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Liquidación total

Corresponde al socialismo elegir entre perder probablemente ahora o cosechar una debacle cataclísmica tras una posible quiebra.

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La xenofobia y antieuropeísmo del Gobierno, atenazado por su resistencia radical a medidas de reforma, no deberían ocultar el problema de las economías deficitarias del euro. Como decíamos la semana pasada este es la ausencia de "un plan global de revitalización económica" que imposibilita "la capacidad de España para pedir prestado".

Lo que predijimos es exactamente lo que se ha escenificado en esta semana negra del dirigismo económico socialista y puede abocarnos a años de miseria. Si esto sólo implicara un castigo electoral sancionaría poco a políticos francamente inescrupulosos causantes de atroces males fruto de su incompetencia y sentido patrimonial del Estado.

Sosteníamos también que si aún mandaba el presidente del Gobierno era el momento de convocar. Quien ha recogido el guante ha sido el presidente del Consejo Europeo, seguramente cumpliendo órdenes de personalidades más relevantes, al sostener anteayer ante el inquilino de La Moncloa que corresponde a los líderes europeos superar sus respectivas agendas nacionales, en inequívoca referencia a la insuficiencia de la afirmación oficialista de que habrá elecciones en noviembre. Europa vino a decir: no basta.

El temor de la cúpula socialista que trata a España como instrumento para el único fin de detentar el poder es que, efectivamente, la insostenibilidad de la economía con la rentabilidad de los bonos en cifras anteriores a la entrada en el euro, obligue a convocar y, presumiblemente perder, las elecciones. La seriedad de la crisis y los fundamentos de la recuperación están ausentes del discurso. Es más, los socialistas parecen preparar un alarde de demagogia y radicalismo anti-capitalista contra cualquiera que pretenda solucionar una situación dramática generada por ellos.

Así cabe interpretar las andanadas contra agencias de calificación, bancos y países que, respetando la ortodoxia económica y financiera son, todavía, el respaldo para que nuestro bono no sea mera basura. Las invectivas contra Alemania, Austria, Finlandia, Holanda, y hasta Francia, son completamente irresponsables, gravemente mendaces y reflejan el aldeanismo de quienes antaño presumían de ser los primeros en Europa, y que nos han convertido hoy en los primeros, de entre los no rescatados, en diferencial con el bono alemán.

No son previsibles reuniones sorpresa, ni el rescate del BCE –más allá de los amagos de estos días– sino más bien que el apoyo a Grecia implique pérdidas para los bancos tenedores de su deuda. Como consecuencia, dejarán de comprar bonos de otros países incumplidores, como España. Así, esto sólo puede desembocar en la incapacidad de España para hacer frente a sus obligaciones o en una convocatoria urgente de elecciones. Corresponde al socialismo elegir entre perder probablemente ahora o cosechar una debacle cataclísmica tras una posible quiebra. Su comportamiento podría hacer desear a las personas de bien el mayor castigo que imaginarse pueda que sin duda merece, pero lo más prudente sería por supuesto o un giro decidido hacia políticas liberales que nos salven o, más verosímilmente, dejar paso a quien pueda hacerlo mejor que, visto lo visto, es cualquiera.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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