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Emilio J. González

Una política hipotecaria para abaratar la vivienda

Por supuesto, el préstamo hipotecario sería más caro y con tipos de interés más altos, pero eso también es bueno porque al limitar la capacidad de endeudamiento de las familias provocaría la caída del precio de la vivienda.

Emilio J. González
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No cabe duda de que Esperanza Aguirre es una política valiente porque la propuesta que acaba de realizar sobre un nuevo contrato hipotecario que permita saldar la deuda con el banco mediante la entrega del piso va a sentar muy mal a los bancos y cajas de ahorros, sobre todo si cuando, como parece que va a ser, renueve su mandato y la convierta en norma legal. Yo creo que esta medida tiene varias virtudes, pero debe venir acompañada de una segunda que, en este caso, le correspondería adoptar al Gobierno de la Nación, que no es otra que la de vincular los intereses de los préstamos hipotecarios a índices a largo plazo, no al Euribor a un año, ya que son créditos con una vida muy larga y así nos evitaríamos, con las dos cosas, todos los problemas que estamos viendo en la actualidad en torno a la vivienda.

De convertirse en realidad la propuesta de Aguirre, lo primero que sucedería es que las entidades de crédito endurecerían las condiciones de acceso a una hipoteca, lo cual no es malo porque provocaría que los bancos y cajas concedieran este tipo de créditos a quien de verdad pueda demostrar una cierta solvencia. Lo que no puede ser es lo que ha venido sucediendo en los últimos años, que se han concedido préstamos sin tener en cuenta la capacidad de devolverlos de quienes los solicitaban y ahora estamos en la que estamos, con la mitad o más del sistema financiero español en quiebra. Los bancos y cajas, por ello, también tienen que asumir su cuota de responsabilidad derivada de su política crediticia y no cargar las consecuencias de sus errores sobre las espaldas de quienes se equivocaron al aceptar sus seductoras ofertas crediticias. Por supuesto, el préstamo hipotecario sería más caro y con tipos de interés más altos, pero eso también es bueno porque al limitar la capacidad de endeudamiento de las familias provocaría la caída del precio de la vivienda. Además, a quien se viera en la triste circunstancia de tener que perder su piso se le daría una nueva oportunidad para empezar libre de cargas, en lugar de condenarle a la más absoluta miseria.

En cuanto a los tipos hipotecarios, creo que estos tendrían que estar ligados a índices de plazos similares a los de la vida del préstamo. Hasta ahora, las hipotecas baratas a veinte, treinta y cuarenta años se han financiado a partir de índices a corto plazo, tomando los bancos y cajas el dinero prestado a ese mismo corto plazo y viéndose en situación de insolvencia cuando han venido los impagos masivos. Lo lógico, por el contrario, es que los préstamos a largo plazo se financien captando dinero a ese mismo plazo y con los tipos correspondientes a ello. Por supuesto, serán más altos que a corto pero ello tiene de positivo la reducción de los plazos de amortización de los créditos, lo cual, unido a los mayores intereses a pagar, implicará también que se pidan préstamos menores y, con ello, que se provoque la reducción del precio de la vivienda. Estas son algunas de las lecciones que debemos extraer de la burbuja inmobiliaria y de su estallido.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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