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EEUU reduce de forma intensa el gasto público gracias al Tea Party

EEUU creció un 3,2% a finales del pasado año, a pesar del las agoreras predicciones sobre el cierre parcial del Gobierno norteamericano.

DIEGO SÁNCHEZ DE LA CRUZ
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Una protesta del movimiento Tea Party en EEUU | Archivo

En el último trimestre de 2013, los rifirrafes presupuestarios entre legisladores republicanos y demócratas acabaron llevando al Gobierno federal a un "cierre" parcial de sus actividades. La retórica empleada por la Casa Blanca y los sectores críticos con la derecha política estadounidense apuntó entonces que esta situación deprimiría significativamente el crecimiento económico, frenando la lenta recuperación que está experimentando el país norteamericano.

Pues bien, los datos de crecimiento para el último trimestre de 2013 ya son oficiales y las cifras desmienten las tesis agoreras de quienes se oponían al "cierre" del Gobierno. Para ser exactos, la economía estadounidense se expandió a un ritmo del 3,2% durante dicho periodo.

Esta cifra incluye un repliegue del 0,9% en el peso del gasto público sobre el PIB. Como la polémica metodología del PIB cuenta los recortes presupuestarios como una acción depresiva y no expansiva, podemos concluir que el crecimiento habría sido mayor si no se hubiese llegado al "cierre" del gobierno. No obstante, parte de esa expansión adicional del PIB estaría ligada a un mayor gasto fiscal, lo que habría agravado el problema de deuda y déficit que arrastra Estados Unidos.

Según ha apuntado el Wall Street Journal, "éste es un buen momento para recordar las predicciones de los economistas keynesianos que afirmaban que un menor gasto fiscal significaría un crecimiento más bajo". Según el diario económico más leído del mundo, ha ocurrido todo lo contrario: "Cuando el gobierno se hace más pequeño, el sector privado va a más porque tiene más dinero y más margen de crecimiento".

Los motores del crecimiento

Los ingredientes del PIB que empujaron hacia arriba el crecimiento fueron el aumento neto de las exportaciones (+1,3%) y la subida del consumo (+2,3%). El segundo punto se explica en gran medida por la campaña de Navidad, mientras que el primero tiene que ver con la ganancia de competitividad de las empresas estadounidenses. Esa mejora del sector privado obedece principalmente a dos factores: la rebaja de los costes laborales y la caída de los precios de la energía.

Sobre el primer punto, es llamativo apuntar que, según los datos oficiales, el ingreso mediano ajustado a la inflación fue de $51.000 dólares en 2012 frente a los $55.600 del año 2007. Hablamos de una caída del 9% en un lustro. Estos ajustes se han seguido produciendo en 2013. De hecho, en el primer trimestre se produjo la mayor caída de los salarios desde el año 1947.

Por otra parte, el abaratamiento de la energía tiene que ver con el boom del fracking. De acuerdo con el bróker energético Mercator, el precio medio del gas natural se ha reducido a la mitad en los últimos años, ahorrando 77.000 millones de dólares a las empresas y 33.000 millones de dólares a los hogares.

El Tea Party fuerza el repliegue del gasto

En los años 90, la presión de los legisladores republicanos en las negociaciones presupuestarias obligaron al Gobierno de Bill Clinton a adoptar una estrategia fiscal menos expansiva y más cercana a los principios de la "austeridad". Algo parecido ha ocurrido desde 2010 hasta hoy, ya que los legisladores republicanos han bloqueado sistemáticamente los intentos de la Casa Blanca de aumentar el gasto federal.

Este empuje, liderado por los congresistas y senadores vinculados al Tea Party, se tradujo en grandes disputas fiscales como el "cierre" de gobierno en 2013 o el "secuestro" presupuestario de 2012. También las disputas sobre el "techo de deuda" han permitido que los parlamentarios republicanos impongan una mayor disciplina fiscal al gobierno de Obama. La división de poderes ha habilitado este contrapeso: no en vano, la mitad del déficit público estadounidense se debe a decisiones parlamentarias y no gubernamentales.

Como muestra la gráfica siguiente, el déficit federal que llegó a rondar el 10% del PIB ha caído intensamente desde 2010. Está previsto que el descuadre presupuestario sea del 3% del PIB cuando se cierren las cuentas de 2013.

Algo parecido ocurre con el gasto público, que sigue siendo mayor a la media histórica (18% del PIB), pero acumula años de progresivas reducciones:

La sombra de los experimentos monetarios

Todos estos avances en el campo fiscal se ven ensombrecidos por los arriesgados experimentos monetarios que ha lanzado la Reserva Federal con la bendición del gobierno de Barack Obama. En este campo, la influencia del poder legislativo es mucho menor, por lo que apenas existen contrapesos políticos capaces de frenar la estrategia de expansión cuantitativa del banco central estadounidense.

La sombra de estos experimentos monetarios la encontramos, por ejemplo, en el pobre desempeño del mercado laboral. Después de inyectar casi tres billones de dólares en la economía, la participación laboral está hoy por debajo del 63%, una cota inaudita desde finales de la década de 1970.

El enjuague de la expansión cuantitativa sí ha tenido un impacto positivo en Wall Street. Lo vemos en la evolución del S&P 500, que desde 2008 hasta hoy se ha movido hacia arriba en tiempos de estímulo monetario y hacia abajo en los momentos de repliegue o pausa de estas medidas.

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