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Google defiende su estrategia tributaria

Eric Schmidt se declara "orgulloso" de las decisiones tomadas por su compañía para reducir su factura impositiva dentro de los cauces legales.

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Desde hace varios años, las estrategias fiscales empleadas por Google para reducir su factura tributaria han sido atacadas desde numerosos frentes. Políticos, organismos multilaterales, organizaciones sociales, periodistas… No se han ahorrado críticas a la compleja red de sociedades que ha desarrollado el gigante tecnológico para aligerar sus cargas impositivas.

Ataques similares dirigidos contra otras grandes compañías han surtido efecto. Por ejemplo, la filial de Starbucks en Reino Unido ha anunciado públicamente que cambiará sus esquemas actuales con el objetivo de aumentar el volumen de impuestos que paga a Hacienda.

Pero Google no tiene tan claro que este sea el camino. Ya a finales de 2012, su consejero delegado declaró que estaba "orgulloso" del esquema fiscal seguido por su compañía. Eric Schmidt destacó entonces que su empresa "ya paga muchos impuestos" y defendió que la firma californiana "cumple con las leyes tributarias en todo momento".

Schmidt fue más allá y destacó que Google "ha establecido su estrategia tributaria basándose en los incentivos para operar que ofrecen los distintos gobiernos. Se llama capitalismo y en Google estamos orgullosos de ser capitalistas, de eso nadie debería tener ninguna duda".

En 2013, Schmidt volvió a defender la "competencia tributaria" sin complejos. En un encuentro celebrado en Gran Bretaña, el consejero delegado de Google apuntó que "el sistema fiscal al que aspiran algunos consiste en que paguemos impuestos dos, tres y hasta cuatro veces por el mismo concepto".

La 'rajada' de Maile Carnegie

Desde entonces, varios altos cargos de Google han respaldado la posición de Schmidt y han pedido que, en vez de criticar las estrategias fiscales de la compañía, sería conveniente evaluar su contribución a la sociedad en términos de servicios, innovación, generación de empleo y difusión de conocimiento.

Estos mismos argumentos han sido defendidos por Maile Carnegie, directora de Google para Australia y Nueva Zelanda. En una entrevista con la revista BOSS realizada hace unos días, la ejecutiva ha afirmado que "los gobiernos deben aclarar aquellos aspectos tributarios que no están claros y dejar de atacar de forma específica a las multinacionales que, de acuerdo con la ley, canalizan sus ingresos a través de distintas jurisdicciones".

En opinión de Carnegie, "las críticas al nivel de impuestos que paga Google no reconocen el nivel de inversión que permitimos en las economías locales. Solamente en Australia hemos creado 450 puestos de trabajo en departamentos de ingeniería que bien podrían ser externalizados, llevando ese empleo allí donde los costes son más bajos. Entiendo que existe inquietud por hablar de estos temas, pero lo cierto es que el sistema fiscal actual no es apto para las transformaciones industriales que hemos vivido en las últimas décadas".

La alta ejecutiva de Google ha señalado que su compañía "quiere un sistema tributario más sencillo y más transparente. Bajo ese planteamiento, nuestra compañía no dudaría en apoyar soluciones fiscales que podrían elevar nuestra factura tributaria en unos países y reducirla en otros. Pero los cambios deben ser a nivel internacional, y por eso es importante que las discusiones sobre este tema sean productivas".

A lo largo de la entrevista, Carnegie admite su frustración ante aquellas voces que solamente analizan la contribución social de las empresas de acuerdo con los impuestos que pagan. "A lo largo del último lustro, Google ha generado valor añadido para la economía australiana por más de 1.000 millones de dólares. Solamente en 2013, estimamos que nuestra aportación superó los 300 millones de dólares".

Los servicios de Google que alimentan este enriquecimiento del tejido productivo local "incluyen inversiones inmobiliarias, creación de empleo, financiación de empresas locales y nuevos proyectos de emprendimiento...". Refiriéndose específicamente a los puestos de trabajo que genera el gigante tecnológico en Australia, Carnegie señaló que la plantilla es ya de 900 personas, incluyendo a 70 jóvenes que disfrutan de becas remuneradas con las que reciben empleo y formación".

"Cuando sumas todo eso compruebas que Google asume inversiones muy significativas en los países en los que opera. Los impuestos son solamente una parte muy pequeña de la contribución social que hacen las empresas. Cuando analizas estas cuestiones con mayor amplitud de miras, compruebas que generamos mucha riqueza, incluyendo aspectos intangibles en los que pocos críticos se fijan", declaró a la revista BOSS.

El "doble irlandés"

Las leyes fiscales de Estados Unidos impiden que los beneficios empresariales logrados en el extranjero sean repatriados sin que ello suponga un cargo tributario adicional. Este planteamiento es conocido en el argot fiscal como el de un sistema impositivo global, una opción poco común entre los países de la OCDE, que optan en la mayoría de los casos por un esquema "territorial" en el que las empresas pueden deducirse la práctica totalidad de sus beneficios obtenidos en otros países.

Este ineficiente sistema explica que los "paraísos fiscales" se hayan convertido en un recurso habitual de las empresas que quieren evitar la "doble imposición". Por ejemplo, en EEUU estiman que aplicando un gravamen especial del 5% a la repatriación de beneficios, el fisco estadounidense recogería 36.000 millones de dólares. En total, las estimaciones del Senador Mike Lee muestran que las empresas estadounidenses mantienen 1,4 billones fuera del país, a la espera de un cambio tributario como el antes mencionado.

Mientras EEUU se lo piensa, compañías como Google se especializan en la elaboración de complejas estructuras fiscales que, dentro de las leyes vigentes, persiguen el adelgazamiento de las obligaciones tributarias. Los dos esquemas más reconocidos son el "doble irlandés" y el "sándwich holandés":

  • El "doble irlandés" se articula a través de dos filiales de Google constituidas en Irlanda. La primera tiene sede en Bermudas y compra a la matriz estadounidense los derechos que permiten la explotación internacional de la propiedad intelectual de Google. En paralelo, la segunda firma irlandesa actúa como centro global de negocio, canalizando casi el 90% de los ingresos que el gigante tecnológico alcanzó fuera de Estados Unidos. Como la prestación de estos servicios se brinda desde Irlanda, los ingresos generados en otros países acaban llegando, tarde o temprano, a esta filial.

  • A continuación entra en juego el "sándwich holandés". Para entender esta "jugada" fiscal, es importante tener en cuenta que las leyes irlandesas permiten una deducción total del pago de royalties cuando se hacen a otra empresa europea. Aprovechando esta ley, Google crea una empresa en Holanda y cobra desde ahí los royalties que ejecuta la filial irlandesa. A continuación, aprovechando los tratados tributarios de los Países Bajos con la región Caribe, esta filial holandesa transfiere buena parte del dinero que llega de Irlanda a una última sociedad, esta vez radicada en las Bermudas, donde el gravamen de Sociedades es del 3,2%.

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