración de pliegos" que "se ajusten a los principios de la libertad de empresa".

Un ejemplo de esta problemática lo tenemos en Málaga, donde solamente cambiando el pliego la gestión pasó de pérdidas a beneficios entre 2012 y 2013, con la consecuente mejora en términos de ingresos fiscales.

El target sectorial

Como explica el documento, el perfil del espectador medio que asiste a la Fiesta de los toros es especialmente atractivo desde el punto de vista de la dinamización económica. Según los datos oficiales de la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales, "las mayores tasas de asistencia a las plazas se registran en el grupo de edades centrales, que comprende entre los 35 y los 54 años". Existe además un vínculo entre mayor asistencia y un nivel de estudios más elevado.

Esto engorda la derrama económica que dejan los espectáculos taurinos, ya que hablamos de un público que, a pesar de la crisis y de los precios razonablemente elevados de los festejos, sigue consolidando a los toros como un auténtico espectáculo de masas. Como muestra, un botón: solamente la madrileña Plaza de las Ventas convocó a cerca de 900.000 espectadores en 2013.

La economía del toro

Los mismos lobbies antitaurinos señalan que el impacto de la Fiesta de los toros sobre el PIB español asciende a más de 1.730 millones de euros. Este dato lo ha calculado Esquerra Republicana de Cataluña. La formación independentista también es responsable de un bochornoso informe en el que, de forma completamente arbitraria y con datos fuera de toda lógica económica, afirma que los toros reciben anualmente subvenciones por más de 500 millones de euros.

En cualquier caso, los 1.730 millones de PIB taurino que cita ERC son, indudablemente, una cifra importante. Eso sí: en sede parlamentaria se han discutido estos datos y, apelando a informaciones del Ministerio, se ha señalado que el impacto económico de la tauromaquia es aún mayor y se encuentra en el entorno de los 2.500 millones de euros.

En términos de recaudación fiscal, los toros son el acontecimiento cultural que más ingresos reporta a Hacienda. Tomando datos de 2011, vemos que la tauromaquia dejó 350 millones de euros por IVA en plazas de primera, segunda y tercera. Esto contrasta con los 80 que generó el cine español. Para un periodo de estudio más amplio, podemos señalar que los toros generan una recaudación por IVA cinco veces superior a la del cine made in Spain o tres veces mayor que las funciones teatrales celebradas en nuestro país.

Cierto es que el pinchazo de la burbuja inmobiliaria ha corregido la evolución alcista del sector en los años anteriores. No obstante, el 90% de los festejos que dejan de celebrarse desde 2008 tenían lugar en plazas de tercera. Por tanto, está en juego la llamada "destrucción creadora" que tan bien explicó Joseph Schumpeter. Lamentablemente, esto se traduce en pérdida de oportunidades para jóvenes toreros y novilleros.

De cara a 2014, el sector cuenta con un as bajo la manga: la reaparición de José Tomás. Como explica el profesor Juan Medina, de la Universidad de Extremadura, "desde la reaparición de José Tomás en el año 2007, más de 900.000 personas han asistido a sus corridas. Contar con su nombre en los carteles supone para una ciudad un impacto económico de 1,5 millones de euros. Esta cifra multiplica por cinco el caché estimado del diestro, y pone de manifiesto una extraordinaria creación de valor que beneficia no sólo a la empresa que lo contrata, sino también y principalmente, a todo el área de influencia de la feria. Esta formidable rentabilidad se sustenta en su capacidad de trascender cada corrida como un acontecimiento único. La conmoción que provoca allí donde torea atrae públicos de todo el mundo, sensibles ante el hombre que apura hasta el fondo el vaso de su destino".

Mientras José Tomás se prepara para el regreso, los toreros con más cartel son Morante de la Puebla, Julián López El Juli, Alejandro Talavante, José María Manzanares y Miguel Ángel Perera. Por poner un ejemplo: las tardes en las que se anuncia a Manzanares registran una asistencia media superior al 90%.

Al margen de las figuras, los grandes ciclos taurinos son los centros de más negocio de la temporada. Como explica Juan Medina, "la feria de San Isidro moviliza una cifra de negocio de 50 millones de euros para Madrid. De este total, 13,8 millones corresponden a la venta de entradas, 11,4 millones a los efectos indirectos derivados de los gastos en hostelería, alojamiento y transporte, y finalmente 24,5 millones a las transacciones intersectoriales que se inducen en la economía madrileña para poder satisfacer la demanda creada".

¿Y qué hay de las ganaderías?

Como señala el criador Victorino Martín, "si cae el toro, cae la Fiesta". En los últimos años, el mundo ganadero no se ha quedado al margen de la crisis. No obstante, la evolución es diferente según el encaste: para las ganaderías de la línea Domecq la crisis ha sido mucho menos dramática que para los criadores de otras líneas genéticas.

Cierto es, eso sí, que si ampliamos el campo de estudio podemos ver que hoy se lidian muchos más toros que antes: en los albores de la democracia, durante la temporada de 1978, las plazas españolas acogieron la lidia de 1.045 ejemplares, mientras que en 2010 la cifra superó los 4.000.

Cada toro de lidia requiere una inversión muy fuerte por parte de los ganaderos. Aquí también hay problemas burocráticos. Como explica Pablo García Mancha, "la legislación española para la protección de los animales utilizados en experimentación científica considera que un recinto de nueve metros cuadrados garantiza el bienestar de una res que pese entre 400 y 600 kg. La ganadería extensiva de bravo permite que las 240.000 reses de lidia actualmente censadas dispongan de 20.000 metros cuadrados por cabeza".

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