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El mercado empieza a descontar el contagio de España e Italia

Los inversores dan por hecha la caída de Atenas y empiezan a centrar su atención en las siguientes fichas del dominó: Madrid y Roma.

Grecia ha caído. Tras el fracaso del primer plan de rescate, los inversores dan por hecha la reestructuración de la deuda pública helena, a la espera de cuándo y cómo se llevará a cabo, y si ésta se producirá de forma ordenada o desordenada.

Grecia afronta en estos momentos un debate parlamentario crucial para aprobar el plan de ajuste que exige Bruselas y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y así obtener el quinto tramo de ayuda (12.000 millones de euros) para evitar la quiebra en las próximas semanas. Y ello, en medio de una nueva huelga general.

Las tensiones de los últimos días se deben, precisamente, a las dudas acerca de este debate. No en vano, las autoridades europeas han venido insistiendo en que sin ajuste no habrá rescate, con el consiguiente riesgo de que Grecia abandone el euro. El pasado viernes el Gobierno del socialista Yorgos Papandréu apenas contaba con un margen de tres o cuatro votos para sacar adelante el plan. El lunes la tensión se recrudeció una vez más en el mercado de deuda tras las últimas deserciones protagonizadas por diputados del Pasok (partido en el Gobierno), reduciendo el margen de Papandréu a apenas un voto de diferencia.

De hecho, ante la posibilidad de que Grecia rechace el plan de ajuste los burócratas de la Eurozona se vieron obligados a filtrar un Plan B con el objetivo de evitar la inminente suspensión de pagos de Atenas. Un plan de contingencia para inyectar liquidez de forma urgente e impedir así lo que hasta ahora era impensable.

Sin embargo, este martes se respira algo más de calma tras conocerse que algunos diputados del partido conservador en la oposición están dispuestos a apoyar el nuevo paquete de austeridad. El margen sigue siendo reducido, pero por el momento con estas adhesiones Papandréu lograría los votos precisos para cumplir las condiciones impuestas.

Nuevas presiones

Aún así, la UE sigue presionando a los diputados griegos, por si acaso. El comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, ha avisado este martes de que la "única forma" de evitar una "quiebra inmediata" de Grecia es que el Parlamento heleno apruebe el plan de ajuste. "No hay plan B [...] La única manera de evitar una quiebra inmediata es que el parlamento respalde el programa económico revisado", resaltó Rehn en un comunicado. En esta misma línea, el miembro del Banco Central Europeo (BCE) Juergen Stark insistía en que se trata de la "última oportunidad" para Grecia. "Sólo hay un Plan A, sin ajuste dudo que la comunidad internacional preste más ayuda a partir de julio".

La cuestión clave es que mientras este particular debate continúa en los pasillos de Bruselas el mercado ya sentenció a Grecia hace tiempo, y ahora llega la condena. Atenas suspenderá pagos, ya sea dentro o fuera del euro, de forma ordenada o desordenada. Habrá default, el primero de un país miembro.

Y es que, aunque el plan de ajuste sea aprobado, Grecia deberá afrontar la reestructuración de su deuda, una especie de quiebra "suave" dentro de la moneda única, ya que los acreedores privados participarán de una u otra forma en el segundo rescate de Grecia. La UE sigue negociando con los bancos cómo llevar a cabo tal participación "voluntaria" para que las agencias crediticias y los inversores no la interpreten como un default.

Francia propone refinanciar a 30 años el 50% de los bonos helenos que venzan antes de 2014. Asimismo, los arquitectos estadounidenses del Plan Brady, la reestructuración de los países latinoamericanos de finales de los 80, se han desplazado a Atenas para diseñar la citada quiebra suave, tal y como avanzó Libre Mercado. Y el diagnóstico es claro: "Lo que necesita Grecia es menos deuda, quitas sobre los bonos existentes".

El mercado lo está interpretando de forma similar. La prima de riesgo de los bonos helenos sigue disparada y parece no tener techo. La rentabilidad de la deuda a dos años roza el 30%, y la de 10 años casi el 17%. Asimismo, el mercado de credit default swaps, un seguro contra el impago, refleja que Grecia cuenta ya con una probabilidad de quiebra superior al 80%, mientras que la Irlanda y Portugal supera el 50%.

España e Italia, el gran temor

Y ante tal situación los inversores empiezan a descontar ya un recrudecimiento de la crisis de deuda pública en las dos grandes fichas de dominó de la zona euro, España e Italia, tras los rescates de Irlanda y Portugal. La prima de riesgo de ambos países, que mide el diferencial existente entre la deuda pública a 10 años y el bono germano al mismo plazo, marcan una tendencia ascendente, apuntando a niveles máximos en la era euro.

El gran temor del mercado, y también de la elite política europea, es precisamente ése, que la quiebra de Grecia agrave la delicada situación financiera de España e Italia. Es decir, el temido efecto contagio. De hecho, fuentes de la eurozona afirmaban ayer que ese supuesto Plan B se estaba diseñando con la intención de frenar el impacto que tendría la quiebra de Grecia sobre otros socios periféricos, en referencia a ambos países (Irlanda y Portugal ya están bajo el paraguas del rescate).

El ajuste de Italia

Más allá de España, Italia empieza a afrontar horas inciertas antes de la prevista aprobación el próximo jueves en Consejo de Ministros de un nuevo plan de ajuste, esta vez en torno a los 43.000 millones de euros, y que ha generado nuevas divisiones en el seno del Gobierno que preside Silvio Berlusconi.

De un lado, el ministro de Economía, Giulio Tremonti, intenta convencer a sus compañeros de Ejecutivo de la necesidad de este plan para evitar un posible contagio de la crisis griega, y, de otro, Umberto Bossi, socio de Gobierno de Berlusconi y líder del partido Liga Norte (LN), que muestra su desacuerdo en algunos puntos. Los principales puntos de disenso entre el ministro de Economía y la Liga Norte se basan en dos puntos: nuevos recortes para los Ayuntamientos y la hipótesis de que se eleve la edad de jubilación.

El borrador planteado por Tremonti sucede al aprobado hace un año por un valor de unos 25.100 millones de euros, y pretende lograr el equilibrio presupuestario en 2014. Entre otras medidas, contempla limitaciones en el uso de coches y aviones oficiales, un posible aumento de tres meses cada tres años a partir de 2013 de la edad de jubilación (cifrada ahora en 65 para ellos y 60 para ellas en el caso de las de vejez) y la congelación de los salarios de los funcionarios para 2013-2014.

Junto a ese plan de ajuste está previsto que se apruebe un proyecto de ley de reforma fiscal, que reduciría a tres las clasificaciones impositivas en el IRPEF sobre las rentas de los italianos y suprimiría el Impuesto Regional sobre las Actividades Productivas (IRAP) en 2014, informa Efe.

La prima riesgo de la deuda italiana alcanza récords y tanto la agencia de medición de riesgo Standard & Poor's (S&P) como Moody's han advertido de una posible rebaja en la calificación crediticia de Italia dado su elevado endeudamiento público y la debilidad de su crecimiento económico.

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