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Así será la energía en tiempos de Trump: escepticismo climático y desregulación

“¿Quién no se apuntaría a un programa así?”, se pregunta la Fundación Faes en un favorable informe sobre la política energética de Trump

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Donald Trump promete desregular la energía | Cordon Press

La Fundación Faes de José María Aznar, inmersa ya en su nueva etapa tras la ruptura con el Partido Popular, ha publicado un documento de Pedro Mielgo dedicado a evaluar las líneas maestras que seguirá la política energética del nuevo Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El documento lo firma Pedro Mielgo, que preside la firma de capital riesgo NGC Partners y atesora más de cuatro décadas de experiencia en el sector.

Mielgo arranca su pieza destacando que "en Europa, y en particular en España, los medios, con pocas excepciones, han publicado análisis carentes de rigor sobre Trump". En su opinión, este se debe a que el magnate "no es, a priori, el candidato que cabría esperar en una democracia consolidada y en una sociedad moderna". Mielgo también liga el tono de la mayoría de los medios hacia Trump a "la frustración de no ver cumplidas las expectativas de buena parte de la izquierda y de los sectores políticamente correctos".

En clave energética, el informe de Faes destaca cinco puntos clave de la política energética anunciada por Trump:

  • Apuesta por la independencia energética.
  • Afirma que adoptar un marco más liberal en el sector no supone un ataque al medio ambiente.
  • Proclama la decisión de reducir la regulación y la burocracia del sector.
  • Propone levantar las restricciones que obstaculizan la explotación de los inmensos recursos energéticos de EEUU.
  • Anuncia reducciones de impuestos y otras medidas orientadas también a apoyar al sector.

Trump llega a la Presidencia en pleno apogeo del fracking. Como explica Faes, "el dominio de estas nuevas tecnologías avanzadas de exploración es lo que ha permitido a Estados Unidos reducir su dependencia de las importaciones de petróleo a menos del 30% de su consumo, frente al máximo del 60% que se dio en 2005. Por tanto, no vamos hacia algo absolutamente nuevo, sino hacia la culminación de un largo camino que empezó hace décadas".

Aunque Obama puso algunos palos en las ruedas del fracking, su capacidad de actuación en este campo fue limitada. Sólo el 21% de la producción de petróleo y el 14% de la generación de gas tiene lugar en tierras de dominio público, mientras que el resto de la actividad extractora se desarrolla en fincas privadas. Por otro lado, como recuerda el documento de Faes, "aún facilitando el uso de tierras federales, esto no impide el litigio de grupos sociales y activistas, lo que ralentiza la ejecución de ese tipo de proyectos". En consecuencia, el apoyo a la exploración que anuncia Trump deberá traducirse por otras vías: nuevos oleoductos y gaseoductos, menos trabas, etc.

En el sector del carbón hay una clara tendencia a la reducción de su consumo que se suma a lo que Mielgo define como el "declive provocado por las agresivas políticas ambientales de la Administración Obama". Por tanto, aunque Trump ha anunciado su apoyo al sector, el informe de Faes se muestra escéptico sobre la capacidad del nuevo presidente de provocar un verdadero vuelco en este ámbito energético. Algo diferente ocurre con el gas natural, donde Mielgo sí que cree que habrá un salto de calado a raíz del triunfo electoral del magnate.

Sobre la nuclear, Trump no ha hecho muchas declaraciones, lo que apuntaría a una visión continuista del sector. En cuanto a las energías renovables, Pedro Mielgo anuncia que habrá una tendencia de reducir los incentivos fiscales otorgados a este ámbito de actividad, pero también advierte que "los costes de inversión y de generación se han reducido drásticamente durante la última década", por lo que el sector puede asumir ese ajuste.

Escepticismo climático

¿Y qué hay del medio ambiente? Como recuerda el papel de Faes, "Trump se declara más o menos escéptico acerca de las teorías del calentamiento global […] y ha afirmado que dejará de apoyar el acuerdo de París (COP 21)". Según Mielgo, el nuevo mandatario trabaja desde la convicción de que Estados Unidos no tiene por qué ser el principal contribuyente de los costosos proyectos de la ONU dedicados a esta cuestión.

De hecho, el informe de Faes recuerda que Trump "ha dicho que negociará con toda la dureza necesaria para que cualquier acuerdo internacional tenga una aportación positiva a los intereses de su país. Lo que diferencia a Trump de los gobernantes europeos es que, mientras nosotros redimimos al mundo del pecado original de las emisiones de CO2, él quiere que sus políticas sean positivas para su país, sin negar que pueda haber objetivos comunes con otras naciones". Mielgo considera que "lo más probable es que el escepticismo climático de Trump, que deberá confirmarse en la práctica, puede servir para evitar excesos que, por ejemplo, en Europa están suponiendo un coste monumental sin que hayamos visto a cambio un efecto notable en términos de calentamiento".

Echando la vista atrás, el presidente de NGC Partners recuerda también que "la política energética de Obama se basó en decisiones del Ejecutivo y no en actos legislativos, por lo que el nuevo gobierno podrá revisarla de un plumazo". Además, Mielgo recuerda que la Ley de Energía Limpia de Obama "costará 39.000 millones de dólares al año y llevará a incrementos de dos dígitos en el precio de la electricidad", por lo que la visión escéptica de Trump aliviará el bolsillo de empresas y trabajadores.

Por todo esto, el estudio de Faes concluye que "faltan los detalles, pero el diseño básico resulta atractivo. Trump está a favor de reducir el actual exceso de regulación energética, haciéndola menos onerosa, con el consiguiente impacto positivo en la economía y la independencia energética. Y todo esto, fomentando la inversión mediante estímulos fiscales y reducciones de impuestos, lo que creará empleo y riqueza. ¿Quién no se apuntaría a un programa así?".

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