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EDITORIAL

Rubalcaba, otro Zapatero

Quien esperara algo de frescura en un político que lleva tantos años en esto, sus palabras han podido causar una decepción. Porque si algo ha demostrado este jueves Rubalcaba es que no se diferencia en nada de Zapatero.

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El viejo nuevo candidato del PSOE ha comenzado a concretar parte de sus propuestas económicas; no las que piensa acometer en el supuesto de que gane las elecciones, sino las que deberían adoptar Zapatero y Trichet ya mismo. Para quien esperara algo de frescura en un político que lleva tantos años en esto, sus palabras han podido causar una decepción. Porque si algo ha demostrado este jueves Rubalcaba es que no se diferencia en nada de Zapatero.

Su petición al presidente ha sido, de hecho, deliberadamente continuista. Ha solicitado el mantenimiento de los 400 euros que instauró Zapatero para que el Estado sostuviera a los parados de larga duración durante la crisis. Reconociendo la incapacidad de las políticas socialdemócratas para crear empleo, el PSOE al menos decidió otorgar una dádiva a quienes lo necesitaran, subsidio que expirará en breve. Pero esta medida no soluciona nada; sólo sirve para paliar levemente el impacto de la crisis a costa del déficit. Si Zapatero la retira será obligado por la angustiosa situación de las cuentas públicas, pero con estas declaraciones su exvicepresidente podrá desmarcarse de él. Si la mantiene, Rubalcaba se pondrá la medalla. Continuista, sin duda, pero al menos en esta ocasión ha mostrado una astucia de la que había carecido hasta ahora en su papel de candidato.

En cuanto a su otra petición, esta vez a Trichet, demuestra que la ruinosa querencia keynesiana sigue firmemente anclada en los cerebros y programas de los socialistas. Cuando ni empresas ni particulares piden créditos no porque los tipos estén altos sino porque tienen demasiada deuda acumulada por devolver, cuando los bancos se cuidan mucho de conceder préstamos arriesgados visto lo sucedido durante la burbuja, Rubalcaba se empeña en que para salir de la crisis hay que bajar los tipos de interés.

Pero lo peor no sería que no funcionara, sino que lo hiciera. En tal caso estaríamos de nuevo alimentando una burbuja con crédito barato, que nos acabaría estallando y arruinando aún más. Quizá esta vez no sería la vivienda, ni las empresas de internet como sucediera hace una década. Posiblemente el dinero acudiera en exceso a la producción de materias primas o a algún otro sector. Pero se volvería a iniciar el ciclo que nos ha llevado hasta aquí: crédito barato no basado en ahorro, exceso de proyectos empresariales que no serían rentables a unos tipos más realistas y explosión de la burbuja cuando ese crecimiento artificial termina siendo

Las medidas que tendrá que tomar España para salir de la crisis son muy duras e impopulares. A nadie le gusta que le quiten el caramelo de la boca, por más que el objetivo sea no tener caries. Ahora ya sabemos que Rubalcaba no está por la labor, pese a lo cual se ha permitido burlarse del PP pidiéndole ideas desde la playa donde estén de vacaciones. Al menos, de los populares aún podemos albergar cierta esperanza de que tomarán las decisiones que hacen falta a España. Con el PSOE, en cambio, tenemos la certeza de que todo seguirá igual o peor. Para presentar estas ideas, mejor que se vaya de vacaciones.


 

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