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Pablo Molina

El contubernio de la prima

Como en los tiempos del Caudillo, los problemas actuales de nuestra deuda soberana obedecen según el Gobierno a una conspiración extranjera seguramente urdida por la judería internacional.

Pablo Molina
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La subida de la prima de riesgo por encima de cualquier nivel conocido está siendo interpretada por el socialismo, una vez más, como un ataque contra España. Deberían nuestros sociatas alegrarse puesto que no creen en esa entelequia llamada "nación española", pero cuando sus expectativas electorales andan en juego, a los socialistas les sale una vena patriota que desmiente su desapego tradicional a ese concepto discutido y discutible. Al lado de Rubalcaba y Salgado en estos momentos, los Reyes Católicos unos hippies.

Como en los tiempos del Caudillo, los problemas actuales de nuestra deuda soberana obedecen según el Gobierno a una conspiración extranjera seguramente urdida por la judería internacional, porque los socialistas son incapaces de entender que su pavorosa gestión de la crisis pueda recibir el justo castigo que merece por parte de los que tienen que seguir pagándonos la fiesta. Es más, todos andan convencidos de que el manejo de la recesión por parte de Zapatero ha sido más que brillante y si tenemos cinco millones de parados y una economía con graves dificultades, desde luego no es por la incompetencia proteica del presidente, la burricie insondable de sus ministros o el sectarismo patológico del partido al que todos ellos pertenecen, sino por la avaricia de los mercados, ingrediente principal de la papilla ideológica que distribuyen a diario los medios afectos al socialismo entre sus televidentes, oyentes y, digamos, lectores.

Hasta Jordi Sevilla, que pasa por ser la parte más solvente del socialindignadismo español, lamenta en las redes sociales el escaso patriotismo de los críticos a la gestión de ZP, como si señalar el desastre provocado por un ejecutivo del que forman parte personajes como Leire Pajín fuera un delito de lesa patria.

Así pues, Zapatero va a pasar un verano agónico pero, en contra del discurso de la izquierda, no por culpa de un boicot internacional orquestado para oscurecer los logros de su mandato, sino por la cultura maniobrera y cortoplacista de un gobernante más preocupado de no agravar la ruina electoral que espera a su partido que de hacer las reformas necesarias, por duras que sean, para poder dar los primeros pasos en la senda de la recuperación económica.

Si el PSOE pone por delante sus exigencias electorales al interés del país no pude acusar de antipatriotas a los que señalamos la permanente huida delante de un gobierno y su candidato prometiendo más despilfarro público, más subvenciones, mayor coacción institucional, subidas de impuestos y el resto de disparates incluidos en eso que los medios progres denominan con júbilo "el giro a la izquierda". Un giro que acabará llevándonos exactamente a donde estamos ahora mismo sin avanzar ni un solo metro en la dirección correcta habiendo perdido un tiempo precioso en tan absurdo recorrido. La geometría, que también es muy antipatriota.

Colaborador de Libertad Digital.

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