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El chavismo copia el surrealista argumento de Íñigo Errejón: "Hay colas porque los venezolanos tienen más dinero"

Un diputado chavista clava el argumento de Errejón para explicar las colas y la escasez que sufre Venezuela. El problema es que “hay más demanda”.

Libre Mercado
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Iñigo Errejón | Dani Gago

A finales de 2013, cuando los venezolanos comenzaron a experimentar los problemas de desabastecimiento y escasez de productos básicos, con las consiguientes colas a las puertas de los supermercados y grandes almacenes para conseguir algo de comida, Íñigo Errejón, el exnúmero dos de Podemos, fue entrevistado en calidad de politólogo y asesor del régimen chavista por el gubernamental periódico venezolano Correo del Orinoco. Entonces, preguntado por las famosas colas en las calles, el hoy diputado del partido morado argumentó, entre otras cosas, lo siguiente:

"Hay más dinero disponible […] una democratización del acceso al consumo. Ahora la gente puede consumir más".

Tres años después de esas declaraciones, es el chavismo el que ha empezado a usar ese mismo argumento, para sorpresa y conmoción de muchos venezolanos. En una reciente entrevista en el canal Globovisión (a partir del minuto 12,20), el diputado oficialista Mario Arias afirmó que el grave desabastecimiento generalizado que sufre el país se debe a que "hay más demanda. Es evidente. Si una persona está haciendo cola para comprar es porque tiene plata [dinero] en bolsillo. Quiere decir que hay más demanda porque hay más recursos […] Mientras haya cola en los supermercados y en los abastos es porque la gente tiene dinero y, en consecuencia, hay un incremento de la demanda".

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A este respecto, cabe recordar que Alfredo Serrano, próximo a la cúpula de Podemos, es uno de los asesores económicos de cabecera del régimen de Maduro. Mientras tanto, los problemas de los venezolanos se agravan, hasta el punto de que lo que empezó siendo una profunda crisis económica ya es hoy una crisis humanitaria en toda regla, según denuncian varias ONGs y organizaciones internacionales. La última Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), elaborada por tres universidades venezolanas, indica que el 80% de los venezolanos son pobres, un tercio de la población come menos de tres veces al día y uno de cada cinco ha sido víctima de un delito en el último año.

Hambre y el recurso de la basura

Prueba de ello es el reciente reportaje publicado por al agencia francesa AFP, en el que se refleja la desesperación que padece un creciente número de venezolanos para poder llevarse algo a la boca, teniendo que recurrir a la basura para comer. Rebeca León tiene 18 años, actualmente termina la secundaria y vive en Petare, en una casa que pese a su miseria cuenta con servicios básicos.

Un hijo de dos años desnutrido, una madre discapacitada y semanas "a punta de agua" la llevaron a las calles desde hace seis meses. Recorre sectores acomodados para buscar comida en la basura. "Mi mamá no lo quería aceptar, pero qué más se hace con lo mal que está el país. Se iba a morir de hambre, se le veían los huesos. Mi hijo se me estaba desnutriendo".

Otra joven morena de ojos vivaces dejó la vergüenza a un lado para sobrevivir a una angustiosa crisis, en la que escasean 68% de los productos básicos y la inflación crece incontrolable (según el FMI llegará a 1.660% en 2017). "Lloraba porque me sentía humillada. Ya no le paro (no me preocupa), porque si no trabajas o buscas algo en la basura, no comes". Con ella, unas 70 personas -incluidos varios niños- esperan los carros recolectores y se reparten el control de la basura de restaurantes.

Rebeca registra las sobras de una marisquería de Altamira. Cerca de allí, en un local de comidas rápidas, un hombre fue apuñalado hace poco en una pelea por una bolsa, cuenta un empleado. En ese lugar José Godoy, albañil desempleado de 53 años, lame ansioso un plato desechable. Lo acompañan dos hijas de seis y nueve años que beben jugo sacado de un bote. Están anémicas. Una vez al día comen yuca o plátano.

"Me daba pena, pero una noche nos acostamos sin comer. No se lo deseo a nadie. Los niños lloraban: ‘tengo hambre’. Vendí las herramientas, todo, y por último salí a la calle. Miles vivimos de la basura", relató José, quien dice estar cansado de hacer en vano colas para comprar productos subvencionados. "Yo era gordo, ahora mire: flaquito. A ella tuve que sacarla del colegio porque no podía darle comida para que llevara", dice Godoy señalando a una de las hijas, quien tímida dice que hace mucho no come carne.

La "guerra del pan"

Sin embargo, el régimen bolivariano que hoy presidente Nicolás Maduro, lejos de revertir la situación, la agrava. Mantiene los estrictos controles de precios, la monetización de deuda, la nacionalización de empresas y sectores productivos, así como la intervención y el racionamiento de alimentos, cuya aplicación está empeorando aún más los problemas de escasez, hiperinflación y caída de la producción.

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De hecho, el Gobierno chavista está aprovechándose del caos para implantar nuevas medidas de control social y económico, como el nuevo "carnet patriótico", una nueva cartilla de racionamiento con la que aspira a identificar a la población que apoya o no al régimen, tal y como han denunciado algunos miembros de la oposición. Asimismo, Maduro está endureciendo aún más sus políticas de expropiación, haciéndose así con una porción creciente del ya escaso sector privado venezolano, con la excusa de la "guerra económica" y aprovechando los poderes ejecutivos extra que le confiere el mantenerse bajo el Estado de Excepción.

Uno de estos efectos es el recrudecimiento de la llamada "guerra del pan". Maduro acusa ahora a los panaderos de la falta de hogazas, que se suma a la escasez generalizada que vive Venezuela en medio de la crisis, y ha empezado a perseguir también a este sector. Más de 2.000 funcionarios venezolanos se desplegaron a principios de mes por 709 panaderías del municipio caraqueño Libertador para supervisar estos establecimientos, que podrían ser intervenidos por el Gobierno de comprobarse irregularidades con la venta y producción de pan. Entre los funcionarios desplegados había militares, además de fiscales de la Superintendencia de Precios Justos.

El Superintendente de Precios Justos, William Contreras, encabezó estos operativos en la capital venezolana, que, según dijo, se expandirán por todo el país para dar cumplimiento a la indicación presidencial que ordena destinar el 90% del saco de harina a la elaboración de dos tipos de hogazas. Contreras explicó que unos 700 fiscales de la entidad que dirige llenaron formularios para determinar la cantidad de materia prima que recibirá cada panadería en función del tamaño del negocio, así como de la capacidad individual de amasado, procesamiento, almacenamiento y frecuencia de distribución de los panes.

Asimismo, el Superintendente señaló que algunos miembros del gremio panadero han cometido delitos como especulación, desviación del producto, boicot, alteración fraudulenta, violación de derechos individuales, condicionamiento de venta, entre otros que violan la Ley de Precios Justos vigente. "A partir de las seis de la mañana (en las panaderías) tiene que haber producción continua, cero condicionamiento de horario, ni condicionamiento de venta", sostuvo, y agregó que los locales donde haya cola para comprar pan, habituales en Caracas, serán sancionados.

Por su parte, la Federación Venezolana de Industriales de la Panificación y Afines (Fevipan) aseguró que como gremio no encabezan la "guerra del pan". La Federación indicó que genera 300.000 empleos directos y 1.700.000 indirectos, es responsable del 40% de la distribución de alimentos del país y, pese a ello, "actualmente el 80% de las panaderías tienen los inventarios en cero, 20% restante ha recibido el 10% de su consumo mensual".

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