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La izquierda europea pierde los pantalones

Pase que el socialista Dominique Strauss-Kahn sea banquero y rico, pero que no pueda contener su lujuria como si se tratase de un mono en celo...

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España, que es la octava potencia del mundo, pero la primera en derechos sociales (como dijo el alucinado de La Moncloa en las elecciones de 2008 y le creyeron 11 millones de votantes), está ocupada en demoler el Valle de los Caídos, en forjar alianzas civilizatorias y en reinsertar terroristas sin arrepentir. En el resto de Europa, donde no han alcanzado el grado de avance del que disfrutamos nosotros, hay otros debates más pedestres, como el futuro de la socialdemocracia, y que a nosotros nos llegan como las cartas que llevaba el correo del zar.

Cuando empezó la crisis financiera mundial, en otoño de 2008, los socialdemócratas europeos, incluso José Blanco, se frotaban las manos: había caído el muro de Berlín y ahora iba a caer el muro de Wall Street, y sobre los escombros quedarían ellos, justos y puros como los ángeles, equidistantes entre dos demonios. Desde entonces, la izquierda ha ido de tumbo en tumbo, incluso en España. Su gran derrota fueron las elecciones al Parlamento Europeo de 2009. No es sólo que los partidos seudo-liberales o seudo-conservadores ganen elecciones en Suecia (¡horror!), Alemania, Reino Unido o Italia, no; lo peor es que, a la vez que lo anterior sucede, surgen partidos que se nutren de los antiguos votantes socialistas y hasta comunistas: Partido del Pueblo de Dinamarca, Demócratas Suecos, Frente Nacional francés, Partido Liberal austriaco...

¿Por qué los parados, los hipotecados, los jubilados, los funcionarios, los tenderos, los estudiantes no votan a la izquierda? "¡Con lo que nos preocupamos por ellos!", dicen los jerarcas socialdemócratas, "¡con lo que sentimos su dolor, su tristeza, sus preocupaciones!", mientras paladean el champán. Pero no se puede llorar cuando acabas de volver de una mariscada ni se puede ir a pedir el voto en un Mercedes. El pueblo nota que su clase-guía no comparte, no ya los colegios de sus hijos, los apretones del transporte público, las angustias por la subida del Euribor, sino ni siquiera el mismo continente para los viajes de verano.

La socialdemocracia ha constituido una clase moralmente superior y ha empapado a toda la sociedad de su pudibundez: no fumes, no hagas chistes, no discrimines, no pienses sólo en ti... Ahora se la juzga con la misma vara con la que mide a los demás. Un sacerdote italiano de izquierdas, Filippo di Giacomo, calificó así a los políticos izquierdistas de su país con motivo de un acto social y político: "en las primeras filas estaban sentados algunos de los personajes más ricos de Italia, todos ellos recién llegados de sus villas en el Caribe, Kenia o Thailandia. Esa es hoy la izquierda italiana, una especie de nouvelle cuisine, nada en el plato y todo en la cuenta. El más pobre tiene siete casas. Los mileuristas no fueron invitados al discurso, estaban en el guardarropa cuidando de los abrigos de piel". Los abrigos de piel, que antes llevaban las señoras de derechas ahora los llevan las queridas de los progres.

Y la gran esperanza de la socialdemocracia europea para recuperar el trono de Francia ha sido encarcelada en Estados Unidos por violación de una empleada de la limpieza. Un episodio de folletín del XIX: el casero que se aprovecha de la joven viuda que no puede pagar la renta, el marqués que acosa a las aldeanas de su feudo. Pase que el socialista Dominique Strauss-Kahn sea banquero y rico, pero que no pueda contener su lujuria como si se tratase de un mono en celo...

Con ese nombre de señorita de colegio de monjas y ese apellido de oficial nazi de película de la resistencia, cabía esperar de Dominique Strauss-Kahn más inteligencia. Si lo que ha hecho, lo hubiera cometido con George Bush en la Casa Blanca, el Imperio Progre no creería ni una palabra de lo que ha dicho la Policía de Nueva York y le condecoraría como otra víctima de la CIA, a la altura de Salvador Allende. Pero ahora gobierna San Obama y nadie ataca ya a Estados Unidos. Hasta los progres más zotes han enviado felicitaciones a Obama por haber matado a Ben Laden.

¿Cómo no van a ganar Berlusconi y Sarkozy a esta panda de lilas?

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