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Larry Elder

Historia de un ejecutivo

Se dice que Will Smith gana 20 millones de dólares por película. La mayor parte de los miembros del Sindicato de Actores necesita otros empleos no relacionados con la actuación para poder llegar a fin de mes. ¿Cuál es exactamente la desigualdad apropiada?

¡Usted gana demasiado! ¡Y usted muy poco!

Barney Frank, representante demócrata elegido por Massachussets, lo expresó de una forma distinta, pero como nuevo presidente del Comité de Servicios Financieros de la Cámara pidió tratar el creciente y cada vez más célebre problema de "la desigualdad de ingresos". "El Gobierno no tiene que interferir en el sistema de libre empresa", dijo Frank, "pero podemos trabajar en coordinación con él para paliar la desigualdad".

Al quejarse del paquete de jubilación de 210 millones de dólares de Home Depot para su despedido director ejecutivo, Frank aseguró que se trataba de "una confirmación más de la necesidad de tratar los patrones salariales de los ejecutivos, que parecen estar fuera de control".

¿Qué propone hacer Frank a propósito de "la desigualdad en los ingresos" en, digamos, el béisbol? El jugador de los Yankees de Nueva York Alex Rodríguez firmó hace bastantes años un contrato de 210 millones de dólares. Con "m" de "magnífico". Sin duda, es la envidia de uno de sus compañeros de equipo, que va tirando con el mínimo de toda la liga de 380.000 dólares al año. Se dice que Will Smith gana 20 millones de dólares por película. La mayor parte de los miembros del Sindicato de Actores necesita otros empleos no relacionados con la actuación para poder llegar a fin de mes.

¿Cuál es exactamente la desigualdad apropiada? ¿Cuán amplia debería ser? Presumiblemente, Frank es poseedor de la sabiduría divina para saber en qué punto esa diferencia es justa y adecuada.

Comprender a Frank exige descubrir qué se esconde en lo más profundo de la psique demócrata en materia de riqueza y de cómo se crea. No hay más que recordar al ex líder demócrata de la Cámara Dick Gephardt, de Missouri, que en su día dijo que quienes tienen dinero en Estados Unidos son aquellos que "han ganado en la lotería de la vida". Obviamente, los señores Frank y Gephardt consideran la vieja fórmula del trabajo duro pasada de moda y poco práctico.

Una amiga me contó la historia de un ejecutivo, llamémosle "Bob", que trabaja con ella en una compañía de seguros. Mientras jugaban al golf, le contó su vida. Su padre lo abandonó poco después de que su madre le diera a luz. Cuando tenía tres años, su madre, en un estallido de furia, le rompió el brazo. Los servicios sociales lo investigaron, pero no encontraron nada raro. Poco después, al cumplir ocho años, su siempre enfadada madre le rompió la mandíbula. Esta vez los servicios sociales le quitaron la custodia, y él vivió en una serie de hogares de acogida y casas comunitarias. En la escuela causaba problemas constantemente, sacaba malas notas y se enfadada cada vez más al verse continuamente trasladado de un lugar de custodia temporal a otro.

Un día, un sacerdote visitó la casa en la que Bob, un adolescente ya, residía con otros chicos a los que "nadie quiere". El sacerdote les dio un discurso de motivación, hablándoles del amor de Dios y de que, a pesar de sus circunstancias, debían valorar sus vidas. El sacerdote dijo que cada uno de ellos poseía un don especial, un don que tenían que descubrir y utilizar. Los ojos de Bob miraron al techo mientras el sacerdote hablaba. Después de todo, había escuchado eso antes. "Si soy tan especial", pensó, "¿quién me valora? Por Dios, ¿qué 'don' tengo yo?"

El sacerdote observó la indiferencia de Bob y, después de la charla, se le acercó discretamente y le preguntó por qué parecía prestar tan poca atención. Bob preguntó al sacerdote las mismas cuestiones que se había estado planteando. Le habló de su padre ausente y de los abusos que sufrió a manos de su madre. El sacerdote le respondió: "Tu don es que sobreviviste. Lo que soportaste exige fuerza, una fuerza que mucha gente no tiene. Ese es tu don".

Por el motivo que fuera, las palabras del sacerdote le calaron hondo. Bob comenzó a trabajar más duro y sus notas mejoraron. Fue a la universidad, se licenció en económicas e ingresó en una gran empresa, donde empezó a ascender. Está casado y tiene dos hijos. Ahora gana un salario de seis cifras y le encanta su vida.

Para los señores Gephardt y Frank, Bob es simplemente un ganador de "la lotería de la vida", que ocupa el extremo equivocado en la escala de "desigualdad de ingresos". No importa que Estados Unidos siga siendo el país en el que se asciende más rápido. O que la mayor parte de los ricos no empezaran siéndolo. O que de todas las cualidades que se transforman en tener altos ingresos, el trabajo duro siga siendo la más importante.

Un gran hombre de humildes orígenes dijo una vez: "No existen, por necesidad, cosas tales como trabajadores libremente contratados fijos de por vida en esa condición... El prudente que comienza sin un centavo en el mundo trabaja por un sueldo durante un tiempo, ahorra el exceso con el que compra herramientas o tierra para sí, después trabaja por su cuenta durante un tiempo y al final acaba contratando a otro novato para que le ayude. Es el simple, generoso y próspero sistema que abre el camino para todos, da esperanza a todos y mejora las condiciones de todos. Si alguien continúa de por vida en la condición de asalariado no es fallo del sistema, sino de una naturaleza dependiente que lo prefiere, o bien de la imprevisión, la falta de sentido común o de una mala suerte singular."

Barney Frank, le presento a Abraham Lincoln.

© Laurence A. Elder. Distributed by Creators Syndicate Inc.

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