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Juan Velarde

El asunto chino

Muy agobiada debe contemplar la realidad de déficit público y de su deuda el Gobierno español cuando ha decidido acudir al gran banquero mundial: China.

Muy agobiada debe contemplar la realidad de déficit público y de su deuda el Gobierno español cuando ha decidido acudir al gran banquero mundial: China.

Muy agobiada debe contemplar la realidad de déficit público y de su deuda el Gobierno español cuando ha decidido acudir al gran banquero mundial: China. Prueba la realidad acreedora de este país el dato del saldo total de su balanza por cuenta corriente en 2010: 331.000 millones de dólares. Pero este banquero es posible que ofrezca un aspecto concreto: el de una araña que atrapa, que envuelve en su tela financiera, como preludio de un plan de OPA chinas sobre empresas fundamentales. Este punto de vista de dos economistas franceses, Antoine Brunet y Jean.Paul Guichard –éste, profesor de Economía de la Universidad de Niza, Sophia-Antipolis– en su libro La Viseé hégémonique de la Chine (L’Harmattan, 2011), ofrece datos como los del control que este país asiático ejerce en parte del puerto griego de El Pireo, y que se extienden "gracias a una deuda pública convertida en explosiva, que obliga a los Estados occidentales a financiarse cada vez más en otros países. Y China es el principal recurso".

España, fruto de un abandono inexplicable, se encuentra con que en torno a la financiación de nuestras cajas de ahorros ha surgido el fantasma irlandés. ¿Se va a generar una situación insostenible en esa parte de nuestro sistema crediticio que se transmitirá al resto de nuestra economía? La seria amenaza de una quita griega respecto a su deuda pública ha coincidido con el informe semestral del FMI sobre La estabilidad financiera mundial, publicado el 13 de abril de 2011. Debido a esto se ha conocido que existe una serie de bancos europeos que "viven peligrosamente", por lo que pueden amenazar la estabilidad de ese sistema financiero mundial. El catálogo, según Le Monde, abarca a casi todos los bancos griegos, irlandeses y portugueses, a una serie de cajas de ahorros pequeñas y medianas españolas y a algunos Landenbanken alemanes.

Todo esto debe haber alarmado a las autoridades españolas, hasta el punto de haber abandonado el pensamiento básico político que había triunfado en la Transición de frialdad ante los países no democráticos y solicitar importante ayuda a China, tanto para que suscribiese deuda pública española, como para que ayudase a las cajas de ahorros. Con alborozo se comunicó, como un éxito, una notable aportación de los recursos chinos con ese fin, sin tener en cuenta, por la preocupante realidad financiera española, eso de la política de la araña de Brunet y Guichard. Pero, de modo inmediato, ese fondo soberano, clave en tantas cuestiones de la actual vida económica mundial que es la famosa China Investment Corporation, desmintió lo anunciado por las autoridades españolas, al indicar que la noticia de una participación china en las cajas de ahorros española en una cuantía de 9.000 millones de euros carecía de fundamento y no estaba en consonancia con la verdad. Este anuncio amargo coincide, además, con la noticia de que al parecer se anula la inversión anunciada en Madrid en febrero de 2011, por el primer ministro de Qatar, de 300 millones de euros, para equilibrar la realidad financiera española. Según Financial Times, parece que esta oferta ha quedado en nada.

La consecuencia de todo esto rebota en el dato del diferencial con el bono alemán a diez años del español de las mismas características. Según Tomson Reuters, el diferencial subió de 182 el 7 de abril a 230 el 26 de mayo siguiente. Para emplear una metáfora barata, se diría que es un anuncio, para el capitán del buque de la economía española, de que bruscamente éste ha entrado en una zona de bajas presiones y, por tanto, del inicio del fuerte oleaje que ahora mismo se contempla.

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