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¿Qué ocurrirá con la economía tras la victoria de Trump? Razones para el pesimismo y el optimismo

En el ámbito fiscal, el programa de Trump es incoherente.

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¿Qué ocurrirá con la economía bajo el mandato de Donald Trump? | EFE

Donald Trump es el nuevo Presidente de Estados Unidos. Las elecciones de 2016 dejan, además, un panorama legislativo muy favorable para el Partido Republicano, con la Cámara de Representantes asegurada y una probable mayoría en el Senado. Difícil imaginar un escenario más favorable para el magnate que ocupará la Casa Blanca a partir de 2017.

¿Qué ocurrirá con la economía? De entrada, es razonable esperar turbulencias en los mercados. Trump es un outsider y las Bolsas no suelen reaccionar bien ante este tipo de sorpresas. Sin embargo, muchos de estos vaivenes puede quedar circunscritos al corto plazo, siempre que Trump sepa tranquilizar a los inversores con mensajes más moderados. De momento, el primer paso era su discurso de victoria y el empresario sí se ha mostrado más conciliador que durante toda la campaña.

A medio y largo plazo, está por ver qué hará Trump con la Reserva Federal. En este punto, el nuevo Presidente comparte el discurso de liberales como Ron Paul. Y es que, de acuerdo con Trump, la FED ha creado una "economía falsa"con su énfasis en mantener los tipos de interés en niveles artificialmente bajos. Evidentemente, regresar a una política monetaria más ortodoxa se antoja sensato, pero la clave radicará en la capacidad de Trump para articular este golpe de timón.

Los temas 'calientes'de la legislatura

En el ámbito fiscal, el programa de Trump es incoherente. Por un lado, propone importantes rebajas de impuestos; por otro lado, no anuncia los recortes de gasto correspondientes. A medio plazo, este mix resultaría en una aceleración del crecimiento, la inversión, el empleo y los salarios.

Sin embargo, el efecto positivo de las rebajas fiscales no sería suficiente para evitar el aumento del déficit, por lo que Trump deberá aplicar recortes adicionales si no quiere que su plan tributario se traduzca en una subida de la deuda. Está por ver, por tanto, qué ocurrirá finalmente.

Otro ámbito que habrá que seguir es el de las infraestructuras. Trump ha insistido en que su plan será público-privado y no aumentará la deuda, pero hay dudas razonables sobre este punto. Al fin y al cabo, el magnate quiere que el gasto en este ámbito crezca en un billón de dólares, cuatro veces más de lo que prometía Clinton.

En el plano migratorio y comercial hay más dudas todavía. Las medidas proteccionistas que defiende Trump en relación con México o China son un dardo a la globalización. Las deportaciones masivas de inmigrantes también serán un asunto polémico a lo largo del último año. En ambos puntos, el rol del Senado y la Cámara de Representantes será crucial: ¿aprobará sin más las propuestas de Trump o peleará con el presidente para moderarlas y mejorarlas? ¿Irá Trump a por todas o se conformará con cambios simbólicos que le permitan sacar pecho ante su electorado más fiel? El rol de los pesos y contrapesos será fundamental a la hora de determinar qué ocurre en este punto.

Donde sí que podrían darse buenas noticias para el sector privado es en lo tocante a la facilidad para hacer negocios. Donald Trump ha hablado abiertamente de la importancia de desregular los mercados, reducir el peso normativo que soportan las empresas y ponerle las cosas más fáciles al sector privado.

El fin de Obamacare

¿Y qué hay de la sanidad? En gran medida, Trump quiere congelar el gasto federal dedicado a estos capítulos: frente a la expansión presupuestaria que favorecía Clinton, estimada en 250.000 millones de dólares de gasto adicional, el empresario propone un aumento más modesto, cifrado en 50.000 millones de dólares.

Pero el gran cambio vendrá con la derogación de la reforma sanitaria de Obama. Trump quiere eliminarla por completo y dejar la gestión de estos asuntos en manos de los Estados. Aunque se esperaba que esta reforma fuese la obra maestra de la Administración Obama, sus altos costes han terminado convirtiendo la reforma sanitaria en uno de los puntos más impopulares de los ocho años de mandato del dirigente demócrata.

¿Se rodeará de políticos experimentados?

Para tranquilizar a los más escépticos, todo apunta a que Trump quiere contar con la vieja guardia del Partido Republicano. El exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani,podría ser su Fiscal General. Por otro lado, el parlamentario Newt Gingrich, que lideró la oposición contra Bill Clinton en los años 90, podría ocupar el puesto de Secretario de Estado.

Otro cargo relevante es el del vicepresidente Mike Pence. Abogado de formación, dio el salto a los medios de comunicación en los años 90 y fue elegido congresista en el 2000. Tres legislaturas después, en 2012, Pence llegó al cargo de gobernador de Indiana, donde ha aplicado importantes ajustes presupuestarios. Se espera que Pence tenga un rol muy importante en la nueva Administración, al contrario de lo ocurrido en los últimos ocho años con Joe Biden.

¿Y qué hay de la Secretaría del Tesoro? Se habla de Steve Mnuchin, que amasó una gran fortuna trabajando en Wall Street y se ha dedicado durante los últimos años a producir películas de gran presupuesto en Hollywood. Su salto a la político empezó en 2012, cuando apoyó al candidato republicano Mitt Romney. Desde mayo, gestionaba las finanzas de la campaña de Trump.

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