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La creación de empleo es 3,5 veces más intensa en las autonomías que moderan los sueldos

España ha pasado de ajustar vía despidos a hacerlo vía sueldos. La recuperación cobra fuerza allí donde se ha explorado esta vía con más profundidad.

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Numerosos informes internacionales sobre la economía española destacan la importancia de flexibilizar el mercado laboral para permitir que los sueldos se adapten a la realidad económica del país. A menudo, los medios recogen estas sugerencias explicando que este tipo de propuestas es sinónimo de una rebaja salarial. Sin embargo, este planteamiento obvia un detalle importante: a saber, que los ajustes de sueldos no se presentan como algo bueno, sino como algo menos malo que el paro masivo.

Esa dicotomía salarios-desempleo ha sido estudiada en profundidad por distintos economistas. Rafael Doménech y Javier Andrés plantearon a finales de 2013 que una caída media de los salarios del 7% habría hecho que el empleo creciese en 10,4 puntos. En paralelo, el PIB habría experimentado un repunte del 8,3%, compensando buena parte de la riqueza perdida durante la crisis.

Otro estudio de 2013, publicado por el think tank Civismo, estimaba el efecto que habría tenido congelar los sueldos en niveles de 2008. De acuerdo con los cálculos de dicho organismo, la tasa de paro habría bajado tres puntos, hasta acercarse al 20%. Por otro lado, si los costes laborales hubiesen caído un 10%, dos millones de personas no habrían perdido su empleo.

Por su parte, el banco BBVA explicaba entonces que, de haberse aplicado la reforma laboral de 2012 a comienzos de la crisis, la moderación salarial habría evitado un millón de despidos. El servicio de estudios de la entidad financiera destacó también que la congelación generalizada de los sueldos observada en España desde la 2012 contrasta con los aumentos superiores al 4% que recogían algunos convenios sectoriales en los primeros compases de la crisis.

Como explicábamos antes, la perspectiva de ganar menos dinero por el mismo trabajo difícilmente resulta atractiva. Sin embargo, también es cierto que esta es la receta aplicada por la mayoría de países desarrollados: a menudo se ensalzan las bajas tasas de paro de países como Alemania, pero no se puede desligar ese buen desempeño de la moderación salarial aplicada por los teutones desde hace más de una década.

La solución menos mala

Los técnicos del ministerio de Empleo también han analizado el binomio salarios-desempleo a lo largo de los últimos años. En 2013, cuando la creación de empleo aún no cobraba la fuerza observada en 2014 y 2015, el equipo de Fátima Báñez estimó que no haber aplicado la reforma laboral se habría traducido en un aumento del paro de 225.000 personas.

Pero hay más. Tal y como ha explicado Julio Pomés, presidente de Civismo, si analizamos el periodo que va de 2008 a 2013 y seleccionamos a las regiones que han mantenido la subida de los costes laborales por debajo de la media nacional, vemos que las comunidades en las que los sueldos subieron menos que dicho promedio crearon 3,5 veces más empleo a lo largo del periodo comprendido entre 2013 y 2014.

¿Ajustar costes laborales bajando impuestos?

Al margen de todo lo anterior, conviene recordar que los sueldos que cobran los trabajadores no reflejan íntegramente el coste laboral que soportan los empresarios. En realidad, el "neto" que viene reflejado en nuestra nómina ha sido sujeto a distintas retenciones fiscales aplicadas al trabajo.

Así, como explicó Libre Mercado, el Estado se embolsa 42 euros de cada 100 que gana el trabajador. De hecho, el coste de las cotizaciones sociales asciende a una media de 10.812 dólares en España, un 35% por encima de los países de la OCDE (6.796 dólares).

Ajustar a la baja los impuestos aplicados al trabajo permitiría que la corrección de los costes laborales no se volcase sobre los salarios. De esta forma, el empresario y el trabajador saldrían mejor del ajuste, siendo Hacienda la única perjudicada de la ecuación. Eso sí: aunque de manera directa esto podría suponer menos ingresos para el fisco, también es cierto que evitar el paro masivo se reduciría en un menor gasto asistencial, por lo que la pérdida final de ingresos no tendría que ser tan abultada.

En Libre Mercado

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