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Silencio, se quiebra

Así que el punto intermedio entre las posiciones es una quiebra efectiva aún más disfrazada. Esto no resuelve plenamente el contratiempo del incremento de los diferenciales y abre la discusión de si es mejor estar quebrado dentro del euro o no.

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Alemania ha constatado algo. Primero: Si en lugar de rescatar originalmente Grecia con dinero público los privados hubieran asumido pérdidas, como verosímilmente se decidirá hoy jueves, se habrían incentivado más las reformas impidiendo quizá otras intervenciones. Segundo: el incremento de intereses de la deuda para los países incumplidores les dificulta recurrir al endeudamiento y empuja a hacer cambios, de modo que si hay liquidez es el mejor mecanismo para la convergencia de las economías del euro.

Por qué insistir entonces en una unión fiscal inexistente en los tratados y rechazada electoralmente. Porque el consenso socialdemócrata, responsable de la situación, presiona con su infinito poder mediático.

El marco del problema es la fiebre seudo-keynesiana, en realidad obsesión por lanzar gasto público a los problemas facilitando la reelección de los políticos, en lugar de aplicar medidas reales a una crisis originalmente limitada a unos cuantos grandes bancos, tan demasiado grandes para quebrar como hoy algunos estados. Bajo argumentos sin fondo tales como "hay que hacer algo ahora" –similar al presentado hoy a Merkel– y "no hay ateos en las trincheras ni ideólogos en las crisis financieras" se decidió transferir deuda privada a sectores públicos. Los fuertes aguantaron el tirón –más o menos, porque USA está enzarzado en dificultades para la refinanciación de su deuda– y los débiles no.
 
Pero hoy, porque los alemanes se han empeñado en contentar a quien no se va a contentar, se hará magia: quebrará Grecia sin decirlo. En la "Propuesta para una iniciativa a largo plazo" se recogen las negociaciones, de Berlín y París, con sus acreedores. En base a su asunción de pérdidas se vislumbra un acuerdo sobre un llamado rescate de más de 100.000 millones para 2011-2014. Se trata en realidad de compartir quitas y esperas entre públicos y privados bautizándolas con el ingenioso nombre de impago selectivo, o sea, una quiebra parcial ¿Es un "evento crediticio", término usado en los contratos de seguro de bonos para obligar a su pago? Lo parece. Esto es inaceptable para varios países y el BCE, que tiene bonos griegos y que los admite como garantía. Ahora se sugiere que los recompre el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera quedando liberado el BCE de adquirirlos cuando venía haciéndolo ilegalmente.
 
Así que el punto intermedio entre las posiciones es una quiebra efectiva aún más disfrazada. Esto no resuelve plenamente el contratiempo del incremento de los diferenciales y abre la discusión de si es mejor estar quebrado dentro del euro o no.

Ahora bien, incluso este acuerdo aguado con respecto a la posición inicial germánica, siempre que mantenga las quitas privadas, enviaría el mensaje correcto. Evitaría lo que los anglosajones llaman el daño moral –en español, mal ejemplo– consistente en tolerar mediante un rescate perpetuo la parsimonia en las reformas y la renuncia a los sacrificios que exige el crecimiento económico. ¿Por qué enviaría otro mensaje Europa? Porque, todavía, está atenazada por la presión del consenso social-demócrata.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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