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Álvaro Bardón

¿Quieren terminar con la corrupción?

Los políticos y los pañales deben sustituirse regularmente y por idénticas razones.

Para terminar con la corrupción, fatal para la democracia, se debe reducir el tamaño del Estado y eliminar la discrecionalidad y las leyes de gastos reservados o financiación de partidos y de candidatos.

Se puede empezar cerrando organismos de robos obvios y recurrentes, como Chiledeportes. No se trata de cambiarles el nombre, sino de terminar con ellos, aunque esto nos impida ganar el mundial de fútbol. Se puede seguir con los organismos inútiles, como los de la fracasada política indígena (antes de que empiecen a aparecer los muertos) o el Instituto de Desarrollo Agropecuario, que nunca ha formado a ningún pequeño agricultor y donde las denuncias tienen años.

Casi todos los programas para pobres –como el de empleo– se prestan a meterles mano, y quizás sólo habría que quedarse con el de cheques directos a los necesitados, sin enredos de agencias y expertos buenos para la plata ajena.

Hay ministerios completamente inútiles, cuya discrecionalidad sólo sirve para prohibir, tramitar o molestar al que trabaja, parecido a lo que se ve en los municipios. Está de más el 100 por ciento de ministerios como el de Minería y otros y el 80 por ciento de varios como el de Agricultura, Educación, de la mujer, del hombre, del sexo, del joven, del ambiente, del turismo, de la alimentación, de la innovación, de la cultura, etcétera. Todos estos sólo sirven para darles plata a los amigos del partido y para que los "capturen" los poderosos, que pagan para que los protejan de los pequeños competidores.

Hay que dejar unos siete ministerios y cortar la burocracia de subsecretarías, superintendencias y agencias capturables y expropiables sólo por los chiquillos del grupo.

Los hombres públicos no deben tener platas oficiales reservadas, ni disponer de activos caros y prescindibles como los aviones. Michelle: viaja en los aviones en que vuela el pueblo; no crees subsecretarías que se convierten en focos de corrupción; como dice el tango: desconfía de los amigos, de los parientes, del hombre fiel y... del Estado.

Las campañas y partidos políticos se deben financiar con platas voluntarias y total transparencia, y las reelecciones se deben prohibir, así como las pandillas familiares en toda clase de cargos públicos, algo que recuerda más a las monarquías y a los nobles de antaño que a la democracia.

En Chile no se revisa ni evalúa el gasto público, y los malos programas, con corrupción y todo, persisten en el tiempo. El gobierno gasta en organizaciones no gubernamentales, algo entre paradójico y escandaloso, que sólo Sebastián Piñera se ha atrevido a denunciar.

Es evidente que el tamaño del Estado se debe reducir, y con esto la corrupción y los elevados tributos que pagan preferentemente los pobres tontos, y no los ricos, como el IVA.

Los políticos no pueden seguir haciéndose los locos con la gran diversidad de empresas del Estado, que incluye diarios y canales de televisión que hacen propaganda grosera a favor de los gobernantes de turno y que sólo dan trabajo, publicidad, contratos y otras platas a los del club.

Algunas reflexiones sobre el Estado de bienestar o nodriza: "El Estado es el invento de algunos para vivir a costa de los demás". "Hoy me he quedado sorprendido: he visto a un político metiendo las manos en sus propios bolsillos". "El poder absoluto corrompe absolutamente". "La Concertación cree en el Estado". "Los políticos y los pañales deben sustituirse regularmente y por idénticas razones".

© AIPE
 
Álvaro Bardón es Profesor de economía en la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central de Chile

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