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La economía de Iglesias y Le Pen: más gasto, más intervencionismo y más impuestos

Los vencedores de las europeas presentan propuestas similares: nacionalizaciones, impago de la deuda, quitar controles a los políticos...

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Podemos en España, Frente Nacional en Francia, Syriza en Grecia, Movimiento 5 Stelle en Italia,... Las Elecciones Europeas de este pasado domingo han tenido numerosos vencedores. Cada uno es hijo de una coyuntura diferente. Las claves que han llevado a los electores a comportarse como lo han hecho han sido distintas, como lo eran las circunstancias de cada país. En el norte del continente, ha sido la extrema derecha la que ha capitalizado el descontento; en el sur, ha sido la extrema izquierda.

Podría parecer que Pablo Iglesias y Marine Le Pen están en dos extremos enfrentados del espectro político. Pero esto sería simplificar demasiado. Los populismos de uno y otro lado tienen mucho más en común de lo que aparentan en un primer vistazo. Al igual que fascistas y comunistas luchaban a comienzos de siglo en los barrios obreros, las nuevas estrellas de la política europea tienen, sobre todo en cuestiones económicas, muchos más puntos en común que diferencias.

En realidad, sus propuestas son muy parecidas y están marcadas por un profundo estatismo: intervencionismo económico, nacionalizaciones, salida del euro, más gasto público, restricciones en el mercado laboral,... Y también coinciden en señalar que el malo para esta película es un monstruo con tres caras: las multinacionales (globalización), el BCE (el sistema financiero) y Angela Merkel (la austeridad alemana). Con este relato se han llevado un triunfo histórico este 25 de mayo. Corren malos tiempos para la libertad económica en el Viejo Continente.

Deuda

Si hay algo que une a los populismos del sur de Europa es su grito contra la supuesta austeridad impuesta desde Bruselas o Berlín. En Francia, España, Grecia o Italia, las cuentas públicas están al límite de su sostenibilidad. Tras muchos años de déficits públicos disparados, los gobiernos de estos países han tenido que tomar algunas medidas de control del gasto. Ni mucho menos eso ha servido para equilibrar las cuentas (España acabó el pasado año por encima del 6,5% de déficit) pero si han sido suficientes para alentar a partidos políticos en los márgenes del sistema.

Así, Podemos pide en el segundo apartado de su programa electoral "una auditoría de la deuda pública y privada para delimitar qué partes pueden ser consideradas ilegítimas y declarar su impago (...) y reestructuraciónes del resto de la deuda". Es un texto casi calcado al de Syriza, que exige "una auditoría de la deuda pública, renegociar su devolución y suspender los pagos hasta que se haya recuperado la economía".

Mientras, el Frente Nacional (FN) evita la palabra "impago" con cuidado. De hecho, asegura que no cumplir con las obligaciones supondría un riesgo para la "reputación" de Francia. El partido de Marine Le Pen apuesta por una fórmula indirecta, no muy diferente a la de la izquierda del sur de los Pirineos. Quizás el documento en el que mejor pueda verse sea en el "plan de desapalancamiento" que presentó en 2013: "La puesta en práctica de políticas restrictivas es contra-productiva. El retorno a la ortodoxia presupuestaria debe ser progresivo y secuencial [para no poner en peligro] el crecimiento económico y el empleo. (…) El modelo ultraliberal de la UMP [el partido de Sarkozy] y el Partido Socialista nos pone en la ruta de la servidumbre ante los mercados financieros. La cuestión de la deuda pública es el nudo gordiano de todo el sistema de pillaje de las riquezas de la nación por el sector financiero y el librecambismo mundial. Evitaremos que Francia sea esclava de su deuda, porque esto sería un suicidio económico y social". En realidad, lo que el FN pide es una vuelta a la banca pública, para que sea ésta la que compre la deuda del Estado a largo plazo para dar margen a esa esperada recuperación. La idea es que los números rojos de los políticos sean avalados por parte de toda la ciudadanía a través de un sector financiero nacionalizado. Una idea que no está muy lejos de lo que IU o Podemos han pedido en España.

Nacionalizaciones y libre comercio

Todos están de acuerdo. El papel del Estado en la economía debe incrementarse. Y mucho. Evidentemente, esto tiene una contrapartida y es que las empresas privadas deben retirarse de amplios campos de la actividad. Quedaría espacio para las pymes, a las que tanto Podemos, como Syriza como el FN dedican partes de su programa. Es decir, si alguien quiere montar un negocio, mejor que sea poco ambicioso y no quiera crecer mucho. Si lo hace, será penalizado.

Por eso, Podemos pide la "recuperación del control público en los sectores estratégicos de la economía: telecomunicaciones, energía, alimentación, transporte, sanitario, farmacéutico y educativo, mediante la adquisición pública de una parte de los mismos". Y claro, no podía olvidarse del sector financiero, para el que reclama la "creación de una banca pública con gestión democrática a partir de las antiguas cajas de ahorros" (eso sí, no explica qué diferencia habría entre esta banca pública y esas cajas de ahorros que quebraron).

Syriza mantiene propuestas similares: "Nacionalización de los bancos. Nacionalización de las antiguas empresas públicas de sectores estratégicos para el crecimiento del país (ferrocarriles, agua, correos, aeropuertos,...).

Y el FN no podía ser menos. En su caso, sus propuestas se centran fundamentalmente en la "reindustrialización" de Francia: "La reindustrialización pasa por rearmarse ante una globalización desatada que ha puesto a nuestras industrias en competencia desleal con el resto del mundo y con un funcionamiento de la zona Euro que nos ha sometido a la política hipercompetitiva de Alemania. (…) Exigimos una renegociación de los tratados de libre comercio que ponga fin al dogma de la libre competencia que en realidad es la ley de la jungla. [Será necesaria] una planificación estratégica de la reindustrialización directamente dirigida por el primer ministro, junto con asociaciones profesionales y universitarias y los representantes del Estado para organizar la reindustrialización de Francia. Esta política sera puesta en marcha en paralelo a la puesta en práctica de protecciones inteligentes en las fronteras, para hacer frente a la competencia desleal".

Mientras, Podemos pide el "abandono del Tratado de Libre Comercio con EEUU y la revisión sustancial de todos los Tratados de Libre Comercio ya firmados (…) buscando reforzar el respeto de la soberanía de los países, regiones y comunidades a desarrollar el pequeño comercio local sobre los intereses de las transnacionales". Como vemos, el discurso es casi idéntico: hay que luchar contra la competencia y la globalización. Y si hay que ofrecer algún caramelo para evitar esa imagen de intervencionismo asfixiante, se circunscribe a las pymes y siempre bajo el supuesto de que no crezcan, no tengan grandes beneficios y sigan todas las instrucciones emanadas desde el Estado.

BCE, euro y Alemania

La clave de la parte económica del programa electoral de Podemos, Syriza y el Frente Nacional hay que buscarla en Fráncfort, sede del Banco Central Europeo (BCE). Para las tres formaciones, el problema nace en la falta de capacidad de las autoridades nacionales. Pero lo que exigen no es más poder para reducir la deuda o controlar unos gastos disparados. Su planteamiento es que hay que devolver el control a los políticos nacionales para que estos puedan disponer a su antojo de los presupuestos, sin ninguna restricción.

El Frente Nacional es el que lo exige de forma más directa, puesto que propone la desaparición del euro y la vuelta a las monedas nacionales, con la reinstauración de las competencias del Banco de Francia, para que éste apoye a las decisiones del Gobierno de la Nación. En resumen, capacidad para imprimir y gastar todo lo necesario si así se decide desde las instancias políticas. Y para que nadie se lleve a engaño, pide "adoptar medidas de control de capitales" y "un impuesto excepcional" para evitar que los inversores, aterrorizados ante esta perspectiva, de dar más poder a los gobiernos que nos han traído a esta situación.

Mientras tanto, Podemos y Syriza no exigen directamente la disolución de la Eurozona, sino más bien de las normas que la rigen. Así, el partido griego quiere "exigir a la UE un cambio de papel del BCE para que financie directamente a los Estados y a los programas de inversión pública". Mientras, la formación de Pablo Iglesias quiere que el BCE se supedite "a las autoridades políticas", lo que incluiría "el apoyo a la financiación pública de los Estados a través de la compra directa de deuda pública en el mercado primario sin limitaciones". Al final, las consecuencias serían parecidas, los gobiernos podrían gastar sin las restricciones actuales (básicamente, que los mercados cierran la financiación porque no se fían de ellos), gracias a que el BCE o el banco central nacional les facilita todo el dinero que ellos pidan.

En todo este relato, el papel del malo de la película se lo lleva, por unanimidad, Alemania y su canciller, Angela Merkel. Ya apuntamos anteriormente como el FN culpa a la "política hipercompetitiva" de Berlín y a la "austeridad" impuesta desde allí de las consecuencias de la crisis. En Grecia, Syriza ha crecido con este mismo discurso y Pablo Iglesias, en su primera entrevista tras las elecciones, ya ha dejado un titular: "No queremos ser la colonia de Alemania".

Gasto, impuestos y mercado de trabajo

Al final, todas estas propuestas van dirigidas al mismo fin: poder gastar más. Porque Podemos, Syriza y también el Frente Nacional creen que el problema de la actual crisis es de austeridad y que para remediarlo hay que subir el ritmo desde las instituciones públicas. Evidentemente, todos hacen genéricas referencias a recortes en gastos políticos o privilegios para los partidos, pero son muchas más las partidas que proponen aumentar, especialmente en lo que hace referencia al llamado "gasto social", que se convierte en una especie de carta a los Reyes Magos.

Hay que destacar que aquí viene la única diferencia significativa entre los programas de todas estas formaciones. Todos piden mucho más gasto, pero mientras la izquierda hace esta exigencia universal, el FN lo circunscribe a los franceses. Así, el partido de Marine Le Pen propone incrementar todas las partidas en vivienda social, pensiones, subsidios de empleo y dependencia. Las ayudas se multiplican en sus programas, al igual que en el de Podemos, que llega a exigir una "renta básica universal". Junto a esta propuesta, los de Pablo Iglesias piden "jornada laboral de 35 horas, jubilación a los 60 años, prohibición de despidos en empresas con beneficios, incremento del Salario Mínimo Interprofesional y fuertes subidas en las pensiones".

Prácticamente todas las medidas sobre el gasto social son calcadas a las que llegan desde el FN. Los de Le Pen sólo se diferencian en un matiz, priman a los franceses sobre los inmigrantes. Así, en la concesión de ayudas públicas, privilegios o, incluso, empleos, exigen que empresas y organismos públicos pongan por delante a los nacionales frente a los extranjeros. El resto del esquema es muy parecido al que pone sobre la mesa la extrema izquierda: todo tipo de derechos garantizados y pagados por el Estado. Sólo la nacionalidad de los beneficiarios separa a unos y otros. No es extraño que la mayor parte del voto frentista llegue de exvotantes socialistas y comunistas.

Lo que no queda claro ni para unos ni para otros es quién pagará todo esto. Parte se irá por las nuevas emisiones de moneda (ya sean del nuevo BCE o de los bancos centrales renacionalizados). Parte se conseguirá con esos créditos que se emitirán sin ningún control. Y claro, habrá más impuestos. Podemos, Syriza y FN también coinciden en esto. Los tres piden tasas a las "transacciones financieras", "incrementar la tributación de las rentas del capital", la "instauración de un impuesto sobre el patrimonio progresivo" y una fiscalidad más "equilibrada", con fortísimos incrementos para las rentas altas. Y para que quede claro, también exigen un "IVA de lujo" para los bienes así considerados. Unos se presentan con la bandera de Francia, otros con la republicana española y los de más allá con una estrella amarilla sobre un fondo rojo. Pero, al menos en lo que hace referencia a sus propuestas económicas, entre los tres grandes vencedores de este domingo, hay muchos más puntos en común que diferencias.

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