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Castilla y León o cómo sobrevivir con la misma población que en 1900

La región más grande de España presenta la menor densidad de habitantes por kilómetros cuadrado.

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"Castilla hizo a España y España deshizo Castilla". La cita es de Claudio Sánchez Albornoz y cualquiera que le eche un vistazo a las estadísticas demográficas y económicas de Castilla y León podría pensar que está de plena actualidad. La tendencia en los últimos cincuenta años ha sido a concentrar la población en las zonas costeras, con el gran núcleo de Madrid como excepción a la norma.

Mientras, la región más grande de España se despoblaba poco a poco, con todos los problemas que un proceso así provoca. Sus cifras económicas no son malas, pero ningún territorio puede crecer si no mantiene a sus jóvenes y consigue un recambio generacional para sus habitantes. Éste será el gran reto para esta autonomía en los próximos años: cambiar una tendencia que empezó hace cincuenta años y que amenaza la región que "hizo a España".

En mitad de la tabla

Tanto en las clasificaciones de renta per cápita como en el Índice de Libertad Económica de Civismo, Castilla y León está en mitad de la tabla de las autonomías españolas. Así, en el año 1995, era la novena región en riqueza por habitante, con un 96% de la renta nacional; con los datos de 2010, mantenía la posición aunque mejoraba ligeramente y lograba el 99% de la media española con 22.298 euros por habitante.

En otros aspectos está mejor que la media nacional, como en la tasa de paro, que sólo alcanza el 17% una tasa altísima, pero cuatro puntos por debajo de la española. La cara amarga de su mercado laboral es el 54% de tasa de actividad total (incluyendo mayores de 65 años), que apunta hacia una población envejecida. También son buenos los datos de deuda pública, puesto que con un 7,1% comparte la segunda posición de este ránking con Madrid.

En el ILE, Castilla y León obtiene la misma novena posición que en la clasificación de riqueza. La comunidad no destaca especialmente en casi ningún aspecto, aunque tampoco cae por debajo del 12ª puesto en ningún epígrafe. Si acaso, es reseñable su segundo puesto en el nivel impositivo y el de deuda pública. Además, en el Informe Pisa y en otros estudios sobre educación, los niños y jóvenes castellano-leoneses sobresalen respecto a sus pares del resto de España. Todos estos datos hablan de un Gobierno poco intervencionista y que facilita la actividad económica de sus ciudadanos.

El gran reto

Pero por encima de estos datos económicos, que apuntan a una región bien gestionada, que no se sale en las tablas de riqueza pero mantiene un crecimiento más o menos constante a lo largo de los años, destacan las cifras de población. Y no lo hacen en un aspecto positivo. Cambiar esta dinámica será el gran reto del ganador de las próximas elecciones.

La comunidad más extensa de España es también una de las más despobladas, con apenas 27 habitantes por kilómetro cuadrado, frente a los más de 800 de Madrid. Además, el problema no está sólo en los datos generales, sino que se agudiza cuando uno acerca la lupa a las tablas estadísticas.

En 1900, España tenía 18,6 millones de habitantes de los que 2,3 millones vivían en estas ocho provincias castellanas (un 12,7% del total); en 1950, la población española era de algo más de 28 millones, mientras que la regional se quedaba en 2,8 millones (el 10%); en 2010, el total nacional asciende a los 47 millones, mientras que Castilla y León se conforma con 2,56 millones. Es decir, que en el último siglo, mientras la población española más que se doblaba, la castellana apenas crecía un 10%.

Todo lo anterior apunta a dos derivadas igualmente peligrosas: envejecimiento y despoblación de amplias partes del territorio. Así, Castilla y León es la región con mayor porcentaje de mayores de 65 años y la segunda con menos habitantes de hasta 16 años de edad. Sólo Asturias presenta un perfil demográfico más preocupante.

Por otro lado, la comunidad tiene que hacer frente a la pérdida de habitantes de numerosas comarcas. Y no sólo en zonas rurales. Tres de las siete ciudades españolas que más habitantes perdieron entre 2004 y 2009 fueron castellano-leonesas (Salamanca, Valladolid y León). Sin embargo, este problema no es nada si se compara con el de los pueblos abandonados o con muy pocos habitantes. De los más de 6.100 núcleos de población de la región, el sesenta por ciento tiene menos de cien habitantes (en 675 hay empadronados menos de 10 vecinos). Son comunidades que parecen condenadas a la desaparición, con todo lo que ello conlleva.

Problemas y esperanza

Esta situación da lugar a grandes problemas políticos y sociales. Por un lado, la despoblación de parte del territorio genera un encarecimiento de los servicios públicos. Mientras que en otras zonas de España, con un médico, una tubería o un camión de basura se da servicio a miles de habitantes, en Castilla y León pueden hacer falta para cubrir las necesidades de apenas un puñado de vecinos.

Además, la pérdida de población da lugar al envejecimiento en un proceso circular que también daña las arcas públicas. Por un lado, cuantos menos jóvenes hay, menos posibilidades existen de que otros quieran irse allí a vivir. Y esta pescadilla que se muerde la cola provoca que el envejecimiento se agrave. Por supuesto, una sociedad con muchos mayores tiene menos cotizantes y más pensionistas (pero esto sólo puede mantenerse hasta un límite).

La esperanza de los castellanos está en sus fortalezas. Por una parte, la región es cada vez más atractiva para determinados colectivos, hartos de la vida urbana. Los nuevos medios de comunicación han hecho que Madrid o Barcelona ya no estén tan lejos (el AVE conecta la capital con Valladolid en apenas una hora). Y las nuevas tecnologías (Internet) están provocando un cambio en los hábitos laborales que irá directamente en su favor: cada vez será menos necesario estar cerca del trabajo y será más factible desarrollar opciones como el trabajo desde casa.

El feudo del PP

Juan Vicente Herrera (PP) y Óscar López (PSOE) son los dos principales candidatos en los comicios del día 22. Ninguna encuesta ofrece otra posibilidad que no sea la mayoría absoluta, otra más, para los populares en uno de sus feudos más queridos.

No siempre fue así. En la primera legislatura autonómica, el PSOE controló el gobierno regional, con tres escaños de ventaja sobre la entonces AP. Y en 1987, José María Aznar tuvo que pactar con el CDS, puesto que estaba empatado en escaños con los socialistas.

Sin embargo, desde 1991, los populares encadenan cinco mayorías absolutas consecutivas que todo apunta a que se renovarán por cuatro años más. Es más, según el CIS, Herrera ampliará su mayoría y pasará de 48 a 50 escaños, consiguiendo más del 50% de los votos. Mientras, su rival socialista se quedaría con 31 escaños (dos menos que en la actualidad), e IU y Unión del Pueblo Leonés se repartirían los otros dos asientos.

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