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Las tres gráficas que resumen el ‘boom petrolero’ del fracking en EEUU

La producción petrolera en la primera potencia mundial ha subido de 5.000 a 9.400 millones de barriles diarios.

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Campo de fracking en EEUU

La producción petrolera de Estados Unidos creció significativamente entre 1860, cuando se producían 1.000 millones de barriles de crudo al día, y 1970, cuando se alcanzó un techo de 9.600 millones barriles por jornada. Comenzó entonces un lento pero progresivo declive que llegó a su punto más bajo en 2008, cuando el promedio de la producción estadounidense tocó suelo en 5.000 millones barriles diarios.

Desde entonces, el impulso productivo que ha supuesto el desarrollo del fracking ha invertido por completo la tendencia del sector petrolero y, al calor de esta nueva tecnología, la producción diaria ha subido hasta alcanzar en 2015 una media de 9.400 millones de barriles al día, cerca del máximo histórico que se había registrado en 1970.

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Algo similar ha ocurrido con las reservas probadas de crudo, que han aumentado de manera significativa en los últimos años, pasando de 19.100 a 32.300 millones de barriles entre 2008 y 2015. La irrupción del fracking también ha supuesto un punto de inflexión, ya que los datos observados en 2008 eran los más bajos desde 1940 pero los registrados en 2015 son los más altos desde finales de la década de 1970.

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El aumento de la producción petrolera en Estados Unidos ha aumentado sustancialmente la independencia energética del País del Tío Sam. En la Era Reagan, la importación diaria neta de barriles de crudo rondaba las 5.000 unidades, pero esta ratio se deterioró hasta alcanzar en 2006 niveles cercanos a los 12.500 barriles. Desde entonces, las importaciones de crudo han bajado de manera progresiva, hasta regresar al entorno de los 5.000 barriles diarios, el nivel más bajo en tres décadas.

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Un boom sin precedentes

Estamos, por tanto, ante un boom petrolero sin precedentes. En menos de una década, Estados Unidos ha conseguido recuperar cifras que parecían dignas de una época superada. Y todo gracias a la consolidación de un procedimiento de extracción que permite aprovechar el petróleo de esquisto (shale oil).

El incremento productivo que ha experimentado Estados Unidos desató una guerra de precios por parte de la OPEP. El objetivo era disparar el precio del oro negro hasta niveles inasumibles para las nuevas empresas del fracking. Sin embargo, el mercado se ajustó con rapidez y, aunque muchos pozos cerraron, los más relevantes siguieron funcionando con relativa normalidad.

Ahora, en lo que va de 2016, el número de pozos de fracking con los que cuenta Estados Unidos ha pasado de cerca de 300 a más de 500, confirmando la reapertura de numerosas explotaciones que solo cerraron sus puertas temporalmente, para esquivar la guerra de precios de la OPEP. Y es que, conforme el crudo vuelve a cotizar por encima de los 50 dólares por barril, el fracking en EEUU vuelve a ser muy rentable.

En 2017, la maquinaria que hizo posible el boom del petróleo de esquisto volverá a ponerse en funcionamiento, beneficiando a la economía estadounidense y ofreciendo a la Vieja Europa una alternativa energética, a la espera de que nuestros gobernantes decidan dar el paso.

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