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Enfermedades contagiosas

En nuestro país, que está entre los enfermos, las cosas tienen mal aspecto. El enfermo, aquí, opina que la medicina se la tome el médico.

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Que las enfermedades se contagian con mayor rapidez que la salud parece un principio evidente, de ahí que se suela aislar a los afectados. Seguramente no debería ser así, porque el enfermo merece nuestra mejor acogida, pero no es menos cierto que lo mejor que le podemos ofrecer es ayudarle a curarse, es decir aplicarle tratamientos adecuados en los lugares adecuados. Actuar como si nada pasara, para que nadie se dé cuenta de sus dolencias, es la forma de anticipar su sepelio.

Los países con problemas financieros, y no sólo financieros, de la Unión Monetaria Europea están enfermos; una enfermedad que no se soluciona con las viejas cataplasmas sino con cuidados intensivos en los lugares adecuados. Pretender que convivan con la población sana, es asumir el riesgo de contagio de ésta. Ya lo hemos dicho en otras ocasiones. Cuando un país no puede o no quiere asumir la disciplina que impone la moneda única, la solución no son créditos y más créditos, sino aceptar el tratamiento que puede reducir el mal, que no es otro que su incapacidad para generar renta en un mundo global para conseguir la estabilidad presupuestaria y reducir a límites soportables su endeudamiento.

Si eso significa abandonar temporalmente la zona euro, concebida para países sanos, es tan doloroso como cuando el enfermo debe separarse de familia y amigos para ingresar en la UCI, pero siempre será lo más aconsejable. En lo económico, la enfermedad se cura viviendo la economía real y no la ficción de la opulencia. Los Gobiernos construidos sobre la incapacidad, la arrogancia y el engaño no entienden esta terapia.

Desconocer la realidad y vivir en la ficción, es una forma de alargar la dolencia y el peligro de contagio de quienes les rodean con ánimo de ayudarles. Las agencias de rating han empezado a dudar de los sanos de la Unión Europea. El juicio, referido a Francia, que ha hecho interrumpir sus vacaciones a Sarkozy, no se basa tanto en la solidez de su economía como en la duda sobre las consecuencias de los enormes fondos que puedan requerirse para la curación de los enfermos. Es decir, valoran la posibilidad de contagio.

En nuestro país, que está entre los enfermos, las cosas tienen mal aspecto. El enfermo, aquí, opina que la medicina se la tome el médico. Ahí tienen ustedes a la señora Salgado advirtiendo con apremio al Banco Central Europeo para que haga sus deberes con rapidez. Una respuesta que no se ha hecho esperar, con una nueva presión de la autoridad monetaria europea para que los países indolentes –España entre ellos– se apresuren a tomar medidas para controlar déficit y deuda, pues ninguna señal hay de ello.

No ha interrumpido sus vacaciones ZP como su colega francés, pero en su defecto, el ministro Blanco ha lanzado un mensaje glorioso: la prima de riesgo ha subido porque los mercados no se fían de Rajoy. Y se ha quedado tan ancho.

Así, comprenderán que el enfermo no tiene curación. ¿Preparamos ya el entierro?

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