Menú
Pedro Schwartz

La moral del mercado

Escribo para celebrar la vida y lamentar la muerte de Rafael Termes, quien, como ese otro gran maestro español de la libertad, Lucas Beltrán, se declaraba “cristiano penitente y liberal impenitente”

Escribo para celebrar la vida y lamentar la muerte de Rafael Termes, quien, como ese otro gran maestro español de la libertad, Lucas Beltrán, se declaraba “cristiano penitente y liberal impenitente”. Recordaré siempre con orgullo que, en compañía de otros buenos economistas, combatimos juntos en defensa de la libre economía de mercado, que él llamaba sin rebozo “capitalismo”. Su original pensamiento, que asociaba religión con libertad, merece un comentario doctrinal, en estos desgraciados tiempos en que tantos aúnan religión con fanatismo.
 
Consideraba Termes que un católico podía defender el capitalismo e incluso debía hacerlo si era consecuente con la concepción del individuo como ser libre y responsable de su propia vida. Pocos disputan la eficacia del libre mercado en la producción de bienes y servicios. Pero son muchos los que en la Iglesia y fuera de ella sostienen que el capitalismo es radicalmente inmoral y contrario a las enseñanzas de Cristo. Termes tuvo el mérito de hacernos ver que el libre mercado contribuye a elevar la calidad ética de nuestro tiempo de tres maneras: se basa en la moral de servicio, fomenta la virtud personal y es el modo más eficaz de combatir la pobreza del mundo.
 
El capitalismo, decía Termes, “tiene su moral”. Esa moral es el “resultado del propósito de descubrir y atender las necesidades de los demás, lo cual, en ausencia de violencia, fraude o dolor, y sin merma de la busca del legítimo interés propio, es una manifestación del espíritu de servicio inherente al capitalismo”. Además, dijo citando palabras de Juan XXIII, que en el libre mercado florecen importantes virtudes, como son “la diligencia, la laboriosidad, la prudencia en asumir los riesgos razonables, la fiabilidad y la lealtad en las relaciones interpersonales, la resolución del ánimo en la ejecución de decisiones difíciles y dolorosas, pero necesarias para el trabajo común de la empresa y para hacer frente a los eventuales reveses de la fortuna”.
 
Por fin, argumentó sobre sólidas bases empíricas que el capitalismo actual favorecía precisamente esa victoria sobre la pobreza que es el ideal de toda persona bien nacida y de buen corazón. Para ello tenían que darse tres condiciones en las regiones en desarrollo: a saber, la propiedad privada y el respeto de los contratos; el libre funcionamiento del mecanismo de los precios; y la libertad empresarial, tanto en el éxito como en el fracaso.
 
El resultado sería el que estamos viendo en todo el Sudeste asiático, en algún país de América Latina y en escasos lugares de África: la elevación del nivel de vida de cientos de millones de personas de entre las más humildes del Planeta. Pero esas condiciones, siendo necesarias, no eran para él suficientes. Para conseguir la redención de los pobres de forma definitiva, el libre mercado tenía que ir acompañado por el respeto de los derechos individuales a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, cual reza la feliz fórmula de la Declaración de Independencia de Estados Unidos de América del Norte, que él citaba tan a menudo.
 
Descanse Rafael Termes en paz, tras muchos años de labor bien hecha.

En Libre Mercado

    0
    comentarios

    Servicios

    • Radarbot
    • Biblia Ilustrada
    • Libro
    • Curso