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Alejandro A. Tagliavini

Justicia, no caridad

Estados Unidos y sus aliados han destinado más de 1 billón de dólares para ayuda externa desde 1945, pero los países que más recibieron tienen hoy más problemas, porque la "ayuda" estatal solo sirvió para apuntalar gobiernos contrarios al mercado.

La ayuda que necesita el mundo es contra el estatismo (el abuso del monopolio estatal de la violencia) y la demagogia. Dice la teología que antes que la caridad está la justicia; es decir, es mucho más efectivo dejar que cada persona desarrolle sus capacidades sin interferencias coactivas extrínsecas, que paliar las consecuencias de estas interferencias con limosnas.

Según la "Directiva de Retorno" de la Unión Europea, ocho millones de inmigrantes irregulares serán expulsados de los 27 países miembros con mecanismos más rígidos y exigentes. La cosa es ya bastante oscurantista. En vuelos nocturnos, inmigrantes son repatriados, en contra de su voluntad, con fuerte custodia policial. Según datos oficiales, este mecanismo se aplicó en España entre 2004 y 2007 con 370.000 personas, un 43 por ciento más con respecto al anterior Gobierno, del Partido Popular. "Lo que (se) busca es privar de su libertad a personas que no han cometido delito alguno, salvo que se considere delito a escapar del hambre", denuncian las ONG.

Pero no se trata de caridad para los inmigrantes, ya que estos producen su propio sustento y favorecen a las empresas (la sociedad) que los cobija; de otro modo ningún empresario los contrataría. Salvo que el Estado interfiera coactivamente al mercado, provocando desempleo.

El mercado se autorregula. Debido a la crisis económica, hoy sólo la mitad de los 18,9 millones de inmigrantes latinos que viven en Estados Unidos envía dinero a sus familias, frente al 73 por ciento de hace dos años. Y el 49 por ciento planea regresar a casa. Las remesas de dinero hacia Iberoamérica ascendieron a 45.900 millones de dólares en 2007, mientras que entre 2001 y 2006 esta cantidad se triplicó de 15.000 a 45.000 millones.

Hablando de paliar el hambre, la ONU realizó un llamamiento para que los gobiernos donen 2.500 millones de dólares a las agencias relacionadas con la alimentación, el PAM y el FAO (que tiene más de 3.450 burócratas con altos salarios) a fin de evitar una "crisis sin precedentes" por los altos precios de los alimentos. Y ¿de dónde sale ese dinero? De unos impuestos cuyo pago obliga a los empresarios a subir precios, bajar salarios o dejar de invertir, demandando menos mano de obra. De este modo se perjudica a los pobres, que son quienes al final tienen que pagar los tributos. Luego sobreviene el hambre, y entonces el Gobierno cobra más impuestos para asistencialismo. Dinero arrebatado a los pobres, que termina en corrupción o sueldos de burócratas y del que sólo reciben una mínima parte.

Según William Easterly, Estados Unidos y sus aliados han destinado más de 1 billón de dólares para ayuda externa desde 1945, pero los países que más recibieron tienen hoy más problemas, porque la "ayuda" estatal solo sirvió para apuntalar gobiernos contrarios al mercado.

Chile es el único país en América Latina que redujo la pobreza a la mitad. No lo hizo con asistencialismo estatal, sino creando riqueza a partir de la actividad privada. En Venezuela, en cambio, la pobreza creció del 43 al 56 por ciento entre 1999 y 2007. A pesar de que el petróleo aumentó de 8 dólares por barril, cuando Chávez llegó al poder, a más de 100 dólares. La actual "crisis sin precedentes" se nota en que, desde 2003, el valor de los futuros de maíz creció un 115 por ciento, el de soja un 160 y el del trigo un 220 por ciento.

El hambre no es natural, sino el resultado de los errores de los gobiernos. Un tercio de la población global vive bajo controles de precios de los alimentos o prohibiciones de exportar. Además de los impuestos y los aranceles aduaneros, y los ya clásicos subsidios a los agricultores que tanto distorsionan al mercado, los estados intervienen con todo tipo de manipulaciones coactivas que impiden el natural desarrollo del mercado. Por citar sólo dos de estas interferencias indirectas, los subsidios a la producción de etanol provocan un artificial aumento de la demanda de cereales. El otro ejemplo es que la Reserva Federal bajó los tipos de interés hasta el punto en que inversores especulativos encontraron en los commodities (mercancías) agrícolas mayor rentabilidad, haciendo subir los precios astronómicamente.

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