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Economía y 15-M

No quiere liberalizar el mercado laboral ni devolver las pensiones a los trabajadores. Aunque no es precisa en sus sugerencias, todo indica que quiere aún más coacción política y legislativa en la vida social.

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Algunos han descalificado el llamado movimiento 15-M alegando que no atrae a personas formadas ni plantea propuestas concretas. Es falso. Hay gente preparada en el 15-M, y al movimiento le pueden faltar cosas, pero no propuestas.

Un ejemplo es la señora Bibiana Medialdea, que es doctora en Economía y profesora de Economía Aplicada. Es miembro también de la Comisión de Economía de la Acampada de Sol, y sus propuestas tienen interés. Las expuso hace poco en Público (pueden consultarse las "propuestas consensuadas" en la red).

Aventura un diagnóstico de partida: "La irrupción del movimiento 15-M revela cambios profundos en los cauces de expresión del conflicto social". Es algo apresurado, aunque no infrecuente, pasar de la visibilidad de un grupo reducido al establecimiento de categorías que abarcan al conjunto de la sociedad. Si además se habla de "conflicto social", nada menos, debería articularse mejor esta noción, que evoca los dogmas marxistas sobre la lucha de clases.

Comparto con la doctora "la idea de que son los responsables de la crisis, y no la gente de a pie, los que han de asumir responsabilidades y pagar sus costes". Estupendo. Es decir, creo que aquí tienen que pagar los gobernantes, las autoridades que han generado la crisis, en particular los bancos centrales, entidades públicas fuera del mercado y del liberalismo que orquestaron la burbuja crediticia. También deben pagar los bancos, para lo cual hay que dejarlos quebrar, no darles dinero público, y acabar con sus privilegios.

Pero la doctora Medialdea no quiere esto. Quiere otra cosa, que asegura que representa "cambios profundos".

No quiere liberalizar el mercado laboral ni devolver las pensiones a los trabajadores. Aunque no es precisa en sus sugerencias, todo indica que quiere aún más coacción política y legislativa en la vida social. Por ejemplo, quiere "un parque de vivienda pública a partir del cual pueda generalizarse el alquiler social". Es decir, quiere menos libertad, porque la vivienda pública y los alquileres sociales los pagarán los contribuyentes.

En cuanto al empleo, propone el reparto del mismo a través de "la reducción generalizada de la jornada como de la vida laboral". No lo dice, pero no parece que esta decisión deba ser para ella dejada a la libre elección de las trabajadoras y los trabajadores. Por tanto, lo que desea es que se les imponga coercitivamente. Como esta imposición elevará el coste de la mano de obra, cabe pensar que el empleo caerá.

El coste de las empresas subirá también, porque la doctora recomienda más intervención y más prohibiciones sobre ellas (no podrán hacer EREs si tienen beneficios). En cuanto a la banca, propone la dación de la vivienda para cancelar la hipoteca, algo que elevará el coste de los créditos. Por seguir con los costes, en el caso de la banca la señora Medialdea tiene dos propuestas notables, una implícita y la otra explícita. La implícita es que la banca deberá seguir funcionando como hasta ahora, porque no dice nada de abolir los bancos centrales y los privilegios del sistema. Lo que dice es "poner en el centro de las soluciones la necesidad de una banca pública". Es decir, quiere cambiar la propiedad, no el funcionamiento, digamos, quiere una banca donde no manden los propietarios sino quien decida el poder político. Esta propuesta, lamentablemente, no viene acompañada de un razonamiento sobre en qué podría beneficiar al pueblo.

Y en cuanto a costes y beneficios, la doctora Bibiana Medialdea sabe lo que hay que hacer con los impuestos: "Y frente al principio neoliberal de la minimización de los ingresos fiscales, poner en evidencia la necesidad de que el Estado recaude recursos suficientes mediante un sistema impositivo basado en la progresividad, a la vez que se emprende una lucha decidida y eficaz contra el fraude y los paraísos fiscales".

Si el neoliberalismo es la "minimización de los ingresos fiscales", entonces podemos concluir, aliviados, lo que algunos ya pensábamos: lo que ha sucedido en las últimas décadas no ha tenido nada que ver con el liberalismo, puesto que los ingresos fiscales no han sido minimizados en ningún país del mundo.

Vamos ahora a los impuestos. Si quiere la profesora un sistema progresivo, es que considera que el actual no lo es, con lo que debe ansiar un sistema aún más gravoso para los contribuyentes. Como no hay ninguna forma de recaudar "recursos suficientes" para un gasto público creciente expropiando sólo a los ricos, ese gasto sólo podrá financiarse mediante una usurpación aún mayor de los bienes de los ciudadanos normales y corrientes. En cuanto a la famosa "lucha contra el fraude", ha preferido ignorar el hecho de que millones de modestos trabajadores defraudan a Hacienda. ¿También quiere ir contra ellos? ¿O solo si el defraudador es millonario?

Por último, la interesante idea de celebrar consultas para dirigir la vida política: "Con esto se generaría una nueva forma de (auto) gobierno: las decisiones fundamentales para las vidas de las personas en sociedad no deben tomarse sin consulta colectiva". Sólo dos apuntes finales para mi estimada colega: desde hace más de dos siglos la teoría económica ha planteado las dificultades que tiene una sociedad compleja, y que no se precipite en una dictadura, para organizarse colectivamente votando (desde Condorcet hasta Arrow, para entendernos); la doctora podría aclarar cómo piensa resolverlos.

En cuanto a que las "decisiones fundamentales" de los individuos deberían someterse a consulta colectiva, caben tres alternativas. Una es evocar a Benjamín Constant y su distinción entre la libertad de antiguos y modernos. La otra es repasar las ideas de la doctora y asombrarse de que realmente piense que son renovadoras. Y la tercera es recordar qué ha sucedido en los regímenes que se establecieron sobre la base de que la sociedad es superior a los ciudadanos concretos.

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